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Untitled (2009)

Textos del curso Arte y Cine (2016-I) sobre Untitled (2009), película de Jonathan Parker. Los sonidos Los sonidos en Untitled (2009) son bastante particulares, personalmente el vestuario de Madeleine fue el que encontré más interesante y divertido. Todos estos sonidos inevitablemente hicieron que empezara a fijarme en los que usualmente intento ignorar. Mientras iba camino a […]

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Curso Arte y Cine

01.08.2016

Textos del curso Arte y Cine (2016-I) sobre Untitled (2009), película de Jonathan Parker.

Los sonidos

Los sonidos en Untitled (2009) son bastante particulares, personalmente el vestuario de Madeleine fue el que encontré más interesante y divertido. Todos estos sonidos inevitablemente hicieron que empezara a fijarme en los que usualmente intento ignorar. Mientras iba camino a mi casa, atrapada en ese bus particularmente naranja, y pensando por dónde abordar esta película, empiezo a volverme más consciente de todos los sonidos que me rodean. La estudiante de medicina que mastica chicle incansablemente, la señora que está escuchando algún merengue a todo volumen. Una vez en el ascensor, me doy cuenta de que mi vecina debe tener el tabique desviado, pues su respiración en completamente notoria y ruidosa. Rápidamente, todos estos sonidos se empiezan a apoderar de mi percepción y cuando finalmente llego a mi cuarto me doy cuenta de que el inodoro sigue haciendo el mismo ruido desde hace tres semanas. En ese instante mi paciencia se agota por completo y mi instinto animal me dice que apuñale a alguien.

Untitled

Unas gotas de agua sobre mi cara y mi histeria empieza a desaparecer. Cuando trato de entender todo lo que acaba de pasar y por qué unos simples ruidos me afectan, veo que lo que realmente me molesta no es la gente ni los objetos que hacen ruido, es el silencio que hay en mí. Ese silencio controlado que se niega rotundamente a decir las cosas porque son muy personales.

Este silencio por no hablar de cosas personales, al que Adrian Jacobs hace referencia, da a entender que estará aún más perdido y su destino será trágico si no damos nuestra alma y nos entregamos a lo que sea que estemos haciendo. En este orden de ideas, no me quedará más remedio que afrontar ese silencio para entregarme por completo, hacer sonar mi alma y esperar lo mejor.

—Michelle Groutoff.

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Un texto sin título para una película sin título

Ver Untitled me hizo pensar y reír. Yo creía que en el cine pensar y reír no venían de la mano, pero Jonathan Parker me probó lo contrario. Esta película satírica, exagerada y sobredimensionada me hizo caer en cuenta de que no sé tanto sobre arte, me sé lo básico y necesario. Lo suficiente como para no estar completamente perdido en un museo y poder impresionar a los suegros. Como todos, he visto cómo obras de Jackson Pollock o Mark Rothko son vendidas por cifras exorbitantes sin entender realmente dónde está su valor monetario. Para mí no es evidente que una serie de garabatos o bloques de colores digan o hagan pensar en algo, no llego hasta ese nivel de abstracción, pero lo entiendo. Sé que por default Picasso es un excelente artista; aunque no entiendo sus pinturas, quedo siempre bien parado cuando lo digo. Creo que entiendo el arte, pero no sé si lo aprecio. Tiene mucho y nada de racional, mil pautas que lo dictan, millones de dólares que lo compran. El arte existió y existirá siempre en la humanidad, de allí se deriva en parte su valor. El arte está en todas partes. Está en Adrian pateando una caneca, en Ray Barko conservando animales, está en un médico cuidando de su paciente, en un barbero terminando de cortar el pelo, en la radio con la canción más nueva de Justin Bieber. Nos guste o no nos guste, al fin y al cabo, eso es arte; una idea que encarna en mil y un formas.

—Andrés Daryanani

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Monólogo de un reconocido hombre culto y cómo lo interrumpe un hombre del servicio

Hombre se dirige hacia un objeto en el pabellón:

—Ahh, por fin algo excitante, exquisito desde la mera contemplación, sin embargo contiene un sublime carácter subversivo,  la irreverencia en la cotidianidad. Como un grito de Dios  que se ahoga en los lamentos de los vivos, como aullido del tiempo del hombre consciente del despropósito que es la vida. La obra no es una contestación en sí misma,  es la duda, la interrogación en su sentido lato. Su dureza angustiosa, martillo destructor de la naturaleza y la pureza. Indeterminado pero directo, pese a que en la estética es fría, incita al incendio, la cuestión acá es la valentía. ¿Quién es acaso el valeroso, las manos que lo crean, la mente que lo piensa o los ojos que lo juzgan? El peligro es intrínseco a la pieza, aquí no hay más valiente que el hombre derrotado. Deseosos por un pecado grandioso, una hibris grandilocuente. Es un universo, una analogía del cosmos que reúne cada arquetipo mundano y escupe con rabia para mostrárnoslo bondadosamente, la obra brama mientras nos arrulla.

Definitivamente es la pieza de un auténtico visionario, destinado desde ahora a trascender en este desierto que es la conciencia universal. Atemporal, es un profeta permanente, un…

—Disculpe señor, la obra de Duchamp se encuentra en el siguiente pabellón. El museo está remodelando los baños y ha tenido que poner los orinales acá mientras acaban con los pisos.

—Mateo Rosas H.

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