Los cómics de Aidan Koch

Sus dibujos son impresiones de estados de ánimo, de sensaciones, de la vida cotidiana. Aidan Koch visitó Colombia en el marco del Festival Entreviñetas.

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Laura Andrea Garzón

11.10.2016

Aidan Koch se sienta en el jardín. Estamos en el Taller de Té en Chapinero Alto. Hemos venido caminando desde el Book Hotel y me cuenta que en sus recorridos le ha gustado mucho el barrio. Pide un Kombucha —un té fermentado de origen asiático—, le gusta probarlos a donde viaja y se sorprende de que estemos en un lugar que lo ofrece. Esta no es una entrevista, es una conversación mientras Aidan dibuja justamente ese ambiente que se va cerrando a nuestro alrededor mientras hablamos. Atrás suenan granos de café que están siendo limpiados. Es una pequeña tormenta que acompaña la historia que va hilando Koch a medida que tocamos diferentes temas.

Koch es una artista de Olympia, Washington, que ahora vive en Nueva York. Durante el mes de septiembre, en el marco del Festival Entreviñetas,  estuvo en Bogotá hablando de su trabajo y desarrollando un proyecto en conjunto con la dibujante colombiana Mónica Naranjo sobre la carrera séptima. Este trabajo en residencia estará expuesto en la galería NADA de Cine Tonalá hasta el 15 de octubre. La idea del diálogo entre las artistas era permitir la reflexión a partir de la sutileza del trabajo de ambas y ante un tema les es común: la creación de atmósferas. Este ejercicio no sólo trata de representar un espacio sino de construír una sensación en el observador para que se sienta envuelto y transportado.

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“Impressions”, Aidan Koch

El trabajo de Koch es un trabajo de evocación y creación de emociones, un trabajo poético más que de narrativa tradicional. Las imágenes de sus cómics parten de su análisis sobre su relación con sus sentimientos. Si se siente melancólica o ansiosa, estados que ha podido vivir de manera profunda al punto de haber pasado por periodos personales de intensa tristeza, tiene el tiempo para desglosar las raíces de dichas emociones.

¿Cuál es tu sensación favorita?

Mis cómics reflejan ese periodo de análisis, reflejan la conciencia que tengo sobre las experiencias que entiendo que están fuera de mi control. Puedo ver lo que me sucede pero no puedo necesariamente cambiar mi reacción física y emocional a lo que me está ocurriendo.

Leer los cómics de Aidan es entrar en ese microcosmos que se transforma en un espejo de los estados personales. Aquello que es difícil articular a través del lenguaje verbal con frecuencia se transforma simplemente en imagen, en forma y color.

Soy adicta a viajar. Hay algo de ello que siempre me parece atractivo, aunque me produzca ansiedad o se mezcle con otros sentimientos extraños, pero hay ciertas sensaciones que disfruto como esa extraña aceleración que me permite. Sé que no podré planearlo todo y que tendré que ir a lugares que quizá no sean particularmente de mi agrado, pero mientras viajo está bien.

Aidan valora la flexibilidad que tiene su vida como freelance para dejarla viajar por su cuenta de manera frecuente. Le gusta el tiempo que pasa en los aviones y en los aeropuertos porque lo puede aprovechar para su trabajo. Es un tiempo que funciona a la manera de un paréntesis en un no lugar y hace que pueda sumergirse de manera absoluta en lo que está haciendo. No sabe si esto sea algo específicamente positivo para su proceso creativo, no sabe qué sí lo sea, pero va flotando con la corriente aprovechando cada momento en que puede nadar y cada momento en donde puede volver a casa y detenerse. Este vaivén le va a enseñando a adaptarse y le deja romper con cualquier rutina, lo cual le da nuevas perspectivas y transforma su percepción del tiempo.

Mientras estábamos conversando se alcanzaba a oler el café que tostaban en el local adyacente. ¿Tomas café mientras trabajas?

Todo el tiempo. No se trata de la energía. Me gusta como sabe y como huele. Prepararlo me permite el ritual adecuado. El olor es simplemente fenomenal. Es lo único que hago a diario: el café y el desayuno. Lo demás es móvil.

Koch va dibujando algunas de las plantas a nuestro alrededor mientras y mira el pocillo con el té que acabo de servir. Es de un color cobre intenso.

El color es algo importante en tu trabajo. No se trata de un asunto representacional sino, más bien, de la creación de una atmósfera. ¿Cómo es tu relación con el color?

Normalmente cuando trabajo utilizo gouache. Esto es importante porque dibujo a lapiz elementos muy específicos, de una manera que puede resultar rígida o realista, y la pintura detiene eso, o es el proceso contrario. Le añade, le permite una apertura y libertad que no podría lograr de otro modo. Me da una opción de abstracción. De inmediato cambia la composición. Es un proceso aditivo. Añades un color, luego otro, tal vez funciona, tal vez no.

Los colores los escoge luego de dibujar y una vez está satisfecha con el resultado va marcando un tono para su obra desde allí. No hay colores en nuestra mesa pero pienso en las viñetas del trabajo de Koch que son sólo ejercicios de color. Le dan un ritmo a la secuencia de imágenes, alteran la velocidad de la lectura para ralentizarla. Es por ello que su paleta es tan particular, no todos los colores pueden surtir el efecto deseado y combinar con sus ilustraciones. A partir de estos elementos la estética de Aidan se ha vuelto una huella reconocible.

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“The Whale”, Aidan Koch

¿Pero de dónde se nutre esa estética?

Creo que de todo lo que veo. Por ejemplo, paso mucho tiempo en internet. Mientras navego y escojo imágenes para Tumblr, exploro cuál es mi gusto. Así que de una manera un poco obvia, poniendo lo que me llama la atención todo junto y observándolo posteriormente puedo hacerme una idea de mis preferencias visuales. Llevo mucho haciendo esto. He tenido un Tumblr por al menos seis años y es una colección de aquello que encuentro interesante o estimulante. Eso e ir a museos. En general, el hecho de mantener en mente lo que me interesa de manera relacionada.

En ese momento le llega un correo de Mónica para marcar una pronta reunión de trabajo. Aidan me pide que aceleremos el paso. Hemos estado veinte minutos, tal vez media hora, pero no parece tanto. Saco una tarjeta más para pensar en la siguiente pregunta. Para cada pregunta, un dibujo. Un borde de un marco.

Aidan tiene como referentes a Odilón Redón y Balthus. Aunque también le interesan los artistas surrealistas y trata de permearse de manera constante de nuevos referentes. En cuanto a sus lecturas, ha estado revisando la literatura de ciencia ficción escrita por mujeres, como la obra de Ursula LeGuin o Octavia Buttler.

— Me parece curioso que la poesía no sea lo tuyo, le digo, dado que tu trabajo podría ser catalogado como poético.

— Está bien si a la gente le pasa con mis cómics como a mi con la poesía.

Quizá más que un tema de lecturas es un tema de sensibilidades. Las imágenes poéticas son tan inasibles como las que crea Koch. Sin embargo, cuando le corresponde crear imágenes a partir de escuchar un poema no lo consigue facilmente, me cuenta. Tampoco quien vea sus cómics puede hilar una historia con facilidad y saltar de imagen a imagen con rapidez. Me pregunto si en un universo paralelo quizá ella sea una poeta que no lee cómics.

Cerramos hablando de juegos, un tema que Koch mencionó al hablar de su trabajo de instalación reciente, en el que combina piezas escultóricas con cómics.

El único juego en el que puedo pensar es el tablero de Jumanji, amaba ese juego y los juegos de cartas. De esos me gustaba en especial que se pudiera hacer dinero. Mi novio y yo jugábamos mucho Rummi, era un modo de aprovechar el tiempo cuando debíamos esperar. O incluso jugábamos dados, que es muy sencillo. Eso me agrada.

De camino al taller hablamos de la estructura laberíntica del barrio. Pienso que es una buena estructura para perderse o para jugar a las escondidas. Curiosamente es algo que se repite en la exhibición de la que ha hablado Aidan.

Me interesan los laberintos, aunque no son propiamente juegos. Uno sabe por donde entra pero no puede estar muy seguro de por dónde va a salir. Está esta idea de que se puede ganar o que se puede salir pero no es necesariamente cierta, no es la manera en que funciona la realidad. Usar estas figuras de manera metafórica es lo que más me llama la atención a la hora de incorporarlas en mi trabajo.

Pagamos y caminamos de vuelta al hotel cruzando por el Parque Portugal. Hace sol. Aidan se queda reuniendo los materiales para ir a trabajar con Mónica, así que me despido y salgo. Me siento en una banquita. Tal vez en un universo paralelo soy una dibujante de cómics fabricando un mapa para perderme en una ciudad ajena. En el juego de espejos que puede ser el arte, el trabajo y las palabras de Aidan funcionan para develar inquietudes personales y sentimientos que quizá están ocultos hasta que los enfrentamos en la lectura y observación de sus obras, que nos los regresan.

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