Aprender a narrar un país nuevo es un desafío urgente

¿Qué tan conscientes somos los periodistas del poder de las palabras? Diversificación, desmovilización del lenguaje y comunicación de la paz.

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Omar Rincón

20.05.2016

Comunicar es narrar en perspectiva de futuro. Y los medios de comunicación, el gobierno, las Farc, la academia y el ciudadano narramos en forma de pasado y sus guerras, violencias, inequidades, barbaridades. También, para comunicar mejor, hay que partir de las percepciones de los ciudadanos. Y existen dos percepciones generalizadas: la guerra es un asunto entre las fuerzas militares y la guerrilla en la que “los colombianos de bien” somos espectadores del conflicto; en el proceso de paz el que pierde es “el colombiano de bien”. Estas dos percepciones se afirman en las narrativas mediáticas (que, aunque a favor de la paz, enuncian el mensaje del odio del uribismo y el procurador) y en las narrativas cotidianas de calle, familia y trabajo.

En este contexto, comunicar bien la paz significa partir de estas percepciones y transformarlas. La meta sería pasar de las narrativas del odio y pasado a las de la dignidad y futuro; el diluir el moralismo maniqueo de buenos y malos para producir la confianza en el otro y tejer colectivo; pasar de interpelar al ciudadano como espectador del conflicto para activarlo por la paz; dejar ese discurso inane de la tolerancia y asumir el mandato de la convivencia entre diversos. Y lo más importante: la autocrítica sobre nuestro papel en la guerra, lo que hicimos o no actuamos. Ese “nosotros” de los buenos colombianos.

En el horizonte de la comunicación y la narración, la paz significa diversificar los re-conocimientos sobre lo que venimos siendo y sobre cómo nos venimos contando, producir un relato que restituya los sentidos de vida de los “matables” y “los sobrevivientes”, disputar la enunciación pública desde relatos diversos. Pero sobre todo significa desmovilizar a Uribe, el procurador, el fiscal, las Farc… a Bogotá, Medellín y los expertos… para habitar al territorio. Porque como dijo la periodista Marta Ruiz, “aunque ganamos la guerra, perdimos la legitimidad de Estado en el territorio”.

070 RECOMIENDA...

En la edición 48 de la Nota Uniandina dedicada a la paz, Omar Rincón, director del Ceper, explica por qué la pedagogía para la paz no consiste en narrar el dolor sino en dignificar los relatos de supervivencia de la gente.

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El periodismo y los medios no pueden abdicar de su oficio de dudar, investigar y ser contra-poder, pero eso no significa abandonar las prácticas de contexto y de certificar verdades. Por lo tanto debe: cuidar el lenguaje, ya que en la guerra y en la paz las palabras son balas que matan; conversar con los otros puntos de vista, pues todos tenemos un poco de razón y verdad, y entre todos sabemos mejor; diversificar las fuentes, los expertos, los análisis; contextualizar los sentidos porque sin contexto no hay verdades ni hay paz; desmovilizar a los guerreros de la palabra. Hay que producir unos medios de comunicación que nos lleven a pasar de las ciudadanías del miedo a las ciudadanías de la esperanza. Por último, necesitamos muchos relatos de ficción que nos hagan más imaginables los futuros de la paz.

*Esta nota fue publicada previamente por la Universidad de los Andes.

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