“Desde los años 30 se habla de que el gobierno pueda comprar grandes propiedades y redistribuirlas”: Catherine Legrand
Una conversación con Catherine Legrand, autora de Colonización y protesta campesina en Colombia 1850–1950, sobre la vigencia de los conflictos de tierra, la concentración de la propiedad y las reformas agrarias pendientes.
por
Jose Venegas
25.03.2026
Portada: Isabella Londoño
Colonización y protesta campesina en Colombia 1850 –1950, escrito por Catherine Legrand, es para muchos académicos un clásico de los libros de las Ciencias Sociales en Colombia. Fue publicado por la Universidad Nacional en 1988 y reeditado por la Universidad de los Andes en 2016. Estudia la historia de la gestión, la reglamentación y los problemas de tierras en el país a finales del siglo XIX y principios del XX, a partir de la descripción de las relaciones de posesión y propiedad sobre la tierra de campesinos y terratenientes, de sus dinámicas y geografías. Da claves para entender el Estado y la sociedad colombiana y las experiencias de reformas y contrarreformas agrarias que tuvieron lugar en el país.
El lugar de los bosques en la reforma agraria
La reforma agraria vuelve al centro del debate global. Sergio Carvajal recoge las discusiones de la ICARRD+20 para mostrar que redistribuir la tierra, fortalecer territorialidades autónomas y promover la agroecología puede ser clave para proteger los bosques.
Volver a este texto ofrece detalle y perspectiva histórica para situar las discusiones que tuvieron lugar en la Segunda Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural ICARRD+20 y que cobrarán relevancia en el escenario electoral actual.
Hablamos con su autora, a casi cuarenta años de su publicación, para entender la vigencia de las discusiones agrarias en el país.
Jose Venegas: Profesora Legrand, su libro estudia históricamente la cuestión agraria en Colombia a partir de la correspondencia de baldíos enviada por campesinos al gobierno que compiló el Ministerio de Industrias en 1931. Analizó 35 volúmenes de correspondencia de campesinos al Estado desde 1870 hasta 1930 aproximadamente ¿Qué encontró en la correspondencia y cómo a través de ella se aproximó a la distribución de tierras baldías en el país, la creación de conflictos por tierra y su permanencia, así como también tendencias de migración y asentamiento del campesinado?
Catherine Legrand: Yo fui a Colombia en 1975 para hacer mi investigación de tesis doctoral del doctorado de la Universidad de Stanford en Estados Unidos. Al principio pensé hacer una microhistoria del Líbano, Tolima, desde la colonización del Líbano en el siglo XIX hasta la rebelión bolchevique de 1929. Pasé un tiempo en el Líbano y después volví a Bogotá al Archivo Nacional, que en ese momento estaba en la Biblioteca Nacional en la calle 26. Y un amigo que estaba investigando su tesis encontró estos tomos de la correspondencia de baldíos y son 78 tomos, en realidad, que son una recopilación como se ha dicho del ministro de Industrias en una época de conflictos agrarios.
Jose Venegas: Hábleme de esos tomos.
Catherine Legrand: Creo que el ministro de Industrias estaba buscando entender lo que estaba pasando. Entonces juntaron y empastaron todas las comunicaciones de todos los municipios del país de 1870 a 1930. Antes de eso están en unos archivos que se llaman los Bienes Nacionales, que estaban en el Incora. Pero de lo que entiendo, nadie sabe dónde están los archivos del Incora actualmente. No sé qué ha pasado. Entonces solo tenemos lo del Ministerio de Industrias.
Empecé buscando información sobre el Líbano, Tolima, hojeando estos tomos porque no había índice. Entonces tuve que ir buscando. Me di cuenta que habían muchas peticiones de colonos diciendo que no recibieron la tierra en zonas de baldíos, pero que estaban siendo expulsados por grandes empresarios de tierras que querían consolidar haciendas en zonas de baldíos. Y entonces yo dije, ¿pero qué es eso? Yo nunca he leído de eso. Yo solo sabía de la colonización antioqueña en pueblos. Y entonces empecé a leer estas otras peticiones y son increíbles, porque son más o menos 7000 peticiones de todo el país, entre 1870 y 1930. Peticiones de las regiones en tierra templada y tierra caliente en el centro del país. En la región andina y también en la costa Caribe. La expansión de la frontera agrícola hacia los llanos, hacia el Caquetá y el Putumayo se da más tarde. En esa época eran regiones de lo que yo llamo frontera agraria, es decir, donde la propiedad era todavía del Estado y no se había privatizado. Y había conflictos entre colonos y gente con muchos recursos para reclamar, para tener propiedad y posesión y propiedad de estos de estas regiones.
Jose Venegas: El profesor Francisco Gutiérrez dice en el prólogo a la edición de 2016 que uno de sus hallazgos es que la concentración de la propiedad de la tierra en Colombia no es un fenómeno de la colonia, sino de la República, posterior a la independencia. ¿Cómo describiría esto?
Catherine Legrand: Porque las grandes haciendas de la colonia estaban más que todo cerca a las ciudades españolas; Bogotá, tal vez Medellín hasta cierto punto, Cartagena, Santa Marta y el centro del país. Y entonces había un 75% más o menos de la tierra de Colombia que no había sido ocupada por europeos o por mestizos. Entonces este proceso de migración, de apertura a las tierras templadas, a las tierras calientes, es producto de la economía agrícola, de exportación de las últimas décadas del siglo XIX y principios del siglo XX. El café, el arroz, el azúcar, el banano y otros productos que tenían demanda en Europa y en Estados Unidos. Estos eran productos tropicales que no se podían producir en estos países. Entonces hay todo un movimiento hacia estos terrenos por parte de los colonos. Primero, de pequeños productores para abrir estas tierras, para hacerles cultivar. Y después de 10 años, 20 años, hasta 30 años, vino gente con recursos y con poder para decir “usted se ha equivocado, usted se ha asentado sobre un terreno privado, y es mío. Aquí tengo un título”. Y entonces los colonos decían, “no pensábamos que era tierra baldía. Teníamos derecho por la ley colombiana, de sentarnos aquí y de posicionarnos. Estamos haciendo algo para la nación, para hacerlo producir”. Y los otros decían “no, lo siento, pero usted tiene que firmar un contrato de arrendamiento conmigo y así puede quedarse. Pero tiene que pagarme un arriendo de trabajo algunos días de la semana, o tal vez en productos agrarios arriendo o se puede ir”.
Ese fue un momento de grandes problemas. Pero usualmente los grandes empresarios de tierras lograron –a través de influencias con las autoridades municipales, los jueces regionales, etcétera– imponerse y acaparar las mejoras de los colonos. Y así se iban formando nuevas haciendas en zonas de colonización. Es un proceso dinámico, no es nada estático, no se trata de una herencia del periodo colonial fijo. Pero es un proceso que sigue, sigue, sigue, sigue hoy en día, y en otras regiones más apartadas. Entonces lo que vemos es 10, 20, 30 años de pequeños agricultores teniendo una distribución de la tierra bastante amplia. Y después de eso, una concentración de la propiedad en manos de grandes propietarios. Eso se repite en muchas regiones del país donde habían posibilidades de ganancias en agricultura, de exportación, donde se construían ferrocarriles, donde se construyeron caminos. Y eso lo vemos mucho a fines del siglo XIX y principios del XX.
Jose Venegas: El libro tiene un mapa de los baldíos en Colombia en 1821 y otro que muestra los conflictos generados por las ocupaciones ilegales de los terratenientes y las recuperaciones de los campesinos ¿cómo hizo esos mapas a partir de la correspondencia y qué demuestran?
Catherine Legrand: En Colombia no había realmente catastro, como ustedes saben, y entonces ni el gobierno, ni los municipios, ni nadie sabía exactamente qué era baldío, qué era propiedad privada y qué eran los resguardos indígenas.
Lo que hice fue tomar todas las peticiones de la correspondencia de baldíos. Muchos de los colonos no sabían escribir, así que fueron los tinterillos y los abogados del pueblo los que escribían sus peticiones para ellos, esta gente sí estaba alfabetizada. En esos documentos ellos decían: hay un conflicto aquí, alguien nos está tratando de desplazar de nuestras mejoras, de nuestras posesiones y estamos resistiendo, pero es muy difícil.
Lo que vemos es que en los años 1870 a 1925, más o menos, estos conflictos eran defensivos de parte de los colonos: ellos estaban tratando de quedarse en estas parcelas que habían abierto. Escribían las peticiones al Gobierno en Bogotá porque pensaban que en los municipios no iban a tener respuestas favorables y que las autoridades municipales estaban con los terratenientes.
Tomé nota de dónde venían todas estas peticiones y con eso hice los mapas. Y por supuesto, en esa época no tenía computador, así que se hizo a mano y se lo di a un cartógrafo en el departamento de Geografía donde yo estaba trabajando, quien lo hizo muy bien.
Jose Venegas: Ajá…
Catherine Legrand: Lo que pasa es que a finales de los años 20 y principios de los años 30 [del siglo XX] hay unos cambios en las leyes en Colombia que dieron más posibilidades a los colonos de reclamar tierras. Con la Gran Depresión de 1929 a 1930, mucha gente rural tomó la ofensiva: ocuparon grandes propiedades diciendo que esa gente había robado terrenos baldíos de la nación en años pasados y que ellos iban a hacer recuperaciones de estos terrenos para sí mismos y para la nación. Entonces, la forma de estos conflictos cambia a finales de los años 20 y principios de los 30. Lo que vemos son seis o siete regiones de Colombia en proceso de invasiones u ocupaciones –los hacendados dicen invasiones, los campesinos dicen ocupaciones o recuperaciones de tierras–.
Eso era un gran problema para el gobierno en Bogotá, porque dicen, ¿quién tiene razón? ¿Cuáles son los criterios para determinar qué es propiedad privada, o que es terreno baldío? Había una gran confusión en ese momento.
Hubo conflictos agrarios en Sumapaz, en la Zona Bananera de Santa Marta, en el Sinú, en Caldas, en Huila. En muchas regiones del país, años antes, había mucha concentración de tierra y mucha expulsión de colonos, que por fuerza llegaron a ser arrendatarios y que a principios de los años 30 dijeron: “No, no más. Nosotros somos colonos. Reclamamos que ha habido haciendas que estaban consolidadas ilegalmente por acaparamiento de terrenos baldíos”. Se tenía entonces un gran problema agrario, como se decía en ese momento. El gobierno central tuvo que reaccionar y ese es el origen del primer intento de reforma agraria en Colombia, que es la Ley 200 de 1936.
Jose Venegas: ¿Cree que los problemas de tenencia y acceso a tierras siguen vigentes? ¿Ve relaciones de la cuestión agraria en Colombia con otros problemas como los de la crisis climática y la seguridad alimentaria?
Catherine Legrand: En un sentido, son los mismos debates que vemos en los años 20, que siguen resurgiendo 100 años después. En los años 60, cuando ocurrió el segundo esfuerzo de reforma agraria en Colombia —la ley del 61–, trataron de resurgir, pero no tuvieron mucho impacto. Pasa también en los años 90, pero la sociedad era muy de libre mercado, de neoliberalismo, y no era una tentativa real. Con todo y eso, los seguimos viendo hoy en día, y eso es prueba de que sí es muy importante estudiar lo agrario.
Por ejemplo, en Colombia, el punto uno del Acuerdo de Paz es el punto rural. El Estado tiene una promesa, y esta promesa con las FARC es de prestar atención a la democratización del campo y de prestar crédito, infraestructura y tecnología, y lo necesario para que los campesinos puedan producir para la nación y llevar una vida buena. Entonces, en un sentido tenemos los mismo problemas que antes, pero hoy sí se están haciendo esfuerzos con el nuevo catastro multipropósito. Se están haciendo esfuerzos con la jurisdicción agraria, que dice que las leyes en Colombia son muy complicadas, que algunas leyes son contradictorias contra otras y que los grandes terratenientes han utilizado algunas leyes mientras los campesinos usan otras. La jurisdicción agraria quiere crear jueces de tierras que van a entender y poder resolver este tipo de conflictos.
También es necesario agilizar las compras de grandes propiedades improductivas, donde los propietarios quieren vender y el Estado puede redistribuir estos terrenos a los campesinos. Los ganaderos acusan frecuentemente al gobierno de ‘querer expropiar sus propiedades’. Se tilda al gobierno de comunista, pero en realidad —y tal vez si uno estudia los títulos de algunas de estas propiedades—, hace varios años hubo apropiaciones ilegales de terrenos baldíos por parte de los ganaderos. Sin embargo, es complicado ver los títulos de todas estas propiedades. De todas formas, este discurso no es nuevo, y desde los años 30, como en los años 60 y hoy en día, se está hablando de que el gobierno pueda comprar grandes propiedades y redistribuirlas. Se habla también de la restitución de tierras de la gran concentración de propiedad que ocurrió durante la Violencia de los años 80 y 90 hasta el Acuerdo de Paz.
Jose Venegas: ¿Qué le diría a estudiantes e interesados en temas agrarios y ambientales y los asistentes a la conferencia internacional de reforma agraria?
Catherine Legrand: Creo que hay mucho que hacer todavía, y Colombia es fascinante. Las formas de organización campesina son amplias y son muy importantes. Desde la ANUC, que estaba formándose durante el tiempo que yo estaba haciendo mi investigación en Colombia, hasta muchas otras. También están las nuevas formas de propiedad colectiva: Siempre ha habido resguardos indígenas, pero tienen muchas más estructuras desde la Constitución del 91. Las tierras comunales de los afrodescendientes en Colombia y las Zonas de reserva campesinas. Esto es una iniciativa que considero muy creativa. Hay que ver qué pasa con todo eso, y cuándo esos problemas son también problemas del medioambiente.
Cuando se debatían los proyectos de la jurisdicción de tierras, hubo gente que decía que esos nuevos jueces de tierras tomarían también decisiones sobre temas ambientales dentro de los conflictos de tierras. Otros decían que no, porque actualmente hay un Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible con su propia institucionalidad, aparte de la de Agricultura. Todo eso es nuevo y muy importante. En esa época, además, no se hablaba mucho al respecto en el Acuerdo de Paz, pero desde hace diez años o un poco más, ha llegado a ser muy importante.
En mi libro hablo mucho de lo agrario, de la agricultura, y de la ganadería, pero no abordé las tierras baldías, las minas y el petróleo como modelo de desarrollo, ni tampoco del impacto de la expansión de la frontera agrícola y del acaparamiento de tierras sobre esos recursos. Hay una nueva tesis de Julio Arias Vanegas —que creo que se va a aplicar— sobre los Llanos y las formas de intervención del Estado allí, así como las inversiones de las multinacionales. Son temas nuevos y muy importantes para estudiar, que nos dejan muchísimo para entender, porque aún no los comprendemos del todo.
Colombia es fascinante por lo regional: las formas que toman estos procesos son muy distintas en las diversas ecorregiones del país. Y hay que sumarle, obviamente, el impacto de las economías ilegales, como la coca y demás. Hay muchísimo que no entendemos y que tal vez necesitamos entender para formar políticas y cambiar las cosas.