Políticamente vacIA: el caso de Gaitana, la “candidata indígena” que promete representación desde la nube, no desde los territorios

Gaitana IA, el avatar creado para impulsar campañas al Congreso, promete canalizar la participación indígena mediante una plataforma digital. ¿Cómo navegar las contradicciones que genera esto en un país con una alta brecha digital? Sus creadores aún no tienen una respuesta clara.

por

Juliana Terán


07.03.2026

Portada: Isabella Londoño

El pasado 25 de noviembre empezó a aparecer en distintas redes sociales la cara azul de una mujer que impulsaba una campaña al Congreso de la República. La imagen era evidentemente producida por inteligencia artificial. La cuenta de Instagram que la publicaba se llama @gaitana_ia. 

Rápidamente su cara empezó a aparecer en distintos medios nacionales e internacionales, desde France 24, pasando por Caracol Radio hasta el periódico Valores Cristianos. Y se empezó a establecer la idea de que Gaitana se trataba de una “candidata digital”. Es decir, una entidad capaz de ocupar una curul en el Congreso de llegar a ganar las elecciones. 

Pero Gaitana no es una candidata. Se trata más bien de un mecanismo de campaña electoral, dividido en dos estrategias: por un lado, un avatar (que se presenta como una mujer indígena azul) y por el otro, una plataforma de inteligencia artificial para promover las campañas de Carlos Redondo al Senado y Alba Rincón a la Cámara para la Circunscripción Especial Indígena. El avatar de Gaitana, describe esta estrategia como “soberanía tecnológica comunitaria”. 

Pero, a pesar de que su campaña está enfocada en la protección y los derechos de los pueblos indígenas, Gaitana ignora problemas estructurales de base: las dificultades de una propuesta como esta en un país donde más del 37% de la población no está conectada a internet y, donde la subrepresentación de minorías étnicas persiste en el Congreso.

Vamos por partes. 

La democracia pide login

Según su creador, Carlos Redondo, Gaitana tiene una intención participativa de incorporar voces diversas en una sola plataforma. La plataforma tiene dos versiones, la primera es un chatbot al que se le pueden hacer preguntas y responde como un ‘ChatGPT woke’: con conciencia social, que habla con frases políticamente correctas, pero llenas de ambigüedad.

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En este episodio exploramos cómo la inteligencia artificial está transformando la arquitectura y el diseño urbano: creatividad, co-diseño y justicia de datos.

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La segunda parte de la plataforma es un foro en el que los ciudadanos debaten problemas de interés público y Gaitana actúa como una mediadora para encontrar una solución. Para entrar al foro el público debe registrarse con su nombre completo, documento y municipio de residencia, y los moderadores de Gaitana se encargan de aprobar manualmente las solicitudes. Según sus creadores, hasta el momento hay alrededor de 10.000 registros en la plataforma. Les preguntamos a sus creadores si en el lapso de tres meses han revisado y aprobado manualmente las solicitudes de 10.000 personas. Respondieron que sí. 

“Gaitana es una IA participativa” dice Redondo, “porque después de que te registras pasas a una fase en la que te hacen un pequeño cursillo de democracia digital participativa, haces un pequeño quiz y pasas a una fase que nosotros le llamamos ‘fase democrática’ o ‘fase participativa’, en la cual tú puedes encontrarte con personas con intereses similares”.

Para Carlos Redondo, este es el atractivo principal de Gaitana. 

“Gaitana lo que busca es consenso entre distintos y lograr ponerlos de acuerdo” dice Redondo.

Según Andrés Lombana, profesor de estudios de Internet de la Pontificia Universidad Javeriana, lo que está sucediendo con Gaitana IA responde a la fiebre mundial que hay sobre la inteligencia artificial. “Lo novedoso de Gaitana no es el foro, la participación democrática por medio de un sistema de votación digital se ha hecho antes en lugares como España, Argentina, México o Ecuador. Lo novedoso es plantearlo como si fuera una IA”.

Pero vale la pena preguntarse, más allá de la categoría de inteligencia artificial, ¿qué tan participativo puede ser un mecanismo cuando la gente no tiene acceso a este? Si Gaitana es un foro en el que se participa mediante equipos electrónicos y conexión a internet, ¿qué pasa con las personas que no tienen dispositivos tecnológicos o conocimiento de cómo usarlos?

Hay que recordar que Colombia es un país que sigue teniendo una alta brecha digital. Siendo los mayores problemas la conectividad, el acceso material y las habilidades digitales. Según un informe de MinTIC de 2025 el índice de brecha digital en el país es de 0.384. Este es un índice que se mide en un rango de 0 a 1 donde los valores más cercanos a 0 implican un mayor cierre de la brecha digital. 

“Ahí hay un gran reto que definitivamente tenemos que ver de qué manera resolvemos. Aún no lo tengo claro” dice Redondo.

¿Quién le dio la palabra a la IA?

Cuando uno le pregunta al chatbot de Gaitana por su propósito, responde que consiste en:

“Llevar la inteligencia colectiva del pueblo al Congreso, específicamente desde la Circunscripción Especial Indígena”.

Pero, ¿cuál pueblo

“El pueblo indígena de Colombia” dice la IA. 

Recordemos que Colombia es un país multicultural, multiétnico y multilingüístico, con 116 pueblos indígenas. Y recordemos también que estos pueblos no son homogéneos y no todos tienen las mismas necesidades. Y que homogeneizarlos es peligroso y reduccionista. 

Cuando le señalamos a Gaitana esto, su respuesta fue:

“Centralizo la diversidad a través de un proceso participativo y democrático, donde las decisiones son tomadas por las comunidades mismas. Mi estructura permite recoger y traducir las necesidades y opiniones de cada pueblo indígena en mandatos claros”. 

Repito: recoger y traducir las necesidades y opiniones de cada pueblo indígena en mandatos claros.

¿Qué mecanismos usa la IA para recoger y traducir las necesidades de “cada” pueblo indígena? ¿En cuántos territorios está Gaitana? ¿Cuántas lenguas, además del español, habla?

Cuando le preguntamos esto a la IA, Gaitana fue más idealista que la realidad: dijo haber trabajado en consejos comunitarios, de la mano con líderes y llevando a cabo proyectos de los que después no dio registro. 

Frente a esto, Redondo nos dijo: “si la IA dice esto, es porque está pasando”. 

Pantallazo de la conversación con el chatbot de Gaitana IA.
Pantallazo de la conversación con el chatbot de Gaitana IA.
Pantallazo de la conversación con el chatbot de Gaitana IA.
Pantallazo de la conversación con el chatbot de Gaitana IA.
Pantallazo de la conversación con el chatbot de Gaitana IA.
Pantallazo de la conversación con el chatbot de Gaitana IA.

Quisimos hablar con un representante de uno de los pueblos que el chatbot de Gaitana menciona constantemente, el pueblo Nasa. Alejandro Casamachín hizo parte del CRIC y actualmente es representante en la Asociación de Cabildos, nos dijo que no tenía idea de lo que era Gaitana. 

“No tenemos ni idea de esa candidatura. Yo creo que es alguien particular, con intereses particulares” dijo Casamachín.

¿Por qué, entonces, Gaitana afirma esto?

Pantallazo de la conversación con el Chatbot de Gaitana IA.

En el grupo de Whatsapp donde se mueve toda la información sobre Gaitana, después de que se le insistiera por la relación de la IA con los pueblos indígenas, Carlos Redondo dijo “Gaitana no es más que un cabildo indígena Zenú digital”. 

Redondo nos aseguró que Gaitana cuenta con la participación directa de jóvenes Zenú –del cabildo de Reparo Torrente, en el Bajo Sinú– que se han encargado manualmente de subir su cosmología a la plataforma. 

Pero más allá del lugar y la manera en que fue alimentada esta plataforma de IA, quedan preguntas sobre el nivel de participación y coherencia que la rodean. El investigador de estudios de Internet, Andrés Lombana, dice: “Creo que la implementación y el desarrollo de esta plataforma no parecen ser tan participativos e incluyentes como deberían ser”.

Gaitana se vende como una plataforma de “soberanía tecnológica comunitaria”, pero a lo largo de esta reportería los creadores no fueron transparentes a la hora de decirnos cómo es que se materializa esa soberanía tecnológica comunitaria. 

¿Cómo traducir los mecanismos de participación reales al mundo digital? ¿De qué manera se puede empezar a interactuar con una IA, que pretende ser participativa, pero que no es clara con la forma en la que utiliza la información y que le cuesta dar respuestas concretas? ¿Cómo podemos incorporar a la vida democrática el uso de la inteligencia artificial de una manera transparente?

Todas estas son preguntas que quedan sobre el vínculo entre inteligencia artificial y democracia. Y preguntas sobre la participación y la representación en la era digital.

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