Los abusos del trabajo

El maltrato en salas de redacción es un fenómeno del que no se habla en el gremio periodístico. Este es el testimonio de María Alexandra Cabrera, a quien catorce meses de trabajo en el programa Los Informantes la enfrentaron al ciclo del abuso laboral.

Maria Alexandra Cabrera

Periodista

29.01.2020

Escribir este texto podría perjudicar mi carrera. Eso me dijeron varios amigos y colegas cuando les conté mi intención de contar lo que me había sucedido durante los catorce meses que trabajé como periodista del programa “Los informantes”, de Caracol Televisión. Otros me insistieron que es mejor no meterse con personajes poderosos. Pero me mueve la convicción de que no hay mayor poder que la verdad y la necesidad de empezar a hablar abiertamente de temas tan delicados como el maltrato laboral. Abrir el debate, sin tapujos, es la única manera de que nosotros y las futuras generaciones podamos encontrar caminos en los que el miedo no sea el único protagonista. 

En 2017, once periodistas contaron en VICE Colombia el maltrato laboral que padecieron en el diario La República. Lo hicieron, sin embargo, de manera anónima. Los entiendo, en Colombia vivimos muertos de miedo y hablar no es fácil. En un país en donde hemos recibido desde pequeños una educación castrense, que nos acostumbra a obedecer, tener el valor de expresar nuestras opiniones es cada difícil. Por supuesto, las empresas y los jefes se han dedicado a moldear esta vocación castrense mientras los empleados, por miedo a perder el trabajo, nos acostumbramos a callar. Decir lo que pensamos y poner límites al maltrato y el acoso se ha convertido en un riesgo en muchos escenarios laborales.

En Colombia, donde el gremio del periodismo es pequeño y donde todos se conocen con todos, hablar es arriesgarse a perder un trabajo en un país en donde crece el desempleo. Según cifras del DANE, hay casi tres millones de desempleados en Colombia. Solo en febrero de 2019, 298.000 personas, entre los 25 y los 54 años, se quedaron sin trabajo. En el terreno del periodismo la situación es cada vez es más compleja. Entre 2017 y 2019 fueron despedidos unos 700 periodistas de medios como Televisa, El Tiempo, Semana, NTN24 y VICE Colombia. No hay trabajo y, perder los pocos que quedan, da pánico. Por eso, se cuida el que se tiene, aunque muchas veces no se compartan las posiciones editoriales de los medios para los que se trabaja o se tenga un jefe maltratador. La terrible situación laboral del país y de los medios de comunicación no parece dar otra alternativa diferente al aguante. 

Además, enfrentar un caso judicial por maltrato laboral puede llevar entre tres y seis años, y tener pruebas decisivas es muy difícil. Leonor Peña, psicóloga especialista en salud ocupacional, asegura que “para demostrar el maltrato laboral es necesario presentar evidencias, pero es complejo hacerlo porque hay que tener una grabación o unos testigos y nadie se mete a defender a un tercero si lo que está de por medio es su trabajo. Además, un jefe puede tratar distinto a sus empleados y generar maltrato en un escenario privado, lo que hace más difícil tener pruebas”.

De acuerdo con un estudio realizado en 2018 por la Universidad Libre, el 70 % de las personas que ha sufrido algún tipo de maltrato laboral no denuncia por ignorancia (no saben cómo hacerlo ni qué pasos seguir) y por miedo a perder el trabajo. “A veces los empleados ni siquiera saben que están siendo acosados laboralmente. Algunos creen que no se merecen un trato digno o creen que así son los jefes y que se los tienen que aguantar. Tienen miedo y lo que quieren a toda costa es conservar su trabajo. Muchos aún no entienden que todos tenemos derecho al buen trato”, afirma Peña.

Aunque por ley las empresas deben tener un área de Recursos Humanos que vele por el bienestar del empleado, tampoco hay confianza en la mayoría de estas, ya que es común que protejan a los superiores. Cuando el periodista Martín Franco trabajó en la revista Caras, entre 2005 y 2006, él y varios de sus compañeros fueron varias veces a Recursos Humanos, de Televisa, a quejarse del trato que recibían de su jefe. “El maltrato dentro de la revista no era ningún secreto y lo sufríamos todos por igual: desde el editor de la época hasta las encargadas de la parte comercial. La actitud de la directora, Patricia Fajardo, fue siempre abiertamente hostil. No solo teníamos que soportar sus gritos, sus insultos, sino que se ensañaba a veces con tu trabajo (haciéndotelo repetir una y otra vez si no le gustaba), o echaba a la gente por el simple gusto de hacerlo. Varias veces fuimos a quejarnos en Recursos Humanos, pero nunca sucedió nada”, asegura Franco. 

Muchas de las cosas que dicen las personas que han sufrido estas formas de acoso en salas de redacción las pude comprobar yo misma cuando trabajé en “Los Informantes”. 

Otras veces el juego psicológico era más cruel, como cuando me dijo que los editores del programa se estaban quejando de mí porque yo llegaba a la sala de edición a tirar las sillas y a imponer los planos.

El silencio como estrategia

La primera ruptura entre mi exjefe, María Elvira Arango, y yo, se dio justamente, por hablar. Expresar mi criterio periodístico se convirtió en un suplicio. Aunque realicé historias que me apasionaban, al momento de editar la nota la única voz que valía era la de Arango. Por supuesto, se necesitan orientaciones y discusiones, el problema es cuando el único criterio válido es el del director, cuando se veta la opinión del otro y cuando cuestionar –lo que debe hacer un periodista– se vuelve imposible. 

Recuerdo cuando estaba editando una nota sobre un expandillero de Manizales, en la que yo daba el dato de cuánto dinero se hacía diariamente cuando fue líder de una de las pandillas más peligrosas de esa ciudad, y a María Elvira le pareció un dato irrelevante. Le argumenté por qué me parecía importante y, en vez de dialogar y decirme por qué a ella no, solo dijo, con un tono despectivo, que no le veía relevancia y ordenó cortar ese pedazo. Pero lo peor pasó cuando vi la nota ese domingo al aire y me encontré con una edición diferente a la que yo había dejado finalizada. Había fragmentos enteros cortados que le quitaron fluidez a la nota y no permitieron mostrar, como era debido, la humanidad del personaje. 

Cuando llamé al editor para preguntarle qué había pasado, me dijo que a último momento tuvieron que quitarle tiempo al programa y que María Elvira eligió cortar mi nota. Sin consultarme ni avisarme nada, ella decidió qué fragmentos quitar. Cuando hablamos (por teléfono porque yo había viajado a hacer una historia), me dijo que no me preocupara, que en el programa esas cosas a veces sucedían y que, de todas maneras, la nota había tenido buen rating. El rating era lo único que parecía importar.

En medio de tantos roces, algunos compañeros me aconsejaron que me callara, que lo mejor, para evitar problemas, era no contradecirla. Pero un periodista no está hecho para decir a todo sí, olvidándose de la importancia de dudar y debatir. Todo el tiempo me preguntaba para qué me habían contratado si mi mirada no solo no era tenida en cuenta, sino que era descalificada constantemente. 

Hasta que encontré la respuesta: había un maltrato psicológico sutil. Imponer un solo punto de vista e invalidar sin ningún argumento el de otro, es una forma de maltrato.  Para Peña, “la falta de diálogo en el trabajo propicia el maltrato laboral. Cuando se descalifica constantemente la postura del otro se maltrata su autoestima. Es como una gota que va cayendo y haciendo mella en la psicología del empleado. Puede generar depresión, ansiedad, afectar su comportamiento y hasta llevarlo a renunciar y perder el trabajo”. 

La periodista Natalia Orozco, quien trabajó en “Los informantes” durante 2013, tampoco encontró un espacio que propiciara el diálogo. “María Elvira recibía mis propuestas y las historias que quise hacer las hice. El asunto es que ella quería que se hicieran a su manera, con su criterio periodístico, con sus valores y con su visión de mundo y país, la cual era muy distinta a la mía.  Las diferencias surgieron alrededor de una entrevista con el entonces estratega militar de las FARC, Pablo Catatumbo. Me preocupó mucho que Maria Elvira con su criterio intentara editar, sin mi presencia, una entrevista que yo hice al comandante guerrillero, cuando eso podía tener consecuencias delicadas para mí y para mi familia. Y, sobre todo, quedé muy sorprendida de que me hubiera borrado con una especie de Photoshop de la entrevista que le hice a Fito Páez y ella hubiera suplantado mis preguntas como si la entrevista la hubiera hecho ella. Expertos me dicen que hubo una vulneración del derecho moral, pero cuando salí de Caracol no quise darle más trascendencia al tema. Solo sé que eso no estuvo bien hecho”. 

Por su parte, Luis Sarmiento, quien también fue periodista del programa en 2013, cuenta que “el trato de María Elvira Arango pasó muy rápido de ser amigable a ser un trato muy vertical y despectivo con un toque de arrogancia que no permitía tener un ambiente positivo y agradable a la hora de trabajar. Más allá del reducido escenario de los consejos de redacción, no había espacio para el diálogo ni para una crítica constructiva respecto a las ideas y el trabajo. Mi punto de vista no se tuvo en cuenta en ninguna de las decisiones editoriales. Nunca se discutió en términos de estructura de guion, de personajes, de arcos narrativos, jamás hubo un trabajo de fondo de construcción de historia, todas fueron imposiciones subjetivas basadas en un sí o no, un me gusta o no me gusta”. 

 Mi relación con Arango se fue marchitando. A veces aprobaba una nota, como lo hizo con la entrevista que hice con el artista Billy Pontoni y, cuando salía al aire, me citaba en su oficina y me decía que la nota no había funcionado y que era aburrida. Cuando le preguntaba por qué no me había dicho nada antes, cuando hubiera podido corregirla, me evadía. En otras ocasiones, cuando una nota no la convencía, me decía que mi problema era que “no les ponía corazón a mis historias”. Nunca estuve de acuerdo: la pasión es la que me ha movido a hacer periodismo, no ponerle corazón es como si estuviera muerta. 

Otras veces el juego psicológico era más cruel, como cuando me dijo que los editores del programa se estaban quejando de mí porque yo llegaba a la sala de edición a tirar las sillas y a imponer los planos. Todo eso me dejaba desconcertada. Cuando hablé con el único editor con el que había trabajado hasta ese momento (en el programa había tres) y, con quien la pasábamos muy bien editando notas hasta las diez de la noche, me juró que era mentira. Siempre me pregunté sobre su objetivo para mentir. Con el paso del tiempo dos compañeras me dieron su veredicto: “Te quiere aburrir”. 

En julio de 2018, cansada de la situación, decidí hablar con Arango. Le dije, literalmente: “No me gusta cómo me tratas”, “No estoy acostumbrada a trabajar así”. Creo que a los jefes hay que respetarlos, y ojalá admirarlos, pero también hay que ponerles un límite cuando nos sentimos maltratados. Como desde lo profesional no tuve tacha, solo pudo argumentarme que yo era muy terca. Le aseguré que no lo sentía así. En mis doce años de experiencia periodística nunca había recibido ese tipo de reclamo de un jefe. Por el contrario, en los medios e instituciones donde trabajé (Bacánika, Axxis, Bocas, El Malpensante, Diners y Universidad Javeriana y del Rosario) constantemente me sentí apoyada y valorada por mis jefes o mis editores, con quienes siempre existió un espacio abierto al diálogo, respeto y confianza en mi trabajo. 

Sin embargo, le aseguré a Arango que iba a revisar mi terquedad, y ella prometió que la comunicación entre las dos tenía que cambiar. Pensé que el diálogo había dado resultado y me puse como límite diciembre. Si la situación no mejoraba, a fin de año iba a pasar mi carta de renuncia. Sin embargo, Caracol se adelantó. Al mes de mi charla con Arango me despidieron sin justa causa. El único argumento que me dieron es que estaban buscando una periodista de menor categoría que la mía. 

Nada más. 

Poner el asunto de la inequidad salarial sobre la mesa la molestó muchísimo. Le pareció una imprudencia: un acto de absurda rebeldía. Debía estar agradecida por el trabajo, lo demás no importaba. 

A pesar de todo, agradezca

El equipo del programa lo conformaban ocho periodistas. De esos, siete teníamos casi la misma edad, entre los 35 y 40 años, y casi la misma experiencia periodística, entre 11 y 13 años trabajando continuamente en medios de comunicación. Algunos, incluso, teníamos maestría y habíamos obtenido premios periodísticos. Sin embargo, no todos recibíamos el mismo sueldo. 

Todos mis compañeros ganaban el doble que yo, algunos, incluso, el triple. Si todos hacíamos el mismo trabajo, si yo realizaba las mismas funciones, con la misma dedicación e intensidad, ¿por qué ellos ganaban el doble?  Entiendo que exista un escalafón y que la antigüedad en una empresa pese, pero, ¿por qué la brecha salarial era tan grande? Si la inequidad salarial hace parte del abuso laboral y la ley dicta que, a igual trabajo, igual sueldo, no es claro por qué unos siguen ganando más que otros. Aunque en el sector público los sueldos están reglamentados, en el sector privado esto no ocurre. 

En 2012 el presidente Santos aprobó la Ley 1496, que no solo garantiza la igualdad salarial entre mujeres y hombres en Colombia, sino que establece mecanismos para erradicar cualquier forma de discriminación en materia de retribución laboral. Sin embargo, no pasa nada. El círculo se repite: los sueldos se establecen según criterios subjetivos y, por miedo a perder el trabajo, se elige el silencio. La inequidad salarial no se resolverá con normas, sino con un fuerte incentivo del empleo que está lejos de suceder

En mi caso, cuando hablé del asunto del salario con Arango me contestó, sin un asomo de empatía, que no debería quejarme porque “Los informantes” era uno de los mejores lugares para trabajar en Colombia. Le dije que se pusiera en mis zapatos y me respondió que no podía hacerlo. Poner el asunto de la inequidad salarial sobre la mesa la molestó muchísimo. Le pareció una imprudencia: un acto de absurda rebeldía. Debía estar agradecida por el trabajo, lo demás no importaba. 

Para cerrar el tema, me dijo que fuera donde la gerente del centro de noticias de Caracol Televisión quien, sin un argumento válido, terminó asegurándome que mi sueldo se debía a que yo era una “periodista de color” y que lo que importaba en el programa eran las notas de orden público y las notas de abrir, de las que hice varias, como una crónica sobre los niños venezolanos que atraviesan la frontera para estudiar en Colombia o las entrevistas con la bicicrosista Mariana Pajón y el futbolista Juan Fernando Quintero.

En el programa que dirige Arango, “periodista de color” es el que cubre temas culturales o sociales, el que le apuesta a historias de vida más positivas, como muchas de las que hice y de las que me siento orgullosa. Por ejemplo, la crónica de un grupo de fotógrafos ciegos, la vida de la chocoana Josefina Klinger, la dramática situación de los indígenas Nukak, la rutina dentro de una ecoaldea, la historia del japonés Yokoi Kenji, la problemática de la marihuana medicinal en Colombia o las entrevistas con la chef Leonor Espinosa y el pintor David Manzur. Sin embargo, lo lamentable aquí es que se siga creyendo que el buen periodista es el que hace orden público, el que consigue chivas, destapa escándalos y hasta llega a arriesgar su vida por una noticia.

Dar la cara, ¿para qué?

Me despidió una señora de recursos humanos que nunca había visto el 29 de agosto de 2018. Esa mañana había entrevistado a Carlos Vives para una nota sobre Egidio Cuadrado en la que llevaba tiempo trabajando, y a las tres de la tarde me dieron la noticia. No me permitieron terminar una nota sobre ludopatía que salía al aire ese domingo y estaba en pleno proceso de edición. Me dieron dos horas para recoger mis cosas, despedirme de mis compañeros y salir del canal. María Elvira Arango, quien estaba haciendo una nota fuera del país en ese momento, nunca me dio la cara. Tampoco me llamó ni me envió algún mensaje. Fui yo quien tuve que buscarla y escribirle por WhatsApp. 

Más allá de mi experiencia personal y la de mis otros colegas, este tipo de maltrato laboral es una radiografía de lo que sucede a diario en un país en donde miles de personas no reciben el sueldo justo por su trabajo, aguantan maltratos y son despedidos abruptamente, sin justa causa. Miles trabajan con miedo. Van castrando sus talentos y censurando su voz. 

Desobedecer o pensar diferente tiene un costo muy alto. Pero, ¿vale la pena hacerlo? ¿Vale la pena aguantarlo todo por un trabajo? ¿Hay que callarse ante la inequidad salarial? ¿Hay que decirles siempre sí a jefes maltratadores solo para agradarles y conservar un trabajo? En mi caso, si miro para atrás, creo que no hubiera podido hacer las cosas diferentes. Escucharme y ser fiel a mí misma aceleró mi despido. No me arrepiento. Me hubiera dolido mucho más callarme. 

Esto me produce

  • Qué hueso
    12
  • Ojalá lo lean
    23
  • Para grabárselo
    11
  • AMO
    96
  • Uy, qué jevi
    14
  • Que la fuerza nos acompañe
    24
  • KK
    25
  • Cathyrine Psycoor

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    ¿Brecha generacional? “Cuidar el trabajo” ¿Niños mimados que llegan a exigir? “Expectativas Laborales” “Expectativas de Vida” “Expectativas sobre la Vida propia”

    “Aguantarse las cosas” porque hay otros que la pasan peor

    ¿Work? + Play
    #PLORK

    • Walter Marulanda

      Es un panorama muy desalentador, la verdad me siento muy identificado con María Alexandra, y lo preocupante es que muchas veces siendo especialistas en el área de seguridad y salud en el trabajo, y ejerciendo funciones para prevenir este tipo de casos en las organizaciones, aún así la cultura de algunas de las empresas de país no es posible cambiarla, existen contextos empresariales sumamente tóxicos mediados por una historial de abusos naturalizados por los empleados de las mismas y mediados siempre como dice la valiente periodista por el miedo, no solo el miedo a perder el trabajo y todo lo que ello implica en un país como el nuestro, sino por el miedo a ser descalificado como persona y muchas veces como profesional, a ser tachado como el rebelde y el conflictivo/a por el simple hecho de tratar de garantizar los derechos laborales establecidos en la legislación colombiana. Al leer el artículo me preocupa porque tal vez esto está sucediendo no solo en el ámbito periodístico sino tal vez en una parte significativa de los contextos organizacionales del País, en el momento la verdad sea cierta no tengo un dato científico de la situación en el país para poder generalizar mi apreciación, pero estoy bastante seguro que si se acudiera a las cifras e investigaciones se encontraría un panorama de precarización de la vida laboral y la vida en general de los trabajadores en Colombia, dado que los aspectos intralaborales terminan afectado tu vida extralaboral y tu cálida de vida si o si. Si a lo comentado por María en el artículo es decir estos sistemas de poder establecidos en las organizaciones no siempre desde una jerarquía superior hacia una inferior por así decirlo, es decir de un jefe a un subalterno (aunque es probable que sea la más común) también sucede con iguales o pares laborales e incluso con personas que estarían en una jerarquía inferior pero que por cuestiones de mayor permanencia en tiempo en una empresa generan unos liderazgos ejercen un tipo de poder de manera impositiva, le sumamos algunos tipos de contratos los cuales a la luz de la legislación no son ni siquiera laborales pero que en la práctica se configuran como tal, estos se convierten en un mecanismo adicional para precarizar esas condiciones laborales.

      Algo que me ha sorprendido desde mis inicios en el mundo laboral y que he vendido confirmando con el paso del tiempo desde mi experiencia y que no solo sucede en los contextos laborales, podría llegar a decir que en nuestro país sucede en todos los ámbitos de la vida, es que pareciera que existieran categoría implícitas de seres humanos, mediadas estás categorías por condiciones propias de las historia de estos mismos Seres humanos, su posición social, su poder político, sus creencias, su posición socio económica y también desde luego si posición de poder en lo laboral, y que no esas categorías de seres humanos establecidas así por los mismas sociedades históricamente llevan a qué los que podrían estar en categorías inferiores sean desprovistos de sus derechos en todos sentido, esto tiene desde luego un referente histórico y que preocupantemente aún en nuestros días siguen tan vigente como en la época de los griegos, y es un término acuñado por un filósofo italiano llamado Giorgio Agamben denominado la Nuda vida y el poder soberano, a grandes rasgos y sin tecnicismos, estos conceptos establecen que desde los inicios de las civilización misma las sociedades ha establecido por los factores que antes menciones estatus socioeconómico, político etc categorías de seres humanos y dentro de dichas categorías hay una que quita todo derecho moral, político y social al ciertos seres humanos que por desfortunio son considerados poco menos de animales sin valor alguno, lo menciono como es plateado para la época, aunque pareciera una cosa salida de los cabales si se analiza en el trasfondo y lo que que ocurre en nuestro país estos conceptos son contundentemente válidos, no solo por la situación que nos plantea María sino que si a eso le sumamos que eres un ser humano con algunas particulares no se te llegaría a considerar políticamente ni siquiera objeto de derechos, cómo por qué ejemplo tener una orientación sexual que transgrede lo establecido, un color de piel, una condición física o psicológica, o simplemente tener una ideas que vayan en contra de un poder establecido, un poder soberano, el cual es en términos muy coloquiales, el poder que le damos a ciertas personas o instituciones para que lo ejerza cómo representante de una parte o toda la población en un contexto social determinado, y esto es muy interesante de analizar porque de una u otra forma, se establece que a través de la legitimidad que nosostros mismos otorgamos para que se ejerzan este tipo de poder, esto lleva a qué se cree el caldo de cultivo para que esos mismos que lo ejercen, creen contextos en los que a través de dicho poder no hagan no merecedores de ejercer derechos políticos, sociales, religiosos etc etc.

  • Drichelmo Figueroa

    Muy Triste el trato de Maria Elvira Arango con sus subalternos , pensaba que era más profesional . Buena publicacion !

  • Angelino

    Lo que escribe me deja una sensación agridulce, por un lado revelar la inequidad en sueldos es importante, por otro no es un artículo, es más una queja pública y refleja una desigual lucha de egos. No sé si usted es muy joven, no sé si ha sido jefe, pero hay que entender que “El que manda manda aunque mande mal”, nadie debe cuestionar las directrices de un jefe, y si, suena mal, pero una empresa no es un convite con el jefe donde se departe de forma horizontal. Para un jefe también es muy difícil que subalternos estén cuestionando sus decisiones, hasta las mínimas, pero eso es algo que solo sabe quien ha sido jefe o lo es. Un jefe sabe cosas, maneja información que solo él tiene y no comparte con nadie, y basado en esa información toma decisiones, por lo que si un subalterno confronta o quiere imponer su criterio sin tener todas las bases para cuestionar es bastante chocante. No hay nada que negociar con el jefe, se cumplen ordenes, punto. Otra cosa diferente es si el jefe es un incompetente, poco profesional, le falta experiencia o conocimiento, si compró el título, si no sabe nada y el barco va a la deriva, pero si todo está dentro del orden el jefe es el capitán. Que pena escribir esto así tan brusco pero allá afuera el mundo es peor, por eso me gustaría que lo leyera, y que otras personas lo lean para que sigan ordenes y poco a poco y si los planetas se alinean algún día serán jefes también en una empresa, o mandan al diablo todo y se convierten en jefes en la propia de forma creativa y valerosa para que no tengan que tolerar cosas que pueden ser injustas con razón. Y no conozco a la sra Arango.

    • Alison Cantero Prado

      Independientemente de todo lo que dijo, lo primero que debe existir en el ambiente laboral es el respeto en todos los sentidos.
      Una empresa no solo la componen los jefes, también la componen demás personas y hay que aprender a tomar la opinión de otro o en su defecto, no tomarla pero respetar el trabajo de otro. Lo dice alguien que estuvo en las dos caras de la moneda.

    • Cristian

      Descripción perfecta de lo que es un jefe, por eso la mayoría de las compañías apuntan a tener LÍDERES y no jefes, por eso la mayoría de compañías que están encabezadas por jefes no avanzan o van directamente a la deriva.
      Por cierto, el respeto no es negociable en un ambiente laboral

    • Harrison Falla

      Angelino, el que manda, manda aunque mande mal, me suena a dictador, y supuestamente nos quejamos de ellos, en el mundo de los egos donde solo importa ese yo, donde el sálvese quién pueda deja a la gente en la penumbra de las desdichas cotidianas, como estás y muchas más, es de apáticos e inhumanos defender los malos tratos, los privilegios de los jefes y algunos subalternos, nublan su empatía, mientras los problemas no sean con ellos, todo marcha bien, y nadie apoya por defender y mantener el Status Quo de los jefes y algunas partes de las sociedades, cabe resaltar que la sociedad actual va en declive, y muchos se quieren salvar, es normal… Pero de qué manera? Todos quieren encajar en estos modelos sociales donde la falsedad y doble moral vive a flor de piel, además la ética del periodismo es hablar con la verdad, y estos medios casa vez hablan más mentiras y desinforman más.

    • Ed

      Demasiado trivial y retrogrado su respuesta ante el artículo, pues básicamente lo que describió es un jefe que ya está mandado a recoger, de esos jefes que no son líderes, ni buenos gerenciando y muchos menos personas proactivas…solo personajes obtusos, nada empáticos y radicales en sus opiniones.
      Y eso que dijo: “el que manda manda aunque mande mal” es lo más absurdo, eso es ser impositivo NO buen jefe!
      Cuánto debió aguantarse ud a tal punto que “somatizó” ese tipo de abusos como normales…quiero pensar que fue por una buena causa (necesidad para sostener a su familia).
      Y espero no haber sonado grosero, Sr Angelino, pero reitero, eso que usted describe este muy lejos de ser un buen jefe!
      Tuve un jefe de ese tipo y jamás le permití una humillación, pero luego del desgaste que eso genera decidí renunciar. Porque a quien le permites que te humille una vez, lo hace dos, tres y las veces que le de la gana. Por eso me identifico con el texto de la periodista.
      TOD@S tenemos derecho a un trabajo que brinde calidad dentro del entorno o ambiente laboral, y TOD@S (jefes y subalternos) tenemos derechos y deberes!

    • Ismael Fuentes

      Que respuesta tan culera la suya. Imagino que como jefe es igual a la estrato 56 de la Arango. Déjese de maricadas y acepte que en este país muchos de los que llegan a “jefe” es a punta de palanca y en general fueron malos durante su estadía en las universidades y como personas la falta de empatia y la hipocresía se convierten en su principal marca.

    • Lorena Prada Fernández

      El tipo de jefe que usted describe ya está obsoleto. Si bien es cierto que uno debe respetar la autoridad, el que la ejerce no debe abusar de ella.
      “El que manda manda, aunque mande mal” es la típica frase que aplica alguien con complejos, que se desquita con los subalternos por sus propias frustraciones.

    • Pilar

      Ese es el “liderazgo” mandado a recoger. Si no quieren gente con criterio para hacer su trabajo, entonces contrate un practicante y le pone a seguir órdenes y ni eso, es muy arrogante pensar que por ser jefe se las sabe todas y así justificar abusos.
      También trabaje en Caracol en otrad áreas, y no duré mucho por temas similares.
      Muy triste que aún allá gente, en cargos de jefes, pensando así.

    • Camilo andres

      Totalmente de acuerdo, no hay conductas del jefe por fuera de la ley y en la toma de decisiones siempre prima la voz del jefe y eso la tenia inconforme. Y si hubo algo malo que lo denuncie entonces.

    • Ines Elvira

      Es cierto, los jefes tienen más presiones que cualquiera, y arango no tenia porque estar dando explicaciones, ella es la directora, la periodista no era para ese lugar

  • Giovanny

    Tremendo relato y triste saber qué una periodista como La Monita Arango sea así pues ser jefe no significa ser Tirano. Ojalá cambie pues esto deja mal parado a un gran programa pero antes de ser profesional se es PERSONA y eso de acuerdo con la nota Arango no tiene. Éxitos en su nuevo camino para María Alexandra qué Dios la bendiga y callarse no es el camino.

  • Diana Vanegas

    Gracias por tu valentía, mi caso fue tan grave y traumático, que preferí abandonar 15 años de carrera gracias a este tipo de personajes. Vivir así y no querer verlo por miedo a perder el trabajo en una de las mejores empresas del país, para terminar lleno de miedos y ansiedades.

  • Ramiro Carvajalino Sanchez

    Está nota reafirma lo que yo, sin tantos decirles, he dicho: En los medios están los periodistas mediocres, los que se dejan manipular por miedo a quedar en el anonimato. Y creen que estar en un programa de Caracol Televisión o RCN Televisión es demostrar que son buenos Periodistas. No saben que los colombianos ya han despertado y saben que allí en esos medios están los lamesuelas y lacayos que no se atreven a ir en contra de la ignominia y la mentira.

  • Ismael Fuentes

    ¡Mujer Valiente! Lo lamentable es que esa situación pasa en todos los ámbitos laborales. El colombiano promedio cree que cuando tiene una posición de “poder”, es para posicionar a su rosca y joder al que lo mire mal.

  • Alizon Cuesta

    Como estudiante de comunicación social y periodismo ver este tipo de artículos me deprime, Tu situación colega ha sido inaguantable y aún así hasta hoy te atreves a hablar abiertamente de ello.

    Siento que me voy a enfrentar a un monstruo come almas allá afuera, y que me escupirá en la cara siempre que tengan oportunidad.

    Una lastima, yo también me siento periodista de color, eso no lo cambiaré, por mi, por ti y por todo aquel que crea en la necesidad de enfocarnos para trabajar con la gente y para la gente.

    • Dario

      Métete a los deportes o a la música, el periodismo está podrido

  • José

    Una Joyita la señora Arango, la típica acosadora laboral¡

  • jairo jaime

    Admiramos el personaje, el profesional, pero desconocemos el ser humano, para referirme a Maria Elvira Arango, esa podria ser la interpretacion de esta triste pero real cronica acerca de como se manejan las relaciones laborales en los medios, animo que tu pasion por la profesion supera este pequeño contratiempo.

  • https://www.facebook.com/app_scoped_user_id/100000760537903/ Xavier Santamaría

    #FelizJueves Hace mucho tiempo se ha escuchado sobre el despotismo ególatra de la señora #MaríaElviraArango, otro dinosaurio del periodismo al que los medios endiosan. En todas partes se cuecen habas, el maltrato y persecución laboral son pan de cada día.

  • Juan Pablo

    No es normal leer este tipo de relatos en medios públicos, y que tenga tanta realidad no sólo del ámbito periodístico, sino que relata una realidad que hemos vivido muchos en nuestro precioso país en otras disciplinas. Unos mas, otros menos, pero siempre gracias a que muchos jefes se han esforzado por llegar donde están pero no siempre esos ascensos están en línea con la calidad personal y EQ que un jefe debe manejar cuando tiene personas a cargo. Las compañías deben crecer y salir adelante, y con esto en mente la EQ o la calidad personal de los jefes pasa a un segundo o tercer plano en la mayoría de las compañías. Sólo importan los resultados. Como si las personas satisfechas al interior de las compañías no aportaran mas a ese desarrollo anhelado por las mismas. Nos metemos cada vez mas en la estrategia del caracol…..

  • Sebastian Avendaño

    Valoro mucho su nota, es una radiografía clara y concisa que refleja la falta de formación estratégica y humana que tienen las personas que ejercen cargos de manejo y confianza. El ámbito laboral contaminado por las múltiples emociones diarias, que como seres humanos vivimos y experimentamos, se encuentra en manos de personas que no están capacitadas para interactuar con otras personas, tanto así que su despotismo y superioridad, se hacen visibles cuando se encuentran vulnerables al conocimiento y a la realidad. Estoy convencido que la mejor forma de aplacar los intentos de opresión, es enfrentando la realidad y manifestando cualquier acto de agresividad, de inmediato no ante los superiores, si no ante el consumidor, el que realmente importa que compra el contenido y se queda con el.mensaje de “buena onda y calidad”, el cual en su mayoría de veces, no reconoce que el otro está sediento de poder y visibilidad, lo que finalmente deja entrever, la ausencia de respeto y de humanidad.

    • Dud

      Si claro care monda

  • ugo

    Mi admiración y que Dios te guíe por un camino mejor,no sabía que está directora de los informantes era tan basura

  • Jhon

    Trabajé en dos multinacionales con mucho prestigio y sufrí acoso por parte de mis jefes, ambas mujeres.
    El trato era denigrante con burlas, cero apoyo, y constante presión, diferente a la q ejercían sobre mis compañeros.
    Si bien eran puestos pequeños , pq recién me formaba como profesional y necesitaba el trabajo con urgencia, considero mis experiencias en Movistar y Motos Honda, como las peores a nivel laboral.
    Cómo hombre resulta aún más difícil denunciar este tipo de actos, pq se es objeto de burlas y cuestionamientos, y además pq las personas q ejercían el acoso demostraban resultados y tenían mucha experiencia en dichos cargos.
    Pero el cómo obtenían los resultados no importaba para los superiores, lo importante era obtenerlos.
    Tener q trabajar los sábados obligatoriamente, cuando en mi área en Movistar en ninguna sede lo hacían, y no sé tenía cobertura en ARL por no ser un día laboral y al riesgo de cualquier accidente.
    Tener q enviar informes un sábado en la noche aún estando fuera de horario laboral.
    Tener una aplicación q rastreaba el movimiento q se hacía todos los días laborales y aún los días de descanso, vulnerando el derecho a la privacidad.
    Contrato por prestaciones de servicio donde te pueden despedir sin dar mayores explicaciones, y sin derecho a indemnizaciones.
    Y muchas otras experiencias q dejan mal paradas esas empresas pero q sin embargo, no pude denunciar pq necesitaba las referencias laborales y q además no sabía cómo reclamar mis derechos.
    Ojalá salga una normativa q permita denunciar estos actos y pueda beneficiar de verdad al trabajador.

    • CHAPIRRI

      No hay nada peor que tener jefe mujer y no es por sexista, me encanta trabajar con mujeres que quede claro

  • Camilo andres

    Si hubo despido sin justa causa le dan su indemnización de acuerdo a la ley. Realmente más que acoso laboral me parece una evidente batalla de egos entre un empleador y un empleado cada uno tratando de defender sus puntos de vista, en los ámbitos creativos prima siempre el criterio de el jefe o la cabeza del grupo (director) en la toma de decisiones y eso no tenia conforme al empleado ya que durante todo el articulo resalta ese aspecto. Pensaba que iba a hacer algún tipo de acusación o denuncia de conducta grave o en contra de la ley.

    • @PIEDRAVERDE

      Conozco a las 2 personas implicadas en esta “denuncia” he trabajado con ellas y son excelentes profesionales, María Alexandra ya hizo su denuncia, y los invito a que antes de soltar un sin número de prejuicios escuchen la otra parte. María Elvira Arango es una persona muy profesional, con carácter, de indicaciones claras y contundentes, una inteligencia de admirar por eso esta donde esta… pero tener carácter no es sinónimo de ser un mal ser humano, conozco su bondad y su gran corazón. Si María Alexandra desea escribir y ejercer su profesión sin que nadie le corrija, edite o cuestione creo que debe crear un blok, o irse a un medio independiente donde pueda expresarse con total libertad. Y sí aquí hay un ego herido y no es precisamente el ego de la directora de Los Informantes.

      • Ines Elvira

        Cierto

  • XAUROZ.

    Lo normal, de la paisa, prepaga, en la época de Carlos castaño, y lo sigue haciendo, ahora con el genocida eterno, solo miente y hace reportajes,según le mandé el enano genocida.

  • liliana salazar

    Y no es solo en el ámbito periodistico, en el sector educativo, docentes (compañeros) y directivos docentes son los campeones en el maltrato y acoso laboral, silencioso, malicioso, malintencionado que te llevan a dudar de tus capacidades, de tus competencias y que desencadenan en crisis de angustía y depresión. Y el miedo nos gana y como siempre dejamos pasar las situaciones hasta que se convierten en invivibles y como dice la nota “te quieren aburrir” y claro que lo consiguen y terminas renunciando. Triste realidad de nuestra Colombia, pero pasa todos los días y en todos los sectores: público y privado.

  • Augusto Velasquez Elejalde

    Esto sucede muy a menudo en la sociedad, desde todos los ámbitos, aún desde los que se precian de ser portadores de la verdad,

  • Jimena

    María Alexandra eres una mujer valiente y tienes el apoyo de quienes también hemos sido acosados laboralmente. Soy comunicadora social y periodista de la universidad Externado, he sido acosada laboralmente en lugares como Casa Editorial El Tiempo en la Revista Elenco, haciendo mis prácticas y en la emisora Melodía Estéreo no solo fui acosada de forma laboral, sino también sexual. Ejercer el periodismo en este país es aguantar malos tratos y tener un sueldo de miseria.

    • Luis K. Rubio Urrea

      Asi es. Por esos sueldos de hambre fue que jamás quise ejercer en los medios. Llevo mas de 20 años en la comunicación institucional, mas de 10 años en la oficina de prensa de la mejor institución del país : el DAS. Y allí tuve una jefe acosadora que venia del canal rcn, pero como yo además soy detective y ostentaba ese cargo en el departamento, obviamente no me deje. Y ahora llevo 8 años en la Fiscalía y me considero afortunado. Pero me entristece la situación de muchos de mis colegas…

  • Angelina

    El acoso Laboral esta en todos lados, o sino pregunte en la U de los Andes, por que sacan a la gente cuando se queja al famoso comité de convivencia, ahí siempre sale el pobre maltratado por que el maltratar tiene le poder y ese nunca se va a ir.

  • Orlando Fontalvo

    Felicitaciones, es mejor no dejarse de intimidarse de nadie, decir las vainas de frente y claras . en esta vida nadie es eterno en el trabajo ; como dicen por ahi todo tiene su final esa señora tambien le pasara lo mismo.

  • C

    Para darle continuidad al tema en el sector de comunicaciones, valdría la pena también destapar los abusos a quienes trabajan en agencias de PR. Viví y conozco casos muy delicados.

  • Andres Calamaro

    Felicitaciones por este excelente artículo. Esta es la realidad de todos los trabajadores en Colombia que no solo pasa en el periodismo sino en todos los trabajos en general. Hablas de una realidad de la que todos sabemos y ninguno es capaz de decir por el miedo a perder el trabajo. Valentia es hablar y decir las cosas. Cobardía es callar y dejar que pasen.

  • https://www.facebook.com/app_scoped_user_id/YXNpZADpBWEUyWW0zYmtwRGxwRmNwX2JhN09xdXMwdHYwNmJaWVAwLWllT1NPcmNneFFCUjhUTUNyOHV4RFJUUmxPNEwyUWk0VFJrVGdWT3RMQmx0TXFYRmNhalBLMEJtcVBaOC10LXpPQ1d1d3pFTQZDZD/ Raul Zapata Saldarriaga

    COM MAYUSCULAS Y ME DISCULPAN ANALIZANDO ESTE CALURISI TEMA DEL MANEJO DEL RECURSO HUMANOS EN LAS EMPRESAS CUALQUIERA QUE SEA EN COLOMBIA ES DURO ES MELANCOLICO ES INVEROSIMIL VER COMO SE ATROPELLA AL EMPLEADO EN COLOMBA, MIRE YO TRABAJE EN UNA EMPRESA GRANDE COLOMBIA QUE ALMACENA , PROCESA Y COMERCIALIAZA EL BUEN CAFE DE COLOMBAI POR MUCHOS AÑOS Y ALLI VI MLO MISMO QUE CUENTA Y MANIFIESTA ESTA PERIODISTA RD UN DESCARO COMO ALGUNOS JEFES MANIPULAN TRATAN SE ACOMODAN PARA TOMAR DECISIONES EN SU FAVOR NUNCA EN SU CONTRA -OJAL A E LA SRA MARI ELVIRA NO LE HAGAN LO MISMO QUE ELAL ESTA HACIENDO OJAL

  • Olgalu

    Se nos olvida q cuando nos contratan se habla se “colaboradores” y no de empleados “subyugados” hechos pa’ hacer caso, esa mentalidad feudal .
    Eres una Valiente y casos como el tuyo hemos vivido a lo largo de la vida laboral muchos profesionales de las comunicaciones y el periodismo

  • Camilo andres

    Al principio pensaba que era una guerra de egos entre 2 periodistas pero si lo piensas bien parece más una carta de resentimiento de un empleado despedido por no acatar ordenes de trabajo. No se si en el periodismo conocen el termino de subordinación, en el trabajo haces y acatas las ordenes de un jefe y seguramente Caracol tiene allí a su jefe para eso, para hacer funcionar a los periodistas. Si no le gustaba que la corrijan debió renunciar hace rato. Diferente es si el empleador comete faltas al código de conducta laboral o faltas a la ley pero no es el caso aquí ya que solamente acude a que estaba cansada de su trabajo porque no lo publicaban como ella quería; Pregunto yo: para qué tienen el director entonces? que monte entonces un canal en youtube o haga blogs si quiere manejar su propia línea editorial. Y para colmo tiene basta experiencia en periodismo así que debería saber como funciona el negocio en los grupos grandes de comunicación lo que evidencia que es un escrito únicamente para generar una polémica y generar empatía con gente que realmente ha sufrido problemas laborales serios usando la típica frase: “Me decían que no debo publicar esto pero ahí va”

    • Elsa Lucia Cabrera

      Para mi usted es un trabajador vendido al decir:”debería saber cómo funciona el negocio en los grupos grandes de comunicación”. O sea que la Comunicación es una mafia donde todos los comunicadores tienen que ser mal tratados?? Es importante que usted se instruya de cuantas clases de maltrato existen y cómo estas afectan la salud de la persona maltratada.

      • Camilo andres

        No Elsa no se confunda, nunca se habló de maltrato al referirse al negocio de la comunicación. Cuando usted trabaja para un noticiero, un periódico o cualquier medio siempre hay un director que es responsable de cuidar la línea editorial y toma las decisiones basadas en ello y es quien decide que se hace y que no. LA periodista aquí lo que acusa es que su trabajo fue modificado o no se tuvo en cuenta opiniones. Si hubo maltrato debería mostrar pruebas reales y no acudir a hechos detrás de una toma de decisión. Un profesional con pruebas suficientes ya hubiera llevado el tema a la justicia y después hacia el articulo pero evidentemente aquí pasa todo lo contrario.

    • Samuel oswaldo navas

      Esto no es nuevo Caracol máscara a los periodistas y actores ya se ha evidenciado en muchos quienes han tenido que salir por su cuenta y echados no obstante cabe resaltar esto inició cuando el proceso de paz las farc hicieron su aporte en ese canal tan es así fue el único medio que invitó a esa gente a conocer sus Instalaciones HUBO MERMELADA yo no aguanto ese canal.

  • Bibiana gama

    Una vez más se demuestra que la objetividad periodística se le refundio a más de uno, sobre todo cuando esos periodistas y los medios están al servicio del gobierno de turno, y eso es más que evidente en rcn y caracol, semana, el tiempo, el espectador etc……

  • Joaquín Polanía Rojas

    Me parece que esta forma de denunciar debe servir para que cientos y hasta miles de periodistas y demás trabajadores que son objeto de discriminación y de acoso laboral, tengan la fuerza suficiente para hacer las denuncias y que todos los colombianos conozcamos qué patrones tenemos y qué medios de información son los que más abusan de sus empleados.

  • KSafe

    Infortunadamente es una situación que se vive no solo en los informantes, también en séptimo día y Cuatro Caminos, donde trabajé casi 5 años como productora. Qué es una productora? Quien busca la historia, la pelea frente al jefe, busca los personajes, los convence de hablar, busca todos los demás elementos necesarios para contar la historia en incluso le redacta las preguntas a los reporteros, a veces también viaja y hace las entrevistas para los reporteros (ellos solo se graban haciendo las preguntas) los mismos que salen en TV haciéndole creer al televidente que son ellos los investigadores. Que cuánto gana un productor? Ni la mitad de lo que gana un reportero, y sí es la cabeza pensante del equipo. Eso es también maltrato laboral, pero esa es la fórmula de 7D que repitió RCN con 4Caminos.

  • KSafe

    Ah, sobra decir que muchas veces aunque un productor es quien consigue y hace la historia, son los reporteros quienes deciden (según su conveniencia o línea editorial personal -tuve por ejemplo una vez una reportera homofóbica) qué se dice o qué se oculta, cómo se cuenta, quién queda como el malo en el reportaje. Muchas veces estuve en desacuerdo, pero para ellos lo importante es el show, lo de fondo siempre sobra.

  • Marina Mateus

    La felicito, los principios y la dignidad no se negocian!!!… Algo de lo q esa señora Arango no tiene idea, pues según dicen ha ascendido o se ha mantenido en los medios lambiendo o a través de otros comportamientos non santos!!!

  • Lorena

    Cómo tú historia muchas! Tuve una experiencia prolongada por 5 años de 7 en una empresa. Una de las firmas más importantes del país, con gente de la “alta” que en verdad es más baja por la clase de trato, palabras, actitudes y demás. Como me gustaría contarte mi historia, porque efectivamente como mencionas, no supe cómo denunciar a una abogada laboralista. Explícame qué esperanzas de justicia podía yo encontrar?

  • Diana

    Es admirable la tenacidad y la valentía que ha tenido al escribir esta nota, ojala la dignidad pasara ampliamente a los espectadores de este tipo de contenidos.

  • Fabio Castillo

    Gracias, colega, por tu valentía:la crisis en los medios se echa sobre la espalda de los reporteros, y es algo a exhibir para mejorar. La opción es sindicalizarse para enfrentar como un colectivo ante la concentración en la propiedad de los medios

  • Luis Ospino

    La arrogancia la prepotencia y la soberbia de esa oji sarca no tiene límites. La Arango es la Gurisati de Caracol….

  • Silvia

    Aplaudo mucho tu testimonio, llegue a pensar que solo nos sucedía a los que estamos de tecnologos… He sufrido tanto desprecio laboral que gracias al estrés y al quedarme callada me gané una Diabetes tipo II. Ahora aún lucho por mí salud pero debo seguir lidiando con Jefes de ese calibre. ¡Gracias por hablar por todos!

  • Victoria Delgado Castillo

    gracias por poner voz a muchos que hemos sufrido acosos y vulneraciones laborales. Desafortunadamente muchas de las personas que están en cargos de lideres ,no saben serlo y creen que es usar su cargo con “poder” para lastimar y menospreciar la capacidad y humanidad del otro. Esto es un reflejo de la inmediata necesidad de formar a los profesionales en temas humanos y técnicos para asumir cargos y el trabajo necesario en mantener la salud mental individual y colectiva en entornos laborales .

  • Mmmmm

    ESTO ES REAL COMFAMA, LA UNIVERSIDAD COOPERATIVA DE COLOMBIA, EN MEDELLIN SON EMPRESAS DE FACHADA TRAS UNA FRASE DE QUE SE PREOCUPAN POR EL CLIMA LABORAL, PERO EN REALIDAD PREMIAN AL MALTRATADOR Y CASTIGAN AL SE ATREVE A HABLAR. EN LA UNIVERSIDAD COOPERATIVA DE COLOMBIA SEDE MEDELLIN ES UN NIDO DE GENTE MALANDRA NO RESPETAN SON ORRIBLES

  • Edgar Jesus Cortes Ospina

    yo pase por una situación parecida en el comando de reclutamiento del ejército como periodista. un sargento de un grado inferior intervenía en los consejos editoriales ,tenía voz y voto ,además de ser un grosero y resentido(creo que epa colobia se expresa mejor que este cafre) ,el jefe del área un teniente que se rehusaba a salir del closet( un hombre cobarde ,tibio y pusilánime) , enamorado de un soldado a quien enviaba mensajes de amor por wassp el tercer espécimen la esposa de un sargento que quería fungir como jefa mía y meterle la mano a las piezas audiovisuales sin tener el menor conocimiento de realización de tv. ustedes no se imaginan la experiencia de haber caído en manos de estos tres parásitos y mediocres seres humanos. por ahi los vi el otro dia en sábados felices aplaudiendo entre el público.trabajar con militares es una mierda ,son muy brochas y brutos .felicito a la colega y me solidarizo con ella..

  • Diana

    Por fin alguien que se atreve a hablar. No olvido el día que también me despidieron en recursos humanos y salí de ahí para tener explicación de los jefes que jamás dieron la cara. Que experiencia tan fuerte trabajar ahi! Aplausos María Alexandra por escribir sobre este tema.

  • Daniel Méndez

    Realmente no siento que haya habido maltrato laboral en este caso. Simplemente está periodista tiene dificultades para aceptar que un medio de comunicación el director marca la línea editorial, así como en una empresa cualquiera el gerente toma las decisiones. Y qué es normal que haya distintos salarios de acuerdo a las circunstancias.
    No veo nada valiente en la denuncia; veo a una persona frustrada por no poder ser jefe antes de hacer la carrera correspondiente.

  • Wilmar Lozano

    Es importante dejar de apoyar a estos canales dejando de verlos y acercarse al periodismo alternativo e independiente, fortalecerlo.

  • Ximena Zuluaga

    Siempre tuvo fama de mal geniada, no me extrañan estos testimonios.

  • Boris MB

    Existe alguna nota periodística independiente (como 070) que diga de dónde viene (profesionalmente) y quién apadrina a María Elvira Arango?

  • juanka montoya

    Soy colega admirrador de su trabajo líder con discapacidad múltiple toc y baja vision búsqueme en Google youtube como juan carlos Montoya acevedo y sabrás de mí y mis avances en mi proceso, admiro este medio y espacio informativo alternativo crritico y educativo ya que se han convertido en un referente de opinión pública seria posible Trabajar desde lo periodístico educativo los temas de discapacidad múltiple y sobretodo discapacidad mental psiquiatrica? Mostrar que no somos psicópatasy cuando podemos de nuestra parte y estamos conscientes de nuestra condición somos un valor agregado grande peeo ustedes como comunidad neurotipica se tienen que poner en nuestros zapatos y apostar por nosotros acompañarnos, es un problema de salud publica

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