Ciclo y Cuarentena

Conocer mi ciclo me permite conocer mi salud, mi estado de fertilidad y me permite ser independiente de los productos desechables y de los métodos hormonales. En estos tiempos, es más importante que nunca.

No es NoЯmal

03.05.2020

Esta entrada al blog de No es Normal hace parte de nuestra convocatoria “Reflexiones de cuarentena”*

Por: Rena Föhr

 

Mientras escribo este texto estoy pasando mi segunda menstruación en cuarentena. La primera coincidió con el primer día de aislamiento obligatorio, la segunda vino tras un ciclo un poco corto para mi estándar.

En esta experiencia, aparentemente, no soy la excepción. En los tiempos del Covid-19, muchas personas experimentan ciclos irregulares, a veces sorprendidas por una menstruación adelantada, en otros casos esperándola más días de lo pensado. Algunas la sintieron más agradable, para otras fue más pesada.

Al final, es bastante lógico. El ciclo menstrual es sensible al estrés y a los cambios de rutina. Es cierto cuando dicen que los periodos no paran por la pandemia, pero sí pueden alterarse. Y, si bien es un momento difícil, también es un tiempo para repensar nuestro estilo de vida. Siendo periodista con enfoque de género y futura instructora de educación de fertilidad, mi sugerencia es empezar por repensarnos el ciclo menstrual.

 

La hora de los productos reutilizables

En algunos países y regiones, la gente empezó a comprar productos de higiene en grandes cantidades, entre ellos toallas higiénicas y tampones. El efecto se demostró pronto: otras personas comenzaron a tener problemas en conseguir dichos productos menstruales. Pero ese no es el único problema: desde Puerto Rico, el colectivo Lluvia Roja denunció que los productos menstruales no hubieran sido incluidos en la lista de productos de primera necesidad, como lo fueron, por ejemplo, los pañales. El consejo que recibieron algunas personas en los supermercados fue ponerse servilletas.

Aparte del egoísmo y de la ignorancia política que llevan a estas situaciones, también se demuestra algo más: la importancia de los productos reutilizables. Con una vida útil de hasta 10 años, la copa menstrual es una alternativa que se ha vuelto popular últimamente, pero no es la única, también existen los pantis menstruales, las toallas de tela y hasta las esponjas marinas. Estos productos no solamente le garantizan a quienes los usan independencia de la distribución de productos desechables, sino también son amigables para el cuerpo y para el medio ambiente. Sin embargo, el acceso a estas alternativas se limita principalmente a personas urbanas con suficientes recursos, por lo cual poder usarlos sigue siendo un privilegio de clase, como enfatiza La Lluvia Roja.

 

La alfabetización corporal

Aparte de preocuparnos por la menstruación, hay otra preocupación que nos invade justo cuando esta no aparece. Todxs sabemos qué podría ser la causa de su ausencia: un embarazo no intencionado. Estas semanas, me han llegado varios mensajes privados en mi proyecto de Instagram, diciendo cosas como: “usamos preservativos todo el tiempo, pero ahora no me viene la menstruación, ¿estaré embarazada?”

Obviamente no hay cómo averiguarlo por un chat. Sin embargo, a través de mis estudios sobre el ciclo, aprendí que esta preocupación se podría evitar en muchos casos si supiéramos leer nuestros signos de fertilidad. Estos son: la temperatura basal, la consistencia y presencia del moco cervical y el estado del cuello uterino. Correctamente documentados, nos permiten confirmar (ojo, confirmar, ¡no predecir!) la ovulación e, incluso, un embarazo, si llegase a ocurrir. Para poder hacer esto de manera correcta y científica hay que aprender un sistema de reglas llamado método sintotérmico.

No me cabe el espacio para explicarlo, pero hay un mito que quisiera deconstruir desde ya: en un ciclo largo, lo que realmente se atrasa no es la menstruación, sino la ovulación. Particularmente en momentos de estrés, el cuerpo tiende a tardar más en ovular. Sin embargo, una vez que esto ocurre, la menstruación va a llegar sí o sí (si no hubo fecundación), en promedio 10 a 16 días después de la ovulación. Entonces, cuando sepa que mi ovulación ocurrió, por ejemplo, alrededor del día 21 y no alrededor del día 14, sabré que mi menstruación probablemente no vaya a llegar el día 28, sino alrededor del día 35 (ése es sólo un ejemplo – cada persona es diferente y por eso es importante observar y evaluar los síntomas utilizando el método y sus reglas).

¡Cuánto estrés me hubiera ahorrado si me hubieran enseñado esto en las clases de educación sexual! Menos mal lo aprendí por mi cuenta en la adultez. Esta cuarentena sería diferente para mí si no tuviera estos conocimientos que, consecuentemente, me permiten menstruar sin inconveniencias, y adaptar mi vida sexual según mis ventanas fértil e infértil.

Conocer mi ciclo me permite conocer mi salud, mi estado de fertilidad y me permite ser independiente de los productos desechables y de los métodos hormonales. En estos tiempos, es más importante que nunca.

Claramente hay que distinguir entre el empoderamiento personal y el cambio estructural. Quiero destacar que ésta es una reflexión sobre mi experiencia y espero que les pueda servir a otras; sin embargo, no es la solución para todxs y no debe servir como excusa a fallas políticas. El acceso a todos los productos menstruales y anticonceptivos es un derecho que debería ser garantizado para todxs, también – y, sobre todo – en tiempos de crisis. Aunque, lastimosamente, la realidad está muy lejos de ello.

 

*Nota de No es NoRmal: 

Abrimos este espacio para escucharnos. Hace unas semanas, lanzamos una convocatoria de libre participación, temática y formato en redes sociales que tiene como propósito crear un espacio seguro y diverso en el que podamos compartir las reflexiones y los sentimientos que ha suscitado la pandemia y el confinamiento en el que nos encontramos. 

Como colectiva feminista, reconocemos que son tiempos difíciles que han hecho visibles tipos de desigualdad, violencia y opresión que estaban presentes desde antes. Consideramos, por tanto, indispensable preguntarnos por nuestra labor comunitaria y por las formas de cuidado y acompañamiento que vienen con esta. Leer y ver los pensamientos y procesos de creación de otrxs nos puede recordar que no estamos solxs. Así, este espacio se plantea como una posibilidad tejer redes mediante la escucha y el cuidado colectivo. 

 

 

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