El momento dadá de la micología / Uno y tres hongos

De cómo un micólogo hizo un gesto artístico que puso en crisis las definiciones de lo que significa un «hongo».

por

Nathan Smith, Ian Toledo


14.01.2026

Este texto hace parte de la alianza entre 070 y el Consorcio Internacional de Organizaciones de Historia Ambiental (ICEHO) con la que queremos dar a conocer y aprovechar los aportes de esta disciplina. Si quiere leer los textos de la alianza, haga clic aquí.

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¿Qué es un hongo? El momento dadá de la micología

por Nathan Smith

En lo que podría considerarse el momento más decisivo del arte dadaísta, Marcel Duchamp (1887-1968), bajo el seudónimo de R. Mutt, presentó Fuente, un urinario fabricado en serie, a la exposición inaugural de la Sociedad de Artistas Independientes que se exhibiría en el Grand Central Palace de Nueva York en 1917 (Figura 1). Cuando el original fue rechazado para su exposición y posteriormente se perdió, no importó; Duchamp simplemente puso su nombre en otros urinarios. Ni el objeto ni el proceso importaban: un objeto se convertía en arte solo con la firma del artista. 

Fig. 1. Imagen original de Fuente por R. Mutt [Marcel Duchamp].

Un caso similar ocurrió en 1962, cuando Richard William George Dennis (1910-2003; figura 2), jefe de Micología del Real Jardín Botánico de Kew, publicó un artículo titulado «Un nuevo y notable género de faloides en Lancashire y África Oriental» en la revista Journal of the Kew Guild. El artículo describe el descubrimiento de una nueva especie enviada al Kew Fungarium, un centro mundial de taxonomía de hongos, para su identificación por varios coleccionistas que, mostrando una «modestia digna de elogio», habían optado por permanecer en el anonimato. Se había encontrado una vez en Lancashire, Inglaterra, y varias veces en África Oriental, y se parecía mucho a «ciertas esferas pequeñas, duras pero elásticas, que los caledonios utilizan en ciertos ritos tribales», con un olor distintivo descrito como «caucho indio viejo o calentado». El remate, situado al final del artículo, se produce cuando, como es tradición, se describe formalmente la especie y se le da el binomio latino Golfballia ambusta.

El artículo seguía una larga tradición de bromas y engaños micológicos. George Edward Massee (1845-1917), un antiguo micólogo de Kew, era conocido por adoptar deliberadamente y en tono jocoso opiniones micológicas y científicas muy contradictorias para «agitar el avispero». También produjo varios registros cuestionables de especies nuevas en Gran Bretaña y confesó (aunque nunca públicamente) haber falsificado varias ilustraciones de hongos supuestamente dibujadas del natural. Al otro lado del charco, Curtis Gates Lloyd (1859-1926) adoptó el alias del profesor McGinty para describir maliciosamente nuevas especies, utilizando tanto el personaje como sus publicaciones como una forma de «sátira irrespetuosa» hacia los micólogos con los que Lloyd no estaba de acuerdo.

Pero Dennis fue más allá de un artículo falso. Conservó varias colecciones del «hongo» y las conservó y depositó en el Fungario de Kew entre los géneros incertae sedis (término aplicado a los organismos cuya relación con otras especies se desconoce). Los «hongos» se registraron formalmente (números de acceso K(M)230939-K(M)230941; figuras 3 y 4) y se publicaron de forma válida en una revista impresa. El resultado es que, tanto para el observador externo como según las normas y recomendaciones de la versión vigente en ese momento del Código Internacional de Nomenclatura para Algas, Hongos y Plantas, Golfballia ambusta es una especie legítima.

Fig. 2. Imagen de Richard William George Dennis. 

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A diferencia de anteriores engaños micológicos, la afirmación de Dennis no consistía en haber descubierto una especie que no existía ni en ampliar el rango de los hongos conocidos. Más bien, al más puro estilo dadaísta, Dennis desafió (y socavó) la propia concepción de lo que es un hongo al declarar que un hongo era cualquier cosa que un micólogo decidiera que fuera; cualquier objeto se convertía en un hongo con solo la firma de un micólogo.

Esta afirmación es especialmente importante en micología, donde la definición de hongo es difusa y está en constante cambio. Aunque el término Fungi, con mayúscula, se refiere al Reino de los hongos, un grupo formal y genéticamente bien definido, el uso más común de “fungi” en minúscula suele incluir a muchos otros organismos distintos que solo se parecen a los hongos. Varios micólogos, entre ellos Nicholas Money, debaten que organismos como los mohos mucilaginosos y los oomicetos pueden considerarse hongos porque tienen muchos procesos fisiológicos similares y, en una lógica bastante circular, porque son «microorganismos estudiados por los micólogos». Otros organismos, como los microsporidios unicelulares, se sitúan en los umbrales del reino y se designan como hongos en función de los conocimientos y opiniones predominantes sobre los grupos más primitivos del árbol filogenético de los hongos. Por lo tanto, ni Fungi,ni “fungi” son fijos ni fácilmente definibles. Así pues, aunque el concepto de Dennis sobre Golfballia ambusta puede resultar provocador, resulta difícil explicar qué es exactamente lo que ofende.

Fig. 3. Especímenes conservados de Golfballia ambusta fijados a láminas.

Duchamp concibió Fuente en parte para desafiar a los organizadores de la exposición, quienes afirmaban que todas las obras de arte que se les enviaran serían expuestas, una afirmación que finalmente resultó ser falsa. El poder de Fuente provenía, en parte, de su capacidad para exponer la hipocresía de los movimientos artísticos y forzar una definición de lo que era y no era arte, permitiendo que se cuestionaran los límites. Golfballia ambusta, de manera igualmente lúdica, expone las premisas variables de la identificación en micología.

Fig. 4. Especímenes conservados de Golfballia ambusta fijados a láminas.

Quizás menos lúdicos sean los recientes intentos de algunos micólogos de avanzar hacia la descripción de nuevas especies de hongos basándose únicamente en la secuencia genética. Esto no solo plantea numerosos problemas técnicos, sino también sociales, en lo que respecta a la accesibilidad de la micología para los aficionados. Al intentar describir especies basándose únicamente en el ADN, varios micólogos apelaron a las normas del Código que permiten sustituir la presencia de un espécimen físico por una ilustración en la descripción de una especie —una norma diseñada principalmente para mantener las descripciones más antiguas— argumentando que una secuencia genética funcionaba como una ilustración. Al fin y al cabo, si una pelota de golf puede ser un hongo, entonces seguramente una secuencia de letras puede ser una ilustración.

Finalmente, estos esfuerzos resultaron infructuosos, ya que el Código se actualizó para invalidar tales intentos, pero tanto el hongo de la pelota de golf de Dennis como los posteriores intentos de redefinir la ilustración han colocado un enigma dadaísta en el centro de la taxonomía micológica. Si un micólogo puede decidir que cualquier cosa es un hongo, entonces ya no importa qué es una especie. En cambio, la pregunta más pertinente que hay que plantearse es: ¿quién es micólogo?

Texto traducido de Arcadia, el portal de acceso abierto de Environment & Society, bajo la licencia de Creative Commons 4.0.

Uno y tres hongos: El día que un pelota de golf puso a la ciencia en vilo

por Ian Toledo

Las ciencias y la razón se han encargado de crear categorías, cada vez más especializadas, para desmenuzar el mundo en partes e introducirlo en vitrinas, marcos o cajones. Como en los gabinetes de curiosidades —Wunderkammer— que florecieron entre el Renacimiento tardío y el Barroco, espacios donde la burguesía y la nobleza europea exhibían colecciones enciclopédicas y objetos eclécticos, la taxonomía promete ordenar el caos de lo real. Sin embargo, con el paso del tiempo las disciplinas y sus categorías han demostrado ser inestables: los cajones se expanden, cambian de forma, se resquebrajan. Las fronteras que parecían nítidas se revelan porosas. Quizá el humano sea hábil catalogando, pero confunde a menudo el mapa con el territorio, el nombre con la cosa nombrada.

Imagen de un hongo de tierra o scleroderma citrinum.

Joseph Kosuth con su famosa obra “One and three chairs” (1965), en la que dispone una foto de una silla, una silla y la definición escrita de silla, quiso demostrar que el concepto es tan real como lo es el objeto físico. A pesar de que en el contexto del arte esta obra adquiere otros significados, en el contexto científico permite entender la aparición de Golfballia ambusta pues plantea la duda de si la definición institucional es tan real como la esencia biológica. 

Una bola de golf y un hongo de tierra (Scleroderma citrinum) son dos cosas que por sí no tienen mucho en común. Ni en lo que hacen, ni en la manera como se originan. ¿Cómo es que bajo las condiciones ideales son consideradas lo mismo? Si una pelota de golf documentada como hongo (con especímenes preservados, descripción latina, publicación validada) funciona dentro del sistema taxonómico, ¿un hongo existe por su esencia biológica o por su definición institucional?

Pero no solo eso, en la parte final del artículo se muestran los esfuerzos recientes de que la secuencia genética sea tan real e incluso reemplazar por completo la representación visual. De forma que tenemos “Uno y tres hongos”: el ejemplar físico, la secuencia genética escrita y la ilustración. 

La pregunta por la representación es en parte una pregunta por la veracidad. En un ejercicio muy similar al de Dennis, el artista y fotógrafo Joan Fontcuberta desarrolló en la década de los ochenta Herbarium: una serie de imágenes que registran pseudoplantas, ensamblajes construidos con detritus industriales, piezas de plástico, huesos, pedazos de plantas o miembros de animales encontrados en las zonas industriales del cinturón de Barcelona. Junto a la fotografía de la planta especifica la localización, características generales, etc., combinando datos reales con otros inventados. Al observar las imágenes, es claro que el uso de los lenguajes visuales de la ciencia (iluminación, instrumentos, ángulo, etc.) refuerzan la autoridad proyectada por la imagen, entonces no solo es necesario cuestionar la representación, sino también la autoridad. Si es posible que un científico use su autoridad para legitimar lo absurdo, ¿qué otras cosas han podido ser disfrazadas como verdad? Si el científico decide lo qué es el hongo. ¿Desplazamos la pregunta esencial a otro lado? ¿Quién o qué decide quién es un científico? ¿Quién o qué decide quién es un artista? 

Fungus mungus, Joan Fontcuberta.Parte de la serie Herbarium, 1983.
Benedictus Popus, Joan Fontcuberta.Parte de la serie Herbarium, 1983.
Mullerpolis plunfis, Joan Fontcuberta.Parte de la serie Herbarium, 1983.
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Nathan Smith, Ian Toledo


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