Día Paiz

Dos ingenieras se atrevieron a romper los esquemas y a hacer algo diferente. Nubia Velasco y Juana García, profesoras de la Universidad de Los Andes, se tomaron la vocería y se convirtieron en las cabezas visibles del Día Paíz.

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El Ingenioso

21.03.2017

La historia del Día Paíz es larga. Yo hacía parte de un grupo de profesores interesados en trabajar temas alrededor del conflicto. Desde 2013, empezamos a organizar eventos y conversatorios que tuvieron un resultado interdisciplinario: el lanzamiento de la Maestría en construcción de paz. Para 2016 teníamos definida una agenda de trabajo que coincidía con toda la coyuntura del segundo semestre. Nos enfocamos especialmente en hacer pedagogía con estudiantes y profesores y campañas informativas en alianza con el Alto Comisionado para la Paz. Pero después del plebiscito quedamos en el limbo. La pregunta era la misma para todos: ¿qué hacemos ahora?

De allí nacieron campañas como “Profesores por un Acuerdo” y “Ni un día más sin Acuerdo”. Sin embargo, en la Facultad de Administración, algunos de nosotros sentíamos que estábamos divididos: los del Sí y los del No. En una reunión decidimos hacer algo contundente: detener un día a la Universidad, o por lo menos la Facultad de Administración. Construimos una propuesta enfocada en los miedos que suscitaban los acuerdos y lo compartimos con colegas. La respuesta inmediata fue: ¡Me sumo!

Bueno, paramos. ¿Qué hacemos ahora? Fue la siguiente pregunta. Primero, parar la Universidad no era tarea fácil, queríamos hacerlo todo bajo el conducto regular y no de forma impositiva para que el mensaje fuera claro. No podíamos saltarnos ningún procedimiento. Presentamos la idea al Vicerrector y la respuesta de las directivas fue de apoyo total. Esto fue el 18 de octubre, dos semanas antes de lo que sería el Día Paíz.

Siempre quisimos desligarnos del resultado del plebiscito, aunque haya sido decisivo para adelantar esta actividad. No queríamos que se viera como algo político sino como una preocupación de los ciudadanos y colombianos por su país. En ese sentido, era vital vincular a todos los miembros de la comunidad: estudiantes, administrativos y egresados. No se trataba de facultades trabajando con otras facultades, se trataba de un trabajo entre muchos.

Nuestra convocatoria duró tres días y a partir de eso, planeamos una agenda con más de más de 100 actividades, cada una con requerimientos de espacio y material diferentes. La logística del evento superaba la infraestructura administrativa de la Universidad. Bien lo diría más tarde Juan Camilo Cárdenas, Decano de Economía, fue un reto gerencial al que nunca nos habíamos enfrentado. Aprendimos mucho y aunque es cierto que nos quedaron faltando cosas, para el corto tiempo que tuvimos el balance fue positivo.

Llegó, entonces, el 9 de noviembre. Hubo miedo. Podía no llegar nadie y la jornada ser un fracaso. Cualquier preocupación desapareció cuando vimos, a las 8 de la mañana, que ya había actividades totalmente llenas. Y es que había de todo, no solo espacios referentes a los acuerdos, sino a la construcción de paz en el día a día. Claro, no nos faltaron opositores. Estábamos a una semana de terminar clases y comenzar exámenes, no era el mejor momento para parar la Universidad. Nuestra respuesta fue sencilla: “ningún estudiante se va a acordar de lo que pase ese día en clase, pero siempre se va a acordar del Día Paíz”.

Es preciso aclarar que antes de ingenieras somos profesoras y que, afortunada o desafortunadamente, no hay una carrera para formarse como profesor universitario. Hay que aprenderlo en la academia. En esa medida, creemos que tenemos una responsabilidad muy grande que va más allá del salón de clase. Es vital que los estudiantes sepan, sin importar la carrera, que son parte de una sociedad y que su trabajo ayuda a construirla.

Por otra parte, nos guste o no, somos un ejemplo para ellos, por eso era clave que la Universidad dejara un mensaje sobre lo que estaba pasando. No se trataba sólo de mostrar la fórmula y demostrar la ecuación, sino de formar personas. Ese momento fue algo histórico, esa coyuntura no se veía desde hacía décadas en el país y toda la comunidad universitaria debía saberlo. Creemos que la jornada consiguió llevar ese mensaje.

Al hacer un balance, aparecen muchas conclusiones interesantes. En un número importante de actividades hubo participación de más de una unidad, es decir, no eran facultades dispersas haciendo actividades, sino un equipo que trabajaba para sacar algo adelante. Los rangos, las posiciones de profesor, decano o coordinador se borraron para lograr el éxito del Día Paíz. El 36% de las actividades fueron propuestas por estudiantes, este resultado nos deja a nosotros como profesores un mensaje claro: siempre creemos que los estudiantes son apáticos frente a este tipo de cosas y resulta que no, son ellos los que mandan el mensaje, los que nos invitan a vincularnos más a las iniciativas y actividades por fuera de la vida académica.

Después de lo que se vivió el 9 de noviembre, percibimos un sentimiento generalizado de orgullo por pertenecer a esta institución. “Esta Universidad es la mejor del país, no sólo por estar en los rankings internacionales, sino por tomarse el tiempo de parar y hacer estas actividades”, nos dijo una estudiante. “Gracias por atreverse a romper el esquema y brindar un espacio diferente”, dijeron los estudiantes de la profesora Diana Trujillo al final de un video que hicieron. Estas cosas deberían cuestionarnos a todos. ¿Qué estamos haciendo?, ¿cómo lo estamos haciendo? Podemos seguir enseñando, trabajando o viniendo a estudiar, como siempre, pero la forma en que lo hagamos es lo que realmente va a hacer la diferencia.

Estamos agradecidas con cada persona que contribuyó para que esto fuera posible. Hoy, sabemos que la gran incógnita es cuándo será el próximo Día Paíz. Porque lo que sí tenemos claro es que nuestra responsabilidad con el proceso que está viviendo Colombia es muy grande y todavía no ha terminado.

 #DíaPaíz

 

¿Cuál fue su aporte al #DíaPaíz?

Quisimos participar desde la ingeniería, que es una de las disciplinas en la que los estudiantes están menos involucrados. Nuestra actividad, ¿Y los ingenieros conscristina dptruyen Paíz?, consistía en un mural donde expusimos los proyectos que diferentes profesores han desarrollado pensando en una mejor Colombia. En él, los estudiantes podían enterarse de qué iniciativas existen y pintar la huella de su mano como muestra de apoyo.

¿Qué los motivó a organizar esta actividad?

Que se tratara de algo nunca antes visto en la Universidad, de algo que podía realmente llamar la atención de esa parte de la comunidad académica que se siente ajena a los problemas de nuestro país. Que la Universidad de los Andes abriera un espacio para reflexionar sobre algo tan apasionante como construir paz.

¿Cómo vivió el #DíaPaíz?

Desde mi perspectiva de periodista, fue muy interesante ver cómo en la academia monica dptambién hay espacios para hacerse preguntas sobre la realidad nacional. Me conmovió ver que los profesores, los estudiantes y los administrativos, no sólo de la Facultad de Ingeniería sino de toda la Universidad, sienten estas preocupaciones como propias y las convierten en parte de sus motivaciones diarias. También fue un orgullo ver a los Uniandinos de frente al país -desmontando ese imaginario de que están de espaldas a él-, participando y organizando diferentes eventos.

Siento que, aunque para algunos fue chocante aplazar un parcial o una clase, esta jornada sirvió para que el Consejo Académico enviará un gran mensaje: aquí estamos educando CIUDADANOS. A un buen profesional no lo hacen sus calificaciones o la universidad de la que se graduó, lo hace su capacidad de comprometerse con el país e ir más allá del deber. Y eso fue el Día paíz, un día para recordar que somos ciudadanos y que Colombia nos necesita más que nunca.

¿Cuál es la importancia de realizar jornadas como Día Paíz en la comunidad uniandina?

Hoy en día llevamoscamilo dp vidas aceleradas en las que la productividad y la eficiencia parecen ser valores para la vida. Estudiar, terminar pronto la carrera, hacer un posgrado, conseguir un trabajo, en fin. En medio de estos afanes se nos empieza a borrar el propósito y el sentido de lo que hacemos. ¿Para qué estudiamos? ¿Para qué queremos graduarnos? ¿Nuestras habilidades profesionales estarán al servicio de qué tipo de problemas? ¿Nos hemos preguntado por el significado de vivir en una sociedad? ¿Somos ciudadanos o ermitaños? Ese tipo de jornadas son necesarias para hacernos estas preguntas. Nada más triste, y a veces nada más peligroso, que convertirnos en profesionales muy buenos que hacen muchas cosas, pero no saben para qué. O peor aún, en profesionales que sólo piensan en sí mismos o en “su” futuro. Sin habernos hecho las preguntas ya tenemos las respuestas, pero no porque las hayamos respondido sino porque nos dejamos imponer las inercias y mitos que nuestros círculos sociales nos muestran como legítimos y suficientes. Un Día Paíz es necesario para reflexionar y pensar sobre las cosas que nunca pensamos.

¿Qué opina del resultado de esta jornada?

Como estudiantes de Ingeniería pocas veces nos enfrentamos a coyunturas políticas comsebastian dpo las que vivimos durante los diálogos de paz en La Habana. Pero involucrarnos en estas discusiones es nuestro deber como ciudadanos y ser parte de estos procesos sociales, es nuestro deber como jóvenes. En el rigor de estos dos deberes, y consciente de mi fuerte oposición al primer Acuerdo final, considero que el Día Paíz fue una iniciativa multicultural y multidisciplinaria que reunió a toda la comunidad uniandina sin importar si se marca un SÍ o un NO en el plebiscito. Un escenario ideal para compartir diferentes perspectivas y un espacio de reflexión para integrarnos como colombianos.

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