Estrellas y mulas en la astronomía de Chile / En mula a las estrellas

De cómo las mulas y el conocimiento de los andes chilenos sirvieron para desarrollar la astronomía en esa región.

por

Barbara K. Silva, Ian Toledo


12.01.2026

Portada: Ian Toledo

Este texto hace parte de la alianza entre 070 y el Consorcio Internacional de Organizaciones de Historia Ambiental (ICEHO) con la que queremos dar a conocer y aprovechar los aportes de esta disciplina. Si quiere leer los textos de la alianza, haga clic aquí.

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Estrellas, mulas e interferómetros en la astronomía transnacional temprana de Chile en la década de 1960

por Barbara K. Silva

En 1959, el astrónomo alemán Jürgen Stock llegó a Chile para realizar pruebas de campo para la observación astronómica. A principios de la década de 1960, la astronomía se empezaría a desarrollar en diferentes partes del mundo; la carrera espacial, el avance tecnológico y el conocimiento insuficiente sobre los cielos del sur llevaron a diferentes países del hemisferio norte a planificar la construcción de observatorios en el sur. Trabajando para el Observatorio Yerkes, gestionado por la Universidad de Chicago, y posteriormente para la AURA, la Asociación de Universidades para la Investigación Astronómica (ambas instituciones estadounidenses), la expedición de Stock sería clave para decidir si Chile era el lugar adecuado para construir un gran observatorio en el hemisferio sur. Poco después de llegar al país latinoamericano, se dio cuenta de que había lugares excepcionales a unos 450 kilómetros al norte de Santiago, en la región semiárida de Coquimbo, en el extremo sur del desierto de Atacama.

Jürgen Stock durante la búsqueda por locaciones óptimas en Chile, c. 1962. Cortesía de ESO.

Esta expedición marcó el inicio de la astronomía transnacional en Chile, hoy en día un centro astronómico mundial. A principios de la década de 1960, la misión de Stock coincidió con los planes europeos y soviéticos de establecer sus propios observatorios en el país. Sin embargo, Stock fue el único que desarrolló una estrategia detallada para evaluar varias montañas de la región de Coquimbo y determinar qué lugar reunía las mejores condiciones para la observación astronómica. Para ello, contaba con un sofisticado equipo: cada vez que subía una montaña, tenía que llevar consigo un interferómetro (un equipo para analizar la luz y determinar qué tan apta es la atmósfera para la observación astronómica) para medir la longitud de onda de la luz con gran precisión. Además, tenía que llevar un telescopio Danjon para asegurarse de que la visibilidad era de la calidad que buscaban. Según los informes de Stock, los interferómetros causaron bastante revuelo entre la población local. Se trataba de una tecnología nueva, un aparato complejo con el que no estaban familiarizados.

Estadounidenses y europeos reunidos en Cerro Morado, región de Coquimbo, Chile, 1963. Cortesía de ESO/F.K.Edmondson.

Stock pronto se dio cuenta de que necesitaba mucho más que estos instrumentos de alta tecnología para ascender por los Andes. Tenía que colaborar con los actores locales —campesinos que conocían las montañas— para encontrar cuál era la mejor manera de subir y luego bajar, cómo detectar una tormenta que se avecinaba y dónde encontrar agua; necesitaba contar con el conocimiento local de la zona. 

Pronto se dio cuenta de que los actores no humanos también desempeñaban un papel esencial en esta expedición. Contar con mulas para transportar el sofisticado equipo, así como los suministros de comida y agua, era de gran importancia, como lo había sido durante siglos en muchas regiones de los Andes. La disponibilidad de mulas no era tan sencilla como podría pensarse: los arrieros y los campesinos dependían de ellas para su trabajo diario en la agricultura y la ganadería, y no siempre estaban dispuestos a alquilarlas. La solución fue comprar algunas mulas que, curiosamente, terminaron figurando como parte del personal en los registros de la Universidad de Chicago, la institución que gestionó la primera etapa del proyecto. Más allá de este curioso hecho, las mulas de Stock nos permiten cuestionar nuestra comprensión de la producción científica y tecnológica, normalmente asociada a la novedad. En este caso, como ha argumentado David Edgerton, las mulas fueron, sin duda, una tecnología crucial.

En la expedición de Stock participaron seres humanos y no humanos, así como tecnología sofisticada y cultura local. A medida que el proyecto se desarrollaba, su equipo comenzó a realizar pruebas in situ sobre un par de montañas al mismo tiempo y necesitaban comunicarse. Stock pidió comprar unas radios con especificaciones tecnológicas detalladas. Mientras esperaba a que llegaran, utilizó señales de humo y código morse con luces intermitentes para asegurarse de que su equipo estaba a salvo en la cima de la otra montaña. La improvisación formaba parte de la expedición tecnológica: una mula se encargaba del telescopio Danjon mientras el astrónomo encendía una fogata para producir humo.

El Observatorio Interamericano Cerro Tololo.

La combinación de diferentes tipos de tecnologías también adquirió una dimensión diferente. Aunque el equipo disponía de interferómetros para determinar con precisión las longitudes de onda de la luz, no contaba con instrumentos para medir la presión barométrica. Por lo tanto, Stock tuvo que improvisar pronósticos meteorológicos, ya que las tormentas podían ser bastante peligrosas en los Andes. Stock estaba fascinado por los cóndores que veía en las montañas, y los arrieros le enseñaron que cuando se producía una acumulación (en palabras de Stock, para referirse de forma jocosa al hecho de que dependía de las mulas) de cóndores, significaba que se acercaba una gran tormenta. Poco después de esta lección, ser conscientes de la presencia de los cóndores salvó la vida del equipo: lograron descender justo a tiempo antes de que se desatara la tormenta.

Las mulas y los interferómetros representan la convergencia de múltiples factores necesarios para llevar a cabo un proyecto vanguardista en la historia de los observatorios astronómicos. La tecnología parece entonces ser algo más complejo que el simple traslado de nuevos e impresionantes equipos al hemisferio sur; en el caso del desarrollo de la astronomía transnacional en Chile en la década de 1960, también incluyó una relación diversa con actores no humanos y el reconocimiento de la cultura local. La innovación en astronomía fue posible gracias a instrumentos de alta tecnología, como los interferómetros y los telescopios Danjon, pero también gracias a la participación de la población local y los animales de Coquimbo. Más aún, para comprender la experiencia tecnológica en áreas como América Latina, debemos reunir no solo diferentes escalas —la local y la global—, sino también la convergencia de lo nuevo y lo antiguo, a medida que comenzamos a entender la tecnología como la integración de diferentes formas de experiencia.

Texto traducido de Arcadia, el portal de acceso abierto de Environment & Society, bajo la licencia de Creative Commons 4.0.

En mula a las estrellas

por Ian Toledo

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Allá en el norte para llegar a las estrellas el cohete despega puntual. Aquí en el sur hay que arrear a las mulas, darles comida, agua y algunas caricias para que anden. Allá en el norte, el cohete deja en el cielo una estela de humo marcando su camino. Aquí en el sur, las mulas suben y bajan montañas con sosiego, sus cascos dominan las piedras escarpadas y no tienen que mirar por donde pisan. Allá en el norte quieren alcanzar los astros, quieren agarrarlos con las manos. Aquí en el sur nos acompañan cada noche. Allá en el norte tienen sensores para todo. Aquí en el sur, los cóndores predicen tormentas. Allá en el norte piensan que nos hacen un favor. Aquí en el sur suspiramos y entre dientes decimos “ahí vienen otra vez”. 

Las mulas nos trajeron a cuestas las estrellas. Su pelaje, entre gris y café, diluido por una película de polvo que reaparece apenas se limpia, ha aprendido a burlarse del sol. Les pusimos el mundo encima, como retándolas a mantenerse en pie, y al ver que seguían caminando no tuvimos más remedio que echarles encima constelaciones, supernovas, asteroides y satélites. Y siguieron andando a paso apacible, como quien está de paseo, como quien disfruta el clima.

En Coquimbo el calor se impone y si el día llegara a tener más horas, seguro derretiría las montañas. No sorprende que en sus primeras salidas Stock frecuentemente detuviera la expedición para revisar sus equipos, seguro tuvo miedo de que encontrar los lentes convertidos en líquido burbujeante, que el hierro se torciera, que los tornillos se pegaran y que la exactitud de sus máquinas se muriera de sed. 

¿Será que los colegas de Stock describían los astros del sur en sus bitácoras como estrellas subdesarrolladas o en vía de desarrollo? ¿Será que decían que el cielo del norte era de más interés, más seguro, más brillante, menos salvaje? ¿Será que no encontraron historias interesantes de culturas antiguas para nombrar las constelaciones y decidieron nombrarlas con nombres y letras imposibles de pronunciar?

No es difícil imaginarse como en la película “Bienvenidos conquistadores interplanetarios y del espacio sideral” (2024)*, a Stock como un astronauta en sí que contacta con una civilización alienígena y lleva tecnología desconocida para estudiar sus cielos. ¿Qué contendrían las cartas que enviaba a sus colegas, a su familia? Se debieron sorprender con los métodos de meteorología de estos extraños seres y seguramente no faltaron protestas por quienes no prestaron sus mulas al servicio del descubrimiento espacial. Tal vez se hayan escandalizado al enterarse que las mulas aún existiesen y no hayan desaparecido de la faz de la tierra en el momento que aparecieron tecnologías que le eran más útiles al ser humano. Y más aún se debieron indignar cuando vieron a unas mulas chilenas en la prestigiosa lista del personal de la Universidad de Chicago. 

* Documental experimental del director Andres Jurado que revisa archivo fílmico de la tripulación del Apollo 11 cuando pasó una temporada de preparación en la selva del Darién, desafiando la narrativa colonial inscrita en la conquista del espacio.

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