¿Sirve de algo hablar de los 100 días de Duque?

La semana pasada todos los medios hablaron de los primeros 100 días de Duque como si se tratara del evento de año. Para Santiago Rivas, autor de Acaba Colombia, 100 días poco o nada significan, y los medios deberían dedicarse a hacer lecturas mucho más profundas que las que hicieron.

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Santiago Rivas

19.11.2018

Luego de los 100 días de Duque, y del cubrimiento que hicieron los medios, me queda la pregunta de si ese ejercicio vale la pena. Y la pregunta no la planteo solo yo. Me la dejó metida el especial de la revista Semana en el que ellos mismos dicen que la importancia de los 100 es una moda que nació de una medida impuesta por Ted Roosevelt y que no es una medición definitiva de nada.

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No existe una medida real de lo que puede hacer un gobernante en 100 días. Antes de que el gobierno de Juan Manuel Santos firmase la Paz, ya fueran 100 o 200 o 300 días, todo lo que fuera antes de esa firma siempre iba a ser un balance negativo, en términos de paz. Y así funciona con el resto de los temas fundamentales: si un gobierno lograra solucionar en su penúltimo día el asunto de la tenencia de la tierra, al menos mi visión general de ese gobierno cambiaría para bien. Es una medida simplista, porque además son muchos los rubros que tiene que cubrir un presidente.

"cualquier análisis de los primeros 100 días dará cuenta de unos proyectos de Gobierno que están planteados, pero no da cuenta de ningún tipo de cumplimientos, al menos casi nunca."

En el caso de Duque y de cualquier gobernante funcionará de forma similar: cualquier análisis de los primeros 100 días dará cuenta de unos proyectos de Gobierno que están planteados,  pero no da cuenta de ningún tipo de cumplimientos, al menos casi nunca. No se sabe muy bien qué se le puede exigir y qué no se le puede exigir a un gobernante en sus primeros cien días y por eso los medios aprovechan y ensalzan su temperamento, como si eso sirviera de algo.. Honestamente, creo que todo el mundo está perdido y que eso ni siquiera da resultado: una semana después aparece la encuesta que muestra la bajísima popularidad del presidente y nos muestra qué tan desconectada está la labor de los grandes medios de la opinión de sus audiencias. Eso les está pasando factura, y seguirá así un rato.

Estos especiales de los 100 días lo que logran es que la gente se pierda más. El especial, además, aprovecha para lambonearle infinitamente al presidente. Lo mismo ocurrió con el especial de El Tiempo, en el que se lo trató de un jóven con “tendencia al jean […] que es un presidente relajado, sin que eso signifique que no haya mostrado su temple cuando ha sido necesario”.

¿Pero cuáles son las apuestas de Duque? ¿Qué hemos sabido hasta ahora? Por ahora, que el tipo no quiere gobernar con aplanadora gobiernista. Pero la otra lectura que existe y circula por las redes sociales es que está tratando de acaparar al mismo tiempo el Gobierno y la oposición desde el Centro Democrático. Nadie está haciendo ese tipo de lectura, y en cambio están ocupados en los 100 días a conveniencia. Y ya sabemos que en Colombia existen los medios de línea gobiernista. El que esté arriba es el que se apoya. Eso es algo con lo que tendremos que vivir. Pero no deja de ser problemático que en general los medios estén tan pegados del poder.

Algo interesante fue que lo que hizo el diario El Espectador: salir el miércoles 15 de noviembre, cuando oficialmente sí se cumplían los 100 días. A diferencia de lo que hicieron El Tiempo y la revista Semana, que salieron el fin de semana. Supongo que se trató de una apuesta editorial para conseguir plata. La edición de domingo tiene que vender más, tiene que ser más jugosa. Pero ese mismo día, El Espectador le dio un espacio a un tema sobre el DAS y me pareció una decisión interesante. Vale la pena remarcar este ejercicio.

"Pero lo preocupante es que esa es la misma estrategia de Gobierno y que los medios puedan volverse perpetuadores, o solamente enclaves de la misma estrategia. La prensa debe ser un contrapoder, no una facilitadora."

A mí en general me parece que estamos frente a una narrativa, que uno puede o no comprar, que es la narrativa de Duque como el chico bueno mientras que los chicos malos son los del Centro Democrático. Carrasquilla es el malo por los impuestos, Macías es el malo por la constituyente, María Fernanda Cabal es la mala por ser María Fernanda Cabal. Se va construyendo la imagen de un presidente que no está tan ligado a su partido, buscando borrar la antipatía que en muchos círculos produce el uribismo. No alinearse por completo con el uribismo para no ser afectado. Esa es la lectura que se está haciendo, que se está vendiendo. Pero lo preocupante es que esa es la misma estrategia de Gobierno y que los medios puedan volverse perpetuadores, o solamente enclaves de la misma estrategia. La prensa debe ser un contrapoder, no una facilitadora.

Estamos tan pegados del poder que los medios se convierten en replicadores de comunicados de prensa y no analistas con una voz propia o un enfoque propio. No se hacen preguntas, lo que hay son ciertos saludos a la bandera. Y se refugian en la excusa que son apenas 100 días, entonces la pregunta es: ¿por qué los hacen?

Los medios están tratando de dominar esa visión que se tiene sobre el presidente y no documentarla. Están tratando de dominar la conversación a la antigua, con los hábitos viejos, dándonos la idea de que Duque esto y Duque aquello. Pero no existe algo que diga estas voces dicen esto, estas otras voces dicen esto otro. En cambio se nos vende la idea de la lambonería mayor a través del conciliador. Volvemos a lo mismo: la narrativa del presidente que no puede lastimar ni a una mosca mientras todo pasa a su alrededor. Es decir, Semana se pregunta si vale la pena, pero igual lo hace, e igual aprovecha para hablar del gobernante como persona y no como gobernante. ¿Es eso serio?

¿Vale la pena hacer evaluaciones de 100 días? ¿Será que es una medida real? ¿Será que eso ayuda en absoluto a que la prensa cumpla con su labor de hacer algún tipo de control político al poder? Yo creo que no. Al contrario, es una oportunidad que están aprovechando nuestros medios, y sobre todo nuestros medios más gobiernistas para ajustarse a los mensajes oficiales y replicar los mensajes que desde el gobierno se están generando.

Valdría más la pena hablar de retos, valdría la pena hacer otras lecturas más complejas, menos plagadas de anécdotas o de descripciones de “el talante” de nuestro presidente, porque incluso para eso habría sido más propicio el tiempo de campaña, como se vio. Cada vez que la gente en Colombia se ve enfrentada a momentos de gran conmoción, como estos mismos, busca respuestas en los medios, porque sienten que su visión puede ser esclarecedora y así debería ser,, pero en cambio, esta se queda más corta.

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