El colapso del puente de la 11: ¿un problema educativo?

Para los expertos, hasta que no se realice un estudio detallado de la estructura, no habrá certeza sobre lo sucedido. Agregan que con el hecho la ética profesional de los constructores del país vuelve a quedar en entredicho.

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Estefanía Avella Bermúdez

06.02.2015

Después de sólo tres meses de que la Universidad de los Andes hubiera socializado el informe del estudio sobre el colapso del Edificio Space en Medellín, que dejó 11 muertos y 120 familias afectadas, un nuevo episodio volvió a cuestionar las obras y construcciones colombianas.

Ahora se trata del puente peatonal que comunicaba los dos costados del Cantón Norte y que el domingo pasado calló en las calles de Bogotá cuando, supuestamente, le realizaban las  pruebas de carga. La estructura, que tuvo un costo de 1,300 millones de pesos, debía ser entregada por la compañía Constructec al Ejército en el transcurso de esta semana.

En esta ocasión no hubo muertos, pero sí un incierto número de heridos que ha ido de siete, setenta u ochenta sin que hoy se sepa con claridad la cifra real. Cada día la cifra es diferente. Lo que sí es cierto es que hubo vidas humanas en riesgo y ello, para los expertos, resulta inaceptable.

¿Qué fue exactamente lo que sucedió? No se sabe con certeza, “aún es muy pronto para sacar conjeturas acertadas. Son muchos los factores que pudieron ocasionar el colapso y hasta que no se haga un análisis profundo no sabremos de dónde vienen las fallas”, dice Juan Francisco Correal, director del Departamento de ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de los Andes.

El ingeniero sostiene que este puente atirantado, como técnicamente se le conoce, es una estructura muy compleja. Haber realizado mal la prueba de carga que está diseñada para hacerse con tanques de agua o bolsas de arena e instrumentos tecnológicos especiales que simulan el movimiento del puente, pude dar explicación de lo sucedido. Sin embargo, nadie aún sabe realmente cómo se estaban realizando estas pruebas finales.

“Pero suponiendo que la prueba se hizo adecuadamente, tendríamos que entrar a analizar otros múltiples factores. Puede ser una falla en el diseño: que no se siguió la metodología adecuada, que los materiales no fueron los pertinentes; o simplemente una combinación de estos elementos. Eso sólo se sabrá si se hace una investigación como, por ejemplo, la que se hizo con el Space”, agrega el experto.

En esa ocasión, con 30 investigadores nacionales e internacionales y sólo después de once meses y tres fases del estudio, se logró conocer cuales fueron las causas que ocasionaron el colapso de la torre seis del Space y la implosión de las otras cinco. La conclusión fue clara: la falta de capacidad estructural de las columnas, que no contaban con las dimensiones y los refuerzos necesarios establecidos en la normativa, hicieron que la probabilidad de falla fuera de 99,6% y no 0,6%, como lo contemplan los parámetros de construcción.

Pero aquí las conclusiones no fueron lo único relevante. La reflexión también fue contundente: “estamos ante un problema de ética profesional”. En aquel entonces Diana Espinoza, presidenta de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, señaló –en la presentación de la investigación de la caída del Space– que “la tragedia es una lección muy dura que nos enseña cómo debemos ejercer nuestra profesión en el país. Más que un error humano, fue una mala practica profesional y un incumplimiento de las normas que deja vidas humanas en el proceso”.

Luis Enrique García, profesor de ingeniería civil de la Universidad de los Andes, y asesor de la investigación del edificio Space, considera que esta reflexión es también pertinente para analizar lo recientemente sucedido. “Por ahora se busca la culpa en el ejercito, pero es cierto que esto es también una vergüenza para los ingenieros colombianos. El gremio se queja porque hay compañías españolas a las que se les está adjudicando las obras en el país, pero es que si acá no hacemos bien el trabajo tenemos las de perder frente a esta competencia extranjera”, dice el experto.

Por esto, resulta indispensable la implementación de medidas que brinden mayor seguridad a la sociedad. García señala que actualmente para poder realizar una construcción de edificios se requiere de mínimo cinco años de experiencia; lo cual no sucede cuando se trata de construir un puente; pues este requisito no es necesario. De ahí que el ingeniero Correal señale que, “tenemos que imitar lo que ocurre en otros países del mundo en donde la licencia es difícil de sacar. Debemos trabajar para hacer mucho más sofisticado y complejo el tema del licenciamiento profesional”.

 

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