La Libertad de Chabelo: cantos de bullerengue y juegos para la paz visitan Bogotá

La experiencia de la cantaora Isabel Martínez muestra cómo se puede reconstruir una comunidad a partir del afecto, del baile y del verso. Hace poco meses Chabelo, como la conocen, visitó Bogotá.

por

Juan Sebastián Rojas E

Profesor de Cátedra, Departamento de Música Uniandes


09.04.2026

Portada: Isabella Londoño

Esta nota hace parte de “Acordes, balas y acuerdos: 60 años de música y conflicto armado en Colombia”, un especial producido entre Cerosetenta y la Biblioteca Musical de la Paz. Si quiere ver las otras notas del especial, haga clic aquí.

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A finales de octubre del 2025 tuvimos la fortuna de recibir en Bogotá la visita de Isabel Martínez, también conocida como “Chabelo”, una reconocida líder cultural y sabedora ancestral del pueblo de Libertad, Sucre. Chabelo es cantadora de bullerengue y experta en los juegos de velorio y otros rituales funerarios de la tradición afrocolombiana del Caribe. Estas tradiciones han tenido un rol importante en los procesos de construcción de paz en esta comunidad, víctima del conflicto armado colombiano.

La resistencia cultural en Libertad, Sucre 

Libertad es un corregimiento de San Onofre, Sucre. Es un pequeño pueblo campesino, en la zona costera al norte del casco urbano del municipio. Llegué a él por primera vez en mototaxi, atravesando una agreste carretera destapada. Era enero de 2014 y allí conocí a Isabel Martínez, una increíble mujer: matrona, madre de 16 hijos y abuela de decenas de nietos y bisnietos. Además de sus conocimientos orales ya descritos, es partera, yerbatera y rezandera. Chabelo es guardiana de una antigua tradición de saberes populares que en tiempos pasados era común entre las comunidades afro del Caribe colombiano. 

La historia reciente de esta población está marcada por la cruenta retoma paramilitar de Montes de María, un proceso violento que dejó miles de muertos desde la década de 1990 y cuyo epicentro fue, precisamente, San Onofre. Rodrigo Mercado Pelufo, alias “Cadena”, jefe del Bloque Héroes de los Montes de María, de las Autodefensas Unidas de Colombia, ordenó numerosas muertes y hostigamientos de todo tipo contra la población civil. Libertad fue afectada y desde 1996 el paramilitar Marco Tulio Pérez Guzmán, alias “El Oso”, y sus secuaces se tomaron el pueblo y lo ocuparon por ocho largos años.

Durante este tiempo hubo masacres, decenas de muertos, cientos de desplazados, cientos de abusos sexuales contra las mujeres liberteñas, frecuentes palizas y castigos físicos, y también toda clase de robos y despojos a la población local: dinero, animales, maquinaria, tierra, objetos de valor y fuerza de trabajo. Además, los paramilitares implementaron un control social estricto y tiránico, racista y misógino, que generó una fractura profunda en la identidad, la confianza y el tejido social de la comunidad. 

En 2004, los paramilitares fueron expulsados finalmente del pueblo y, en este contexto, la figura de Chabelo adquirió una fuerza sin precedentes. Lo cierto es que a pesar de las prohibiciones contra las expresiones culturales tradicionales –toques de tambor, cantos de bullerengue, juegos de velorio, etc.– ella nunca las abandonó. Y cuando el pueblo se liberó, estas viejas prácticas se convirtieron en uno de los pocos recursos, profundamente sentidos, que facilitaron la rehabilitación del tejido comunitario. La violencia había dejado una huella que parecía indeleble. Nadie confiaba en nadie, la pobreza se comía los ánimos de todos y la enfermedad no daba tregua. En este contexto, Chabelo fue adalid de la memoria, de esa memoria ancestral, de sabidurías acuñadas en tiempos remotos, del cómo (re)construir una comunidad a partir del afecto, del compartir, del gozo, el juego, el canto, el baile y el verso.

La maestra Isabel Martínez “Chabelo” en Bogotá

El trabajo de Chabelo ha tenido visibilización desde comienzos de la década de 2010, cuando los procesos de reparación colectiva y atención a las víctimas iniciaron en Libertad. Esto le permitió a Chabelo dar a conocer sus saberes ancestrales ante activistas, funcionarios, investigadores, medios y organizaciones de distintas partes del país. Un resultado de esto es una alianza entre la Corporación Dunna, Sonidos Enraizados y mi persona para desarrollar un proyecto de cine documental alrededor de su figura e historia. Esto se concretó en el año 2025 con la visita de “Chabe” y su hijo Bellanor “Bello” a Bogotá para realizar varias actividades culturales y registrarlas en video. En el documental, queremos mostrar a Chabe como la persona que conocemos y nos ha cautivado: una mayora alegre, perspicaz, llena de carisma, resiliencia y una oralidad virtuosa, con saberes profundos sobre la agricultura, la ganadería, el manglar, el arroyo, las yerbas, los rituales, la música tradicional y todo lo que tiene que ver con la vida en los pueblos rurales del Caribe.

La presencia de Chabe en la metrópolis fue importante para nutrir a esta urbe dura, siempre necesitada de más procesos comunitarios. La experticia primordial de la maestra es su dominio de los rituales fúnebres: el orden cosmológico, la preparación del muerto, la hechura de altares, los rezos, cuentos, comidas, bebidas y, sobre todo, los juegos de velorio. 

Recuerdo como si fuera ayer el velorio de Vicente Porto, uno de los maestros de Chabe, en 2016. La primera noche del velorio ella lideró juegos hasta las cinco de la mañana. Asistieron más de cien personas y la gente pasó momentos memorables. Varios asistentes me confesaron que así mismo eran los velorios de antaño, antes de la ocupación, antes de que los paramilitares los prohibieran. El trabajo de Chabe en el pueblo ha logrado lentamente revitalizar estas prácticas importantes para la integración comunitaria y la identidad local, contribuyendo a los procesos de construcción de paz. Nos muestra cómo recuperar la cultura local puede restablecer mecanismos ancestrales para mantener unida a una comunidad.

Los juegos son rondas cantadas con movimientos preestablecidos y respuestas de canto colectivo. Contienen un picante doble sentido y a veces también agresiones controladas. Para los asistentes no reírse y no divertirse resulta imposible. Es la potencia de esta performance que, en los intersticios entre rezos a lo largo de la noche, construye un ambiente de socialización alegre y lúdica, produciendo algarabía y jolgorio. Es una forma de relacionarse con la muerte distinta a la del catolicismo oficial que se practica en las ciudades. El velorio, ritual de nueve noches, construye para los dolientes un microcosmos de apoyo comunitario en momentos difíciles.

Esa forma de ver el mundo, de entender el sentido de comunidad y poner la tradición al servicio de los lazos afectivos, la experimentamos con Chabelo en su taller en el Semillero de Bullerengue de Bogotá. Unas 60 personas asistimos al taller y gozamos con el palabreo de la maestra, acompañamos con coros sus bullerengues y aprendimos varios de estos juegos. “La marucha”, por ejemplo, es un juego de velorio cuya tonada en forma de ronda infantil tiene una sección de pregones que adquiere un matiz fuertemente sexualizado y siempre hace reír a todos:

Dale el cordel a la chucha

¡Ay marucha!

Como que quiere coser

¡Ay marucha!

Ya me cosió la mondá

¡Ay marucha!

Este es un video de ella en su patio, con sus nietos, practicando “La marucha”. 

En Libertad, “La Marucha” se ha convertido en un símbolo de tradición oral e identidad. Considerada vulgar e inapropiada como consecuencia de la imposición racista y colonial de los paramilitares, Chabelo ha realizado un trabajo significativo para revalidar esta tradición ancestral y devolverle su lugar y función dentro la cosmología liberteña: una expresión oral destinada a generar alegría y risa incontrolable de forma efectiva en momentos de dolor. Así se ve el restablecimiento de los derechos de las víctimas cuando opera desde lo local, desde el mismo territorio. 

En el taller también jugamos “El café”, infaltable en los velorios, en el que los participantes hacen una fila en la que la persona a la cabeza lleva el ritmo y llama acciones (“¡agachaíto!”, “¡como el sapo!”, etc.) que la gente imita mientras responde el coro. Cuando la cabeza alcanza la cola o cuando alguien se equivoca en la acción, la cabeza, que lleva un chamizo o un tizón, hace como si golpeara suavemente a la persona que pierde. Los asistentes vivimos directamente la manera en que estas expresiones tienen impacto afectivo profundo en quienes participan, como ocurre en Libertad. Esto cuestionó nuestra forma urbanizada y moderna de asumir la muerte: siempre triste, nostálgica y trágica. Chabe nos obsequió su maestría en estas tres horas de conversación, juegos y rueda de bullerengue.

Ese viernes tuvimos concierto en Casa Kilele, una casa cultural en Teusaquillo. Nos encontramos a las seis de la tarde con las compañeras de La Rueda y Urián Sarmiento, quienes fuimos los acompañantes de la maestra para la presentación. Dos nietos suyos que viven en Bogotá también se unieron y participaron en el concierto. Unas 70 personas gozaron con el espectáculo. En la primera parte, Chabe cantó sus canciones y narró la historia de algunas de ellas, inspiradas en su relación con el conflicto armado, como el merengue vallenato “La pobre campesina” o “La vejez”. El repertorio incluyó aires de chalupa, con temas como “Tío Lobo” y “La guacharaca”, y varios bullerengues sentaos de su autoría, como “Remando” y “Bullerengue na’ má”. Esta última canción adquirió renombre desde 2015, cuando junto con el grupo liberteño Afro-Música, crearon el tema (y género musical) “Bullenrap” usando como base esta tonada de la maestra Isabel Martínez. “Bullenrap” fue un gran éxito a nivel local, narrando historias de resiliencia cultural que buscan inspirar una cultura de paz.

En otro momento de la presentación, salimos de la tarima para jugar juegos de velorio con los asistentes. La algarabía era total y las risas se tomaron el recinto. ¡Es la función de los juegos! Mantener la energía social alta incluso en situaciones de calamidad. Luego volvimos a la tarima y terminamos la presentación con más canciones de la maestra Chabelo y algunas tonadas tradicionales. Tocamos y bailamos por casi dos horas. Salimos muy contentos y los asistentes estuvieron felices, bailando y cantando los coros en todo momento.

La actividad final de Chabe en Bogotá fue la grabación de su disco, dos días después. Nos juntamos en la casa de la Corporación Sonidos Enraizados, donde Urián Sarmiento fungió no solo como músico, sino también como ingeniero de grabación. La maestra nos dejó un registro con diez canciones de su autoría, además de varias canciones de los juegos de velorio. Recuerdo cómo hace años hablábamos con Chabe en Libertad sobre la posibilidad de grabar su música, y que esta sirviera no solo como una herramienta para empoderar a ella, sino también como una herramienta de memoria histórica para Libertad: no solo desde las problemáticas causadas por la violencia, sino también desde la recuperación de las tradiciones locales y del sentido del gozo y la alegría en una comunidad otrora desarticulada y socialmente descompuesta.

Grabamos en vivo, en bloque, como se grababa en la edad de oro de la industria discográfica, sin trampas, ni artificios. Usamos únicamente los instrumentos tradicionales: tambor alegre, tambor llamador, tambora y maracas. Para los merengues también usamos una caja vallenata. Este registro pone en un lugar de dignidad a las músicas liberteñas: tradiciones afrocaribeñas de un pasado rural, más autónomo, alejado de tanta tecnología y redes sociales. En últimas, son herramientas que han ayudado a perpetuar la existencia de las comunidades cimarronas, habitantes de la zona desde hace al menos 400 años.

En este carrusel de Instagram podemos apreciar algunos momentos de esta grabación. 

Las alegrías… ¿y el retorno?

Chabelo regresó a su casa en Libertad el 28 de octubre de 2025. En cierta medida, su visita nos muestra que la cultura propia puede ser una herramienta de superación para personas que han sido víctimas del conflicto armado. Al fin y al cabo, fueron sus saberes profundos, anclados en una cosmovisión ancestral, además de su resiliencia y su carisma, lo que tuvo un impacto en el pueblo, inspirando a los jóvenes liberteños y también a nosotros a realizar un documental sobre su vida. Gracias a María Adelaida López y la Corporación Dunna, productores del documental, Chabelo pudo venir a Bogotá y realizar compartir con nosotros estas actividades. Fue un momento importante de dignificación para una líder inquebrantable, ella misma víctima directa de la violencia.

La visita representó para ella cambios radicales de cotidianidad: del monte liberteño, un campo hermoso y próspero, pero también atravesado por la pobreza económica y décadas de estragos causados por la guerra, a una comodidad transitoria en la capital, homenajeada y estrella en múltiples eventos culturales. Si, el capital simbólico, el prestigio, el dinero ganado, la divulgación de su arte, las amistades y vínculos colaborativos, son todos elementos reales que facilitan la reivindicación de los derechos de las víctimas. En el mediano plazo, pueden facilitar otras acciones que continúen honrando a esta sabedora y su familia. Sin embargo, la diezmada economía actual de Libertad y la reaparición de acciones violentas por parte de las bandas criminales son situaciones urgentes que siembran desesperanza y angustia. Los cantos de Chabelo no los pueden acallar los fusiles, pero pueden animar a una comunidad en resistencia, que ha sido resiliente y ya ha superado obstáculos similares en el pasado.

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Juan Sebastián Rojas E

Profesor de Cátedra, Departamento de Música Uniandes


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Profesor de Cátedra, Departamento de Música Uniandes


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