Art-metica y Artesanía

(…) en la que “moda” significa valor de frecuencia absoluta (hacer, hacer, hacer, vender, vender, vender)

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María Paula Ávila

23.12.2015

En Colombia, por poco nos meten el sombrero vueltiao chino. En el año 2013 a Cartagena llegaron cargamentos del objeto y la gente (tanto turistas extranjeros como cachacos) los prefirió gracias a su precio, asignado por una de las industrias asiáticas en la que “moda” significa valor de frecuencia absoluta (hacer, hacer, hacer, vender, vender, vender). Esta artesanía que no responde al lujo y no resulta de la masividad, no es el primer caso, en el que a pesar de no ser ni lo uno ni lo otro, ambas formas de producción han intentado apropiarse. Sin embargo, no perdamos de vista la definición de “moda” que alude a los números; lejos de referirse a estilos de vida, a celebridades y a pasarelas llenas de modelos de Europa del Este.

Pero no sólo los chinos desde su anonimato étnico han llegado a Colombia para re-comercializar artesanías. En marzo del 2014 se presentó una nueva polémica con otra artesanía emblemática: la Mochila Wayúu.  La diseñadora española Stella Rittwagen, cuya página web parece un mercado de pulgas chic, lanzaba una colección que incluía diseños de estas artesanías propias de La Guajira a 95 Euros. Al final Rittwagen fue absuelta; importaba las mochilas “hace años” desde Colombia y todas llevaban la etiqueta que las certificaban como bolsos Wayúu. Incluso algunos antropólogos salieron en defensa del libre albedrio de un tejido que las hermanas de alguna orden católica habrían enseñado a tejer en La Guajira y que no fue el producto del talento innato de un grupo de indígenas inmaculados, como a la gente le gusta imaginar.

Las amas de casa, pensionadas y trabajadoras que saben disfrutar de sus momentos de ocio, de la clase media y alta del interior del país, toman clases para hilar fino la mochila y hasta la Revista Croché, que es lo más bajo del mundo del diseño, enseña a hacer mochilas Wayuú. Entonces ¿cuál es el problema y cuál la diferencia?

Aproximadamente hace 30 años es que en distintas colecciones de diseñadores colombianos y del resto del mundo se encuentran presentes elementos de trajes típicos, en específico elementos indígenas. Dentro del traje típico caben, no sólo los vestidos, sino la ornamentación, es decir, accesorios como collares, pulseras, aretes, sombreros, mochilas y zapatos. En la década de los 90 y durante los primeros años del 2000, el estilo étnico marcó la tendencia en la moda. Diseñadores como Christian Lacroix, John Galliano y Kenzo se inspiraron en diseños asiáticos, africanos y nativo americanos, entre otros. Lo que sí es reciente son los problemas legales. El turno este año sería para los franceses.

Hace unas semanas la diseñadora de modas Isabel Marant, conocida por el estilo bohemio de su marca, fue acusada de plagiar elementos de los trajes de los indígenas de Santa María de Tlahuitoltepec en su colección Primavera-Verano 2015 Etoile. Se creía que Marant había patentado los tejidos oaxaqueños como propios, pero realmente fue la Boutique francesa Antik Batik la que reclamó la patente de estos diseños y demandó a Marant. Finalmente la diseñadora salió ilesa del conflicto legal, argumentando que se había inspirado en los diseños oaxaqueños. Mexicanos indígenas y no indígenas manifestaron su preocupación ante la posible patente de los diseños autóctonos y frente a la flexibilidad (o ausencia) de leyes que protejan el patrimonio artesanal en este país.

En Colombia la cosa es distinta: México podrá ser el país del famoso lema “que viva la raza”, pero nosotros somos el país de las leyes. Artesanías de Colombia, la gran acopiadora de lo que alguna vez fueron considerados mercachifles, indios zarrapastrosos, chucherías y baratijas, hoy respetados artesanos y artesanías, tiene entre su  portafolio de servicios un programa de Propiedad Intelectual. La idea del proyecto es resguardar procesos identitarios y lograr el  amparo de la Superintendencia de Industria y Comercio con el fin de  crear marcas colectivas o de denominación de origen que sirven hasta para proteger un queso (literalmente).

Partiendo del cuidado de la propiedad intelectual, Artesanías de Colombia ha creado proyectos como Moda Viva,  en el que se recopila una muestra de la exhibición del Museo de Trajes, además del trabajo de los maestros patronistas destacado este año  por la Revista  Fucsia y se incluye  un área comercial con catorce creadores jóvenes de moda contemporánea como Carolina Ronderos, Oropéndola, a New Cross y Daniel Osorio. Todo con las respectivas credenciales que certifican que ningún diseñador se está “inspirando” demasiado en el trabajo de algún artesano o comunidad artesanal.

"(…) Guccio Gucci y Louis Vuitton también fueron artesanos, podría agregar Oscar Wilde."

 

Ahora bien, la ventaja de vivir en el país de las leyes es que no por eso hay que cumplirlas ni saber qué quieren decir. Tampoco sabemos si los problemas legales recientes responden a un empoderamiento respecto a las normas por parte de las personas  o al descaro contemporáneo a la hora de copiar por parte de las mismas.

Uno de los puntos fuertes del proyecto Moda Viva es su justificación intelectual. La periodista Rocío Arias, curadora del proyecto, cita  “El Arte y El Artesano” de Oscar Wilde   como inspiración para el proyecto. Según Arias en esta obra el escritor inglés destronó a las bellas artes de su privilegiada posición, le devolvió al trabajo artesanal la dignidad artística, e invitó a los artistas (en este caso diseñadores de modas, según Arias) a no creerse superiores a los artesanos: “…recordad que separando el artista del artesano arruinaréis a ambos; a uno le robáis todo motivo espiritual y todo el deleite imaginativo, al otro le aisláis de la verdadera perfección técnica… Fue el alfarero griego el que enseñó al escultor esa influencia del diseño que fue la gloria del Partenón; fueron los decoradores de cofres y enseres italianos los que cuidaron que la pintura veneciana se mantuviera siempre fiel a su condición pictórica primaria de noble color” (Wilde, 1981). Guccio Gucci y Louis Vuitton también fueron artesanos, podría agregar Oscar Wilde.

No obstante, cabe preguntarnos ¿Qué ocurriría si un artesano copiara a un diseñador de modas? La respuesta es: absolutamente nada. Las únicas “comunidades” que amenazan a las casas de moda son los chinos y taiwaneses. Un par de alpargatas con un signo de Chanel como las que se venden en Punta Gallinas, en la Guajira, no hacen temblar a nadie. Entonces, la moda de las pasarelas no es más que la misma estadística, del dato que más repite: que se repite, que se acumula…  que produce plata.

Stella Rittwagen e Isabel Marant estaban en lo correcto: tienen los sellos, les compran a los artesanos de vez en cuando, los vuelven famosos, se inspiran…se enriquecen, porque la norma aún no está escrita en números. Es la remuneración económica la que diferencia al artista del artesano. La moda, como fenómeno occidental perdió el esplendor del lujo, en parte, por lo lejos que corrió para alejarse de lo artesanal. No obstante, recuperarlo no implica decir “volver a los orígenes” para robar algo que sigue vivo, hecho por gente viva que se defenderá.

 

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