El último árbol en el borde: la lucha ambiental por el Árbol del ahorcado en Ciudad Bolívar
Un árbol centenario, en Cerro Seco, Ciudad Bolívar, sufrió un incendio el 11 de febrero de 2026. La historia de El árbol de la vida, o El árbol del ahorcado, revela una disputa barrial contra una trama de corrupción por un terreno de 80.000 millones de pesos. Fotoreportaje.
A metros de donde termina Bogotá, en el sur, un eucalipto solitario se alza en la colina, en medio de casas hechas a mano propia, y justo al lado de una cantera. El árbol está en un terreno en disputa, entre intereses de desarrollo urbano que chocan con el Plan de Ordenamiento Territorial. Pero desde hace poco, gracias a la lucha de las lideresas y los líderes ambientales de la zona, el Distrito está intentando comprar el predio, en medio de amenazas, para hacer de él un parque de borde que beneficie a la comunidad, compuesta en gran parte por campesinos desplazados del conflicto o que buscan mejores oportunidades en la capital.
Durante dos días acompañamos a la comunidad en su lucha por defender el árbol para entender por qué simboliza no solo un dilema territorial, sino una disputa por la memoria y el futuro del barrio.
Acá el fotoreportaje:
Un árbol en llamas en un terreno en conflicto
El árbol (Eucaliptus globulus) mide 19 metros, y su tronco tiene un diámetro de 70 centímetros. Se cree que fue plantado durante la década de 1930, hace casi 100 años, en la misma década en la que se fundó el barrio. Justo al otro lado del árbol están las canteras.El árbol centenario está en el megalote «Las Azoteas», que está avaluado en unos $80.000 millones de pesos. El lote tiene más de 300 hectáreas y le pertenece a Eduardo Romano y a su empresa.
Entre el 2015 y el 2016, la movilización en el barrio Potosí logró el sellamiento de la cantera luego de que una volqueta arrollara a Yineth Herrera, habitante del sector. Además denunciaron intentos de derribar el árbol mediante el corte de sus raíces con maquinaria pesada. Actualmente, el Decreto 555 de 2021 blinda legalmente el territorio al clasificarlo como un área protegida.
El árbol fue quemado en su base hasta atravesarlo. Entre las cenizas se puede ver el barrio. “Es un ataque simbólico contra nuestra lucha y está coordinado con muchas amenazas contra la vida de nosotros”, Michael Ramírez, parte del pueblo muisca, del Colectivo Mayaelo y de la Red de amigos y amigas de Cerro Seco.
070 recomienda
La preservación amorosa de la tradición: tres mujeres afrocaribeñas que avivan el Carnaval de Barranquilla
Mientras la empresa Malkenu SAS –dueña del lote– reclama derechos para desarrollar un proyecto de 75.000 viviendas, los predios enfrentan procesos de extinción de dominio por presuntos vínculos con redes de “terreros” y figuras del narcotráfico. La posesión del lote fue suspendida en 2025, esto dificulta que cualquier particular realice intervenciones físicas o comerciales en el terreno. A la vez, el Grupo Malkenu demandó a la Alcaldía de Bogotá por más de 2 billones de pesos porque un fallo procedimental y el cambio en el Plan de Ordenamiento Territorial presuntamente redujeron el valor comercial del predio y bloquearon el proyecto de inversión.
Para sumarle complejidad al asunto, en 2023 el área fue nombrada Bien de Interés Cultural. El árbol se reconoce como un hito de memoria colectiva y como el centro de prácticas culturales y religiosas fundamentales, como el Viacrucis de Semana Santa que se celebra allí desde 1985, y puede convocar hasta 30.000 asistentes.
El pasado miércoles 11 de febrero de 2026 la base del árbol fue incendiada, sin llamar la atención de las personas que cuidan el lote y que dicen trabajar para Malkenu SAS. Solo fue hasta que la comunidad denunciara, ya en la mañana del 12, que el incendio fue apagado. Sin embargo, según la comunidad, a las 4 p.m. vieron otro fuego más intenso bajo el árbol.
En el árbol hay incrustados fragmentos de salmos. Desde Cerro Seco se ve Monserrate, otro gran centro católico de la ciudad.“El árbol está desde antes de que yo llegara”, cuenta un vecino que se dice ser uno de los fundadores del barrio.“Desde niño veía el árbol desde mi ventana. Siempre ha sido un lugar que me permite ubicarme en mi territorio. Venía siempre al viacrucis, incluso pensaba que acá se filmaban las películas de Semana Santa” dice Michael Ramírez, líder ambiental del barrio.
“Lo que nos une a todos es el árbol”
La comunidad se reunió en torno al árbol pocos días después del incendio. “Mi papá siempre me ha dicho que el árbol es un sabio, que cura a la gente”, dice Tatiana Bojacá, presidenta de la junta de acción comunal del barrio.“En otros viacrucis la gente le entrega cruces de madera, con sus peticiones, a la gran cruz de la loma, acá la gente se las entrega al árbol”, dice Andrey Téllez, líder ambiental.“El árbol es un sabedor que nos ha guiado desde lo religioso, desde lo organizativo, desde la memoria. El árbol reúne muchos sincretismos. En la procesión está la chicha y la matraca, convoca romerías muy distintas, de muchos lugares de Colombia”, dice Michael Ramírez.“La primera vez que vine tenía 4 años, mi papá vendía chicha durante el viacrucis. Cuando yo era niña, también incendiaron el árbol y le cortaron unas raíces, les hicieron huecos en la tierra. Con unos abuelos le subíamos carretillas de tierra abonada cada tercer día al árbol”, dice Tatiana Bojacá.“No conocí a mis abuelos, y siempre he sido cercano a la naturaleza. Para mí ese árbol es mi abuelo”, dice Andrey Téllez, profesor del Instituto Cerros del Sur (ICES), colegio fundado en 1984. Tellez hizo parte de No le saque la piedra a la montaña, un movimiento social y ambiental contra la explotación minera de canteras de Cerro Seco.“Para nosotros el árbol representa resistencia. No es de este ecosistema, pero a pesar de los ataques a sus raíces y del fuego, acá sigue”, dice Diego Julián Sánchez, comisionado Ambiental de la localidad de Ciudad Bolívar, creador de la escuela ambiental de Potosí.“Al ver el árbol arder sentimos que era una declaración de guerra. Todos los señalamientos que nos han dado han sido terribles para nuestra salud mental. Pero acá Potosí es una cuna de procesos comunitarios, acá hay gente muy verraca”, dice Sánchez.“El árbol permite entender la diversidad de este territorio, de las luchas por viviendas dignas, hasta la lucha por las vidas de este ecosistema”, Michael Ramírez.Frente al árbol hay una estatua de San Miguel enjaulada. “El árbol de la vida o el árbol de la Paz, como le llaman aquí, culturalmente es un emblema. Nos dignifica”, dice Guillermo Moreno, presidente de la junta de acción comunal del superlote 10. Camina junto a los ‘perros bravos’ que protegen la entrada, pero que solo ladran y no muerden.“El movimiento comunitario de este barrio nace alrededor de la educación popular que se gesta en el ICES, el colegio donde enseñaba el profe Evaristo Bernate Castellanos” dice Tatiana Bojacá. Evaristo Bernate Castellanos fue un líder barrial asesinado el 11 de mayo de 1991.
“Por el árbol, la vida”
El objetivo del Distrito, con el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, es hacer un Parque Metropolitano o de borde en Cerro Seco. El proceso está en una etapa de articulación institucional crítica; el proyecto involucra a la Alcaldía Mayor de Bogotá, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), el Jardín Botánico, el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), las Secretarías de Ambiente y Cultura, la Alcaldía Local de Ciudad Bolívar y a los colectivos locales. La creación del parque enfrenta un gran obstáculo: de las 199 hectáreas que lo componen, solo 0,41 son de propiedad pública, mientras que el resto permanece en manos privadas o en disputas legales.
En el colegio ICES se organizó una mesa de trabajo en la que la comunidad quería hablar con las entidades involucradas sobre el reciente incendio. No todas fueron, y la reunión se enfocó en solicitudes de la comunidad al Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), quienes expresaron su voluntad de ayudar, pero se veían maniatados porque el lote todavía no es del Distrito. Diana Trujillo, una de las representantes del IDRD responde que no pueden cumplir las solicitudes hasta que el parque no sea comprado a los dueños privados. “Nosotros no tenemos facultades policivas. Nuestra competencia no da para poder poner una talanquera. Nuestros guardas en ese momento también están amenazados de muerte y también el administrador del parque”.Durante la reunión, vecinos denunciaron la entrada de una volqueta al predio, que desechó escombros junto a la casa, cerca al árbol.La comunidad llamó a la policía. “Ésta es la escritura. El dueño paga impuestos al Estado”, dice el señor que cuida el lote. “Legalmente es un parque, la escritura está en disputa en un juzgado”, le responde Angie Santiago, lideresa ambiental.“Vamos a judicializar la volqueta por desechar escombros en una zona protegida”, dice el policía carabinero a Tatiana Bojacá junto a los escombros, justo donde estaba la volqueta antes de salir.Al día siguiente, la comunidad organizó una comparsa que pretendía llegar al Árbol del Ahorcado. Se reunieron cerca de 100 personas.En ese momento, quienes se presentaron como seguridad de Malkenu SAS llamaron a la policía argumentando que esta es propiedad privada. Dijeron que la comunidad no podía ingresar a menos de que tuviera un permiso. “Nos piden permiso para entrar, ¿pero tienen el permiso de la volqueta que entró ayer a tirar residuos, o de quienes entraron a quemar el árbol?”, les pregunta Bojacá. El hombre que se presentó como seguridad del predio a la policía solo responde: “sin palabras”.La comunidad se reunió en una gran comparsa. La policía y quienes se presentaron como vigilantes los dejaron pasar. “El árbol no puede colocar carteles ni salir a marchar. Nosotros sí tenemos que hacerlo”, dice Andrey Tellez.La comunidad se reunió en torno al árbol, en donde le cantaron y lo conmemoraron. “Por el árbol, la vida. Él árbol ha sufrido muchísimo. Ha sufrido minería, está sufriendo la expansión urbana. El pasado 11 de febrero, cuando lo quemaron, la seguridad de esta montaña no lo protegió. Fue la comunidad la que colocó las denuncias”, dice Tatiana Bojacá. Quienes miran desde el horizonte son la pareja que cuida el lote.Justo ocho días después del incendio al árbol, la comunidad reportó más incendios en el predio. “Nosotros decimos que el árbol es un abuelo que no habla, que no se mueve, pero ha resistido dos incendios, que le corten las raíces, todo. Ha resistido, por eso luchamos por él”, dice Tatiana Bojacá. En la foto aparece Nervedy, niño de la zona, que toca el árbol con un collar en la mano y mira su dosel. Justo antes de irnos, nos pidió la cámara.Nervedy tomó esta foto.