Martha Graham en la mirada de tres mujeres

Tres mujeres, en tres épocas épocas de Cali, incorporaron la técnica Graham en su trabajo y en su enseñanza. Hoy, 25 años después de la muerte de su maestra e influencia recuerdan por qué es importante estudiar la técnica que marcó parte del siglo xx.

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Ángela Rivera

28.04.2016

La revista Time, en 1998, la nombró la bailarina del siglo. Es considerada la madre de la danza moderna. Compuso ciento ochenta y un coreografías. Se negó a asistir a los Olímpicos de Berlín en 1936 por el fascismo que crecía en Alemania. Trabajó con reconocidos artistas y diseñadores, entre ellos, el estadounidense-japonés Isamu Noguchi, la primera súper estrella internacional de la moda Roy Halston, el compositor ruso-judio Aaron Copland y el coreógrafo estadounidense Louis Horst. Esa era Martha Graham.

Bailarina y coreógrafa estadounidense, Graham, en 1929, rompió con las formas clásicas del movimiento y creó su propio lenguaje y lo dejó como herencia para las próximas generaciones de bailarines.

En Cali, uno de los centros importantes de la danza contemporánea en Colombia, junto a Bogotá, Medellín y Cartagena, entrevistamos a tres bailarinas que estudiaron la técnica de Martha Graham. Amparo la estudió para enseñarla, Elsa la utiliza cuando es necesaria y Adriana la vio como una herramienta formativa dentro de su profesión. Nos contaron por qué lo hicieron, cómo fue su proceso de aprendizaje, qué significó en su vida profesional y cuál fue la influencia de Graham en sus obras.

 

 Amparo Sinisterra: “Si volviera a nacer volvería a enseñar”

Antes de querer ser la bailarina de grandes escenarios, Amparo Sinisterra de Carvajal quiso educar a quienes estarían sobre ellos. Ha dedicado más de cuarenta años a apoyar las artes en Cali, es la fundadora de Proartes y la cabeza de la Bienal Internacional de Danza en esa ciudad. Fue la primera mujer en transmitir la técnica de Martha Graham a estudiantes de la capital vallecaucana. Su primer contacto con ese código del movimiento fue en Nueva York en Estados Unidos cuando estudió en la escuela de Martha Graham.

Amparo Sinisterra. Foto: Colarte.
Amparo Sinisterra. Foto: Colarte.

¿Por qué decidió empezar a bailar?

Yo asistía al conservatorio de Cali, donde estuve como siete años estudiando piano y teorías. Fui muy feliz allí. Tenía unos nueve años y siempre estaba con el deseo de buscar la danza. Pero aquí, en Cali, no había en ese entonces ninguna escuela establecida. Solo, esporádicamente, iban profesoras, o establecían o daban unos cursos, inclusive en el colegio; yo siempre me metía pero no había una formación formal que me pudieran ofrecer. Entonces por ahí en 1953 me fui para los Estados Unidos. Llegué a Boston primero y allí estuve en el Romaine Ballet School por un semestre, con un profesor excelente. Luego fui a Nueva York. Tenía una hermana y su esposo que se fueron a vivir allá. Con ellos ya me establecí en Nueva York donde permanecí casi cinco años. Mi vida ha estado muy ligada a la música y a la danza y todos los días le doy gracias a Dios porque eso ha enriquecido mucho mi vida.

¿Dónde estudió en Nueva York y qué se derivó de allí?

En Nueva York estudié en la escuela del American Ballet Theater y en Ballet Arts de Carnegie Hall. Tenía excelentes profesores, pero la formación básicamente era en la danza clásica y la escuela de Agrippina Vaganova, lo que me fascinó. Yo ya tenía 17 años cuando llegué allá. Lo que me llamó siempre la atención era trabajar en la enseñanza. Siempre me ha fascinado poder enseñar a otras personas lo que uno pueda saber. Entonces eso me motivó muchísimo.

Estuve allá muy concentrada en cómo desarrollar unos modelos de clase para traer acá a Colombia porque había tomado la decisión de poner una academia de ballet aquí en Cali, en mi ciudad, en el momento en que regresara. Cuando regresé, a mis 22 años, empecé, pero no tenía salón. El Club Colombia, un club muy prestigiosos de aquí de Cali, me invitó y en el salón de arriba que estaba adecuado tuve mis primeras alumnas. Hicimos una presentación hacia el final del año. Esto transcurría más o menos en 1957, y entonces allí llegó el amor y me casé. Me casé con un hombre maravilloso que me acolitó toda, toda mi profesión de poder enseñarle a las niñas. Después de casada empecé a enseñar en mi casa donde adapté un salón en el segundo piso. En 1966 nos fuimos a vivir a Bogotá. Estuve cuatro o cinco años allá y trabajé en la Academia de Ana Consuelo Gómez. Fui a buscar una escuela para una de mis hijas, estaba muy cerca de mi casa, terminé enseñando yo y mi niña bailando. Después hubo una amistad muy grande: traíamos coreógrafos, profesores. Luego conformamos una compañía, hicimos giras; estuvimos en Pereira, en Barranquilla. Fue una época muy rica en la parte de producción. Montamos obras como El Dorado del cual hice una investigación para adaptarlo al ballet.

Después regresé de nuevo a Cali y la angustia que tenía cuando ya me iba a regresar era si habría una respuesta favorable para una academia de ballet. Sin embargo, la respuesta fue excelente. Trabajé más de cuarenta años en los que hice todas las presentaciones, montamos coreografías para los niños que entraban desde los tres, cuatro años, desarrollé una técnica muy linda que la llamábamos pre-ballet para los niños más pequeños a los que no podíamos someterlos a la exigencia de la técnica clásica. Esos fueron unos años maravillosos.

Desde muy niña tenía claro que quería enseñar…

Sí, desde que me acuerdo siempre me apasionó enseñar, lo llevo en los genes pues mi abuela materna era maestra, y si volviera a nacer enseñaría.

¿En qué momento decidió estudiar la técnica de Martha Graham?

Ya me había casado y todos los veranos me iba a Nueva York. Me quedaba allá como dos meses y asistía a todos los talleres que hacen en Nueva York en las grandes academias. En Lincoln Center había una escuela: Ballet Art se llamaba. Siempre iba allí, me preparaba y tomaba nuevos temas para traer novedades para mi academia. Allí empecé a acercarme a la danza y a la técnica de Martha Graham porque asistía a la escuela de ella, allí, en Nueva York, donde llegaban grandes profesores. Esa fue también otra experiencia maravillosa.

¿Por qué estudiar esa técnica?

¿Qué por qué quise estudiar esa técnica? Pues por mi interés en poder entregar a mis alumnos nuevas alternativas que enriquecieran el proceso de formación de ellos como bailarines y para lo que quisieran hacer en el futuro.

¿Cómo fue su experiencia en la escuela de Martha Graham?

La técnica Graham está basada en los principios de contracción y relajación para poder liberar las emociones y la respiración es fundamental. La relación con el suelo es fundamental en la técnica. “El suelo también es un lugar”, decía Martha Graham. El cuerpo cae, de allí se impulsa, se levanta, vuelve y cae, gira y toda esa energía del bailarín nace en el plexus. Ella hablaba de la pelvis. “El solarplexus”, decía ella. Ella llegaba en esas temporadas y se sentaba como una reina y daba instrucciones. Una anécdota que te puedo contar es que al final de la clase, ella ponía un tema y había que crear una coreografía. Dos veces me tocó hacerlo a mí. Uno que recuerdo, con mucho cariño, porque me lo aprobó y le gustó, fue unos compases de la sinfonía clásica de Prokófiev, la número uno. Entonces yo hice mi propia coreografía y a ella le pareció bien. Pero era muy reverencial. No era una persona que fuera fácil de arrimársele a conversar, aunque sí fue una experiencia muy chévere poderla conocer.

¿Qué fue lo más gratificante de estudiar esa técnica?

Yo quería poder ofrecer en mi academia y en mi escuela unas bases muy buenas, de tal manera que los niños que pasaran por allí tuvieran esas bases y, si ellos resolvían seguir su carrera, que tuvieran las bases correctas, tanto en la danza clásica como en la contemporánea. Por eso empecé a introducir esto que había aprendido con Graham: la danza moderna y también el jazz.

¿Cómo aportó la técnica Graham a su carrera profesional?

Yo creo que todas las técnicas enriquecen mucho la formación del bailarín. El bailarín no puede solamente meterse en la parte técnica. Es imposible transmitir solamente una técnica maravillosa. Yo creo que es importante el poder comunicar a tu público lo que sientes. Eso es una de las cosas más invaluables que hay en la danza moderna. La danza moderna fue creada, es completa y absolutamente norteamericana. Fue el despertar que Martha tuvo. Isadora Duncan había hecho el rompimiento: no más zapatillas de punta. ¿Cuál es el valor que tiene la obra y el legado de Martha? Primero que todo, una riqueza coreográfica impresionante. Yo no me perdía esas funciones de la Compañía. Lo más importante es que, por ejemplo, Isadora no dejó ninguna codificación, era una danza más libre. No dejó cómo seguirla. Martha dejó completamente codificado y establecido ese lenguaje y eso es lo que le ha permitido su permanencia y vigencia en el tiempo.

 

Elsa Valbuena: “Su propio lenguaje”

Elsa Valbuena sabía desde muy niña que quería bailar. Y su instinto no la traicionó: con su sangre caleña, con una tradición familiar anclada a la música y a la danza, con una abuela cantante, una madre bailarina y un abuelo amante de las artes, Valbuena se hizo bailarina. Ella es la fundadora de Gaudere Danza, un colectivo que nació en Cali a principios de la década del ochenta para saciar la necesidad de crear y hablarle al mundo a través del movimiento. También es cofundadora de Moving Current, en Tampa Bay, Florida. Su escena ha sido internacional, pues ha presentado su trabajo en bienales y festivales de danza en Colombia, Costa Rica, Italia, España, Venezuela y los Estados Unidos. Su trabajo más reciente, “Impronta en sus ojos”, rodó por ciudades principales de Colombia y terminó en España en el Festival Internacional de Danza ITALICA en el 2015.

Balbucean estudió dos años en The Contemporary School of Martha Graham en Nueva York. Después incorporó otras técnicas y movimientos como el postmoderno: descodificado y más cotidiano. Practicó la improvisación de contacto y más tarde se interesó en el proceso somático y el vínculo de la mente y el cuerpo.

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Elsa Valbuena ensayando. Foto: Expectrum @ Flickr

¿Por qué comenzó a bailar?

Yo llegué a Estados Unidos cuando tenía dos años. Mis abuelos maternos nos criaron allá. Mi primera clase de ballet clásico fue a los 10 años y luego entré al conservatorio de Miami cuando tenía más o menos 17 años y en esa época comencé con Ballet porque era mi pasión, pero rápidamente me di cuenta que, por un lado, yo tenía 18 años y para bailar ballet se necesita un entrenamiento desde mucho más joven. Por otro lado, por más que yo amaba el ballet —y lo amo—, también sentía que el ballet era algo súper delicado, muy etéreo, pero yo me sentía mucho más terrenal, mucho más naturaleza, mucho más abstracta.

Yo continué con el ballet y también tenía una inquietud en mi vida que eran las plásticas. Entonces yo empecé a estudiar plásticas y en un momento dado me dio por querer regresar a Colombia y ver de dónde yo venía y de dónde venía mi familia. Como ir buscando las raíces de uno. Cuando quise regresar tenía 18 años.

Cuando llegué a Cali me matriculé en el conservatorio Antonio María Valencia para entrar a la parte de plásticas y pensé que funcionaba como en los Estados Unidos: que uno podía hacer dos carreras o estudiar dos cosas al mismo tiempo. Intenté tomar ballet mientras hacía arte y me dijeron que no que era posible.

Entonces decidí entrar a arte y busqué con quién tomar clases de danza. Encontré a Luz Estela Romero y ella tenía una escuela en su casa y vi que ella hacía como danza contemporánea o intentaba hacer coreografías contemporáneas y bueno estuve con ella un rato corto por ahí un año.

¿Cómo llegó a la técnica de Martha Graham?

Mientras estudiaba arte en el conservatorio conocí a Amparo de Carvajal. Eso fue en 1977. Yo la conocí una noche. Ella había estado en Estados Unidos y me dijo: “acabo de estar por allá, estuve estudiando con una maestra la técnica Graham, por qué no te pasás por la academia”. Fui y realmente fue muy chistoso porque yo descubrí a Graham en Colombia. Uno pensaría que hubiera sido lo opuesto: que yo hubiera descubierto a Graham en Estados Unidos. Amparo me expuso a esa técnica y yo dije: ¡wow, yo tengo que ir a aprender esto! O sea, esto totalmente me habló, fue como: ¡wooow! este lenguaje es lo que yo quiero.

¿Qué tiene de especial esta técnica?

Toda la técnica de Graham se basaba, esencialmente, en la respiración: la contracción y el release. La contracción es la exhalación. El release se hace cuando aspiras. En la contracción estaba la idea, en ese tiempo, de mirar hacia adentro. Según ella, uno tenía un mundo interior increíblemente gigante y ese mundo interior salía en el release. En la época en la que yo estudié Graham, se trabajaba mucho el piso, igualmente lo que se llamaba centro y el desplazamiento en el espacio. Hoy en día sí se trabaja el piso pero también se trabaja lo vertical. Ella era muy terrenal yo creo.

Cuando yo lo hacía lo sentía y ahora cuando reflexiono, pienso que ella hizo una conexión muy hermosa del trabajo de piso hacia arriba y después era el trabajo de estar en lo vertical hacia la tierra y volver a subir. Estaba siempre la posibilidad de volver y subir y volver y bajar.

¿Por qué resultaría importante para un bailarín estudiar la técnica Graham?

La técnica Graham ofrece una comprensión del cuerpo, da un rigor, una disciplina increíble, una fuerza. La herramienta del bailarín es su cuerpo y la información que uno va adquiriendo durante su formación va modelando.

¿Cómo aportó la técnica Graham a su vida profesional?

Hubo mucha gente que pasó por Graham y ella los estimuló a buscar su propio lenguaje y hacer lo que tenían que hacer. Recuerdo que había una bailarina argentina que no se podía quedar en Estados Unidos y Martha le dijo: “Váyase. Vaya y cree su propio lenguaje. Usted es maravillosa, usted”. Tú puedes hacer lo que tu quieres. En cierto modo, saber que este ser fue capaz de crear su propio lenguaje y buscar su expresión te inspira porque sabes que sí es posible. Y yo creo que, en ese sentido, para mí Graham fue vital, además de saber que yo creía en lo que ella hacía.

¿La técnica Graham influyó en alguna de sus corografías?

Claro, en la primera pieza que yo monté en mi vida. Me salí de ahí [de Graham], pero era totalmente Graham. Es más, yo recuerdo que me metí a un estudio de sonido y grabamos la respiración y así comenzaba la pieza.

¿Cómo se llama esa pieza?

Yo creo que la nombré con la pieza que utilicé. Air on the G string de Bach, un Adagio. Era una pieza que se trataba de la respiración y cómo se conectaba una cosa con la otra. La trayectoria comenzaba en el suelo y todo el movimiento se iba conectando, lentamente, de abajo hacia arriba, hasta que llegaba a lo vertical y después de lo vertical el movimiento seguía hacia el aire. Después terminaba en un círculo. Ahí me di cuenta que me gustaba, que yo era capaz de expresarme a través del movimiento.

Y luego, ¿sus demás obras tuvieron alguna influencia de Graham?

Menos porque después de eso empecé a experimentar con conceptos distintos y a investigar movimiento.

¿El cuerpo cambia cuando uno estudia la técnica Graham?

Creo que la fuerza del torso era increíble por todas esas contracciones y releases. “Yo creo que nunca he estado tan fuerte”. De lo que me di cuenta es que, a pesar de todo lo que he hecho, la técnica siempre ha estado conmigo; o sea, me dio una base increíblemente fuerte para hacer todo lo demás. Siempre sentí que gracias a ese sentido del centro, del core, de la pelvis, del lugar de donde viene la contracción, uno tiene una memoria que cuando la necesitas es como: ¡Ahh! Sí, yo puedo llegar aquí, yo entiendo esto, yo puedo retomar esto y utilizarlo de alguna manera distinta. Es un reconocer, un saber que está y está despierto. Eso es vital.

 

Adriana Miranda: Una técnica formativa

Adriana Miranda fundó hace quince años la escuela de danza contemporánea Ázoe Danza en Cali. Empezó a bailar a los diez años en el Instituto Colombiano de Ballet, Incolballet, en esa misma ciudad. Su formación inicial fue como bailarina clásica, con técnica rusa (Vaganova). Esta técnica enfatiza la importancia de la limpieza y perfección en la ejecución de los pasos y posiciones del cuerpo para la danza. Miranda también aprendió de la escuela cubana. Después, quiso añadir a su formación la danza contemporánea y lo hizo con maestros franceses, como Dominique Dupuy, Ivan Favier, Odile Duboc y Marie France Delieveuin. Con la técnica de Álvaro Restrepo inició su acercamiento a la técnica de Graham. “Ahí yo empecé a tener mis propias inquietudes de querer hacer mis propias coreografías”, dice. Entonces, en ese momento, aplicó a una beca en México para hacer una estadía y reforzar la técnica Martha Graham y la danza contemporánea.

Adriana y el productor escénico de Ázoe Danza, Andrés Becerra, hacen investigación para la creación de piezas coreográficas experimentales que toquen fibras sensibles del inconsciente colectivo. Desde 2002, se han interesado en presentar alternativas de movimiento para quienes están en situación de discapacidad. Así, Ázoe se convierte en un espacio de encuentro real entre bailarines con y sin discapacidad.

 

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Adriana Miranda en Anillos de Humo. Foto José Kattan

 

¿Por qué decidió profundizar en la técnica Graham y no en otra?

Me gustó mucho poder conocer la técnica Graham porque es una técnica formativa como el ballet clásico. Ya después de haber conocido la técnica Graham y de entender su concepto entonces ya viene, para mí, la danza contemporánea. 

¿Por qué un bailarín debería estudiar la técnica Graham?

Esta técnica le da al bailarín un rigor, una disciplina que es lo que se necesita para ser profesional y así proyectarte como artista después. Para poder ser maestro tú debes conocer tu cuerpo. La técnica Graham te lleva a conocer tu cuerpo igual que el ballet clásico.

¿Qué fue lo más difícil de aprender de esa técnica?

Comparado con el ballet clásico, es una manera diferente de hacer el movimiento. Las rotaciones de las piernas, la manera de poner los brazos y también la música es diferente. La música del ballet clásico se cuenta a dos cuartos, a cuatro cuartos. La técnica Graham tiene un conteo como a tres cuartos e invita a mover el cuerpo muy fragmentadamente. Eso me encantó porque complementa los conocimientos del ballet clásico.

Como bailarina, ¿qué le dejó la técnica Graham?

En el momento en que encontré a Martha Graham ya había dejado un poco el ballet clásico y estaba buscando un lenguaje personal. Por eso, estaba incursionando en otras técnicas. Entre esas, estaba Martha Graham. Quise saber un poco, pero también liberarme. Martha Graham me permitió confirmar que yo también puedo tener mi propio estilo a partir de conocer otros.

¿Qué creó después de esto, de su encuentro con Graham?

En realidad Martha Graham me inspiró, pero no retomé toda su técnica. Es decir, no la mostré toda en mis coreografías. Hice la parte de las respiraciones, trate de explorar en mi cuerpo las torsiones de Graham. En una obra que tengo que se llama “Anillos de Humo” hice un pequeño solo con el nombre: “Escarlata”. Diseñé coreografías con contracciones y en ese pequeño solo traté un poco de ir hacia ese aprendizaje con ella.

¿Tiene otras obras que también estén influenciadas por esta técnica?

No. Luego yo quería dejar mi cuerpo más libre y Martha Graham es bastante muscular. Yo quería tener una técnica más suelta que también se inspirara en las experiencias personales de cada integrante, pero de otra manera, bastante diferente a lo que hace la técnica Graham.

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