Diez mandamientos para un periodista que cubre a Obama en Cuba

Charlotte de Beauvoir, periodista y profesora del Ceper, está en Cuba cubriendo la primera visita de un presidente estadounidense en 88 años. No fue fácil llegar, pero acá están sus consejos para poderle llegar con notas a su editor.

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Charlotte de Beauvoir

23.03.2016

1. Cuide su acreditación de prensa como cuida sus ojos

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Porque estas no se entregan tan fácilmente en Cuba. “La puede enmarcar y colgar en la pared cuando regrese a Colombia”, me dice un funcionario de La Habana. Porque costó 100 dólares (además de los 80 que costó la visa de periodista) y sobre todo porque sin ella usted no es nadie. No puede entrar a la sala de prensa del Hotel Habana Libre, donde hay que estar para tener una señal de wifi lo suficientemente rápida para mandar los reportes. Tampoco puede asistir a los eventos oficiales ni —teóricamente— entrevistar a alguien en la calle. Perder su acreditación es tan malo como perder su pasaporte.

2. Hágase amigo de los funcionarios del Centro Internacional de Prensa

Mis nuevos mejores amigos: Evelyn, Marta y Vladimir

Porque ellos son los que le dan esa famosa acreditación. Porque son buena gente y al tercer día de la visita siguen siendo amables a pesar de tener que lidiar con 1.400 periodistas extranjeros. Y sobre todo porque ellos manejan las listas. ¿Cómo así? Pues es que no hay cupo para todos en los diferentes eventos de la visita, uno tiene que inscribirse en una lista que sale cada mañana. Hay que estar temprano para anotarse y luego el Centro Internacional de Prensa decide quiénes van y quiénes no. El proceso de selección es un misterio. Dicen que buscan un equilibrio entre países y medios. Pero uno nunca sabe. No hace daño hacerse amigo de quienes toman esas decisiones.

3. No hay agenda

Pues sí hay, pero cambia cada minuto, o casi. Y de todas maneras, sin importar los amigos que haya hecho en el Centro Internacional de Prensa, no se la van a dar. Así que sólo hay especulaciones, chismes y dudas. “Que el martes Obama sacará la primera pelota en el juego de baseball”. “Que no, que mejor no para no hacer el oso”. “Que en la visita a La Habana Vieja pasará a las siete de la noche por la Catedral”. Eso fue cierto, pero llegó a las seis. ¿Se perdió la posibilidad de entrar por llegar tarde? El asunto es tener suerte confiando o no en el buen chisme.

4. Tenga paciencia con sus colegas periodistas

Periodista español se toma una selfi delante de 'La bestia negra', el carro de Obama

Porque son seres humanos. Porque tienen algo de niños y estar allí, viendo cómo se hace la historia, les quita parte de su profesionalismo y se están sacando selfis a cada rato. Porque tienen que aparecer en la lista y llegar a tiempo a todas partes, y eso hace que estén muy estresados. Como un colega vietnamita que por afanado, pisaba los zapatos de otros periodistas durante el chequeo técnico que hubo antes de salir para la rueda de prensa Obama/Castro (en el chequeo técnico, uno deja todas sus pertenencias y los equipos que va a llevar, para que los de seguridad los revisen). Porque entre los periodistas, como en el resto del mundo, hay gente que sólo ve una cara de la moneda. Como esa italiana que viaja conmigo en el bus que nos llevaba a la rueda de prensa: “yeah… Cuba… you know… mojito… old cars… I got it all”. Sólo clichés.

5. Verifique su información

Avión presidencial con y sin verificación.

Sí, la regla también aplica para la visita de Obama en Cuba. El domingo, en la sala de prensa, había decenas de periodistas mirando televisores, esperando la llegada del vuelo. Se prendió el televisor y vimos un avión aterrizando. EFE, el Guardian y todos los demás –incluso yo en mi cuenta Facebook– publicamos la noticia: Obama aterrizó en La Habana. Pero veinte minutos después, llegó el Air Force One. El primer vuelo era de la delegación. ¡Oops! Por lo menos esa vergüenza fue comunal. Pero el lunes, en la rueda de prensa, menos de cinco periodistas pudieron hacer preguntas. El primero de ellos, un estadounidense —de ascendencia cubana— que trabaja para CNN, le preguntó a Raúl Castro: “¿Por qué tiene prisioneros políticos cubanos y por qué no los suelta?”. Castro le contestó: “Dame la lista ahora mismo de los presos políticos para soltarlos. Menciónala ahora. […] y si hay presos políticos, antes de que llegue la noche van a estar sueltos”. El periodista sólo asintió con la cabeza. Si le va a hacer este tipo de preguntas a Raúl Castro, mejor verifique su información.

6. Vaya abrigado a la sala de prensa

Sala de prensa a 15 ºC a pesar de tener capacidad para más de 1.000 periodistas.

Bien abrigado. Porque dentro de la sala de prensa, a punta de aire acondicionado, hay una temperatura de 15º C. Mientras que afuera, son como mínimo, unos 30º C.

7. No confíe en el servicio meteorológico de Cuba

En Radio Rebelde anunciaban un día soleado mientras que el Air Force One se acercaba a la pista de aterrizaje. Pero cuando el avión abrió sus puertas, cayó un diluvio.

8. Si se mojó en el diluvio, no vuelva a la sala de prensa sin antes cambiarse de ropa

O si no, como a ese periodista alemán, le dará una gripa tenaz y su libreta solo le servirá para sonarse.

9. Llegue con las pilas llenas

Paladar “El Cocinero”
Paladar “El Cocinero”

Porque usted está en La Habana y aunque corre todo el tiempo detrás de Obama y llega exhausto al final del día, no se va a querer acostar. En la noche también va a querer aprovechar lo que la ciudad tiene para ofrecer. Un buen plan es el paladar —restaurante— ‘El Cocinero’ en la zona de El Vedado. Una antigua fábrica de aceites que ahora es una de las nuevas sorpresas gastronómicas de La Habana.

10. El mundo no para

Un periodista se queda atónito mirando una pantalla con la cobertura de CNN de los atentados en Bruselas.

Aunque sienta que está en el centro del mundo, las noticias se encargan de recordarle que no. El lunes, terroristas del grupo Estado Islámico pusieron bombas en Bruselas, la capital de Bélgica. Acá, en la sala de prensa, todo se detuvo por un momento y los periodistas se pegaron a las pantallas de CNN. El periodista alemán con gripa, que trabaja para un diario del sur de su país, había pasado los últimos dos días preparando un reportaje largo que iba a ser publicado el martes. En su redacción, le informaron que habían sacado su pieza: “Ya nadie está hablando de Castro en Europa”.

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