Una ciudad para el mejor postor: Bad Bunny, Medellín y la gentrificación bursátil

El concierto de Bad Bunny en Medellín muestra la urgencia de una regulación para las plataformas de alojamiento en el país y de políticas públicas que piensen la gentrificación.


Portada: Isabella Londoño | Colaboración en reportería: Juliana Terán

Era una paradoja: frente a decenas de miles de fans Bad Bunny cantó las canciones de su más reciente álbum, que critica la gentrificación. Lo insólito es que hacía pocos días, muchos de esos fans habían padecido una de las consecuencias de la oferta y la demanda en Medellín, una ciudad que lleva años sufriendo los efectos de la gentrificación.



Como parte de su gira Debí Tirar Más Fotos World Tour, el artista boricua tuvo tres fechas en el Atanasio Girardot para presentar su último álbum. Este cuenta con canciones como Lo que pasó en Hawaii, donde retrata las aflicciones de quienes han visto a Puerto Rico convertirse en un paraíso del turismo que expulsa a sus habitantes locales.

Aquí nadie quiso irse,  quien se fue sueña con volver. 
Si algún día me tocara volver, qué mucho me va a doler.

Lo curioso es que esas canciones le caen como anillo al dedo a la ciudad que lo vio presentarse el 23, 24 y 25 de enero. 

Decenas de asistentes al concierto fueron afectados por cancelaciones intempestivas e incumplimientos de reservas de estadías en Airbnb, Booking y Agoda ese fin de semana. Los precios en las plataformas aumentaron a varios millones de pesos. 

Pantallazo de Airbnb tomado el viernes 23 de enero a medio día.


“Reservé en mayo del año pasado. El hotel canceló la reserva unilateralmente y decían que era porque había una sobreventa en la habitación. Era mentira porque en la plataforma de Booking todavía aparecía disponible, pero con un precio de un millón de pesos, aunque yo la había reservado a $200.000 pesos”, explica María José Bayona, quien viajaba desde Bogotá. 

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Su caso se asemeja al de muchos que vieron sus reservas canceladas de golpe, para luego ver el mismo alojamiento, con valores muy superiores. “Hace unos días, ya cerca del concierto, entré a Booking y la habitación seguía disponible, solo que ahora la noche costaba 2’500.000 pesos”, dice Bayona.

Los problemas para los huéspedes no empezaron la misma semana del concierto. María José Bayona y María Fernanda Prieto, otra afectada, reservaron desde que anunciaron las boletas –en mayo de 2025–. A la primera le cancelaron recién salieron a la venta las boletas, y a la segunda, en septiembre. 

Las excusas fueron varias: tuberías dañadas, problemas con la electricidad del apartamento, que el edificio se había vendido. En varios casos los anfitriones acusaron a la plataforma de cometer el error. Eso le pasó a Alexandra Tamayo. Su anfitrión canceló su reserva argumentando que Booking había reservado varias veces la habitación. Cuando ella contactó la plataforma, le dijeron que eso no era cierto. 

El caso de Alexandra revela una dinámica peor. Después de que se le cancelara su reserva en el hotel, reservaron en Agoda. Cuando llegaron al nuevo hospedaje encontraron que el lugar estaba cerrado desde octubre del año pasado. “Nos estafaron, no teníamos donde quedarnos”. Los vecinos les contaron que más turistas habían llegado, incluso de otros países, preguntando por el mismo lugar. Este era el aviso a la entrada: 


‘Ojalá que los mío’ nunca se muden’: entre la gentrificación y la lógica bursátil


“El distrito de Medellín viene tratando de convertirse en un lugar de eventos. Por eso crearon lo que se llama el Bureau Medellín [una entidad cuyo propósito es ubicar a Medellín como un destino turístico en el mundo]” esto dice José Fernando Valencia Grajales, abogado, politólogo y magíster en estudios urbanos y regionales. Al venderse como un centro de negocios y atraer un turismo masivo, la ciudad se ha encarecido. 

Según datos del Sistema de Inteligencia Turística de la secretaría de Turismo y Entretenimiento de Medellín, la vivienda turística se multiplicó por ocho en sólo cuatro años, desde el 2021. “Las personas que son de Medellín han tenido la incapacidad de conseguir un arriendo. Terminan por fuera del mercado y por fuera del sistema, se van para lugares más lejanos, donde les queda más difícil la vida” dice Valencia.

El auge del turismo en Medellín ha incentivado la gentrificación, “el proceso en el que la llegada de personas con mayor capacidad de pago expulsa a personas de menores recursos” dice Maria Mercedes Maldonado, experta en planificación urbana, y ex secretaria de Hábitat de Bogotá. Este es un proceso lento e implica transformaciones físicas del espacio que acompañan el cambio de precios. 

Poco a poco, Medellín se está transformando en un centro comercial para turistas. Pero no sólo eso. Los extranjeros “han comenzado a invertir en propiedades y negocios”. Valencia Grajales define esto como una forma de colonialidad en el espacio urbano, una dinámica en la que “el poder, en alianza con el capital, modela el territorio y perpetúa la exclusión”. 

“Hoy vemos que la mayoría de ciudades se construyen conforme a la percepción del mercado”, dice Valencia. 

El caso de las cancelaciones en Medellín, sin embargo, “va más allá de la gentrificación, obedece más a las reglas del mercado que a las reglas del proceso de construcción o de ordenamiento social. En la gentrificación había una intención de ‘yo quiero que mi vivienda sea más bella y el lugar sea más hermoso’, aquí lo que se busca principalmente es provocar un aumento en los precios. Es una lógica bursátil en el sentido de que el mejor postor es quien mejor se acomoda” dice Valencia.

Es decir, si la gentrificación es la subida, más o menos paulatina, del precio en los bienes raíces; lo que pasó durante el concierto de Bad Bunny tiene que ver con esa lógica bursátil en la que hay unos cambios fortuitos e intempestivos de los precios que sólo una pequeña minoría puede tolerar

Esto se traduce en incertidumbre. Bajo estas arbitrarias normas de juego, un ciudadano no puede confiar en una reserva. 

Según Valencia, a los anfitriones, en momentos de alta demanda, les queda mejor cancelar las reservas a pesar de las multas y buscar un mejor postor. Esto pasa, entre otras cosas, porque las penalidades que las plataformas le imparten a los anfitriones por cancelar de manera arbitraria son nulas o muy bajas. Los afectados con los que hablamos nos contaron que muchos anfitriones les ofrecieron desde 20 mil pesos hasta 20 dólares para que ellos mismos (los huéspedes) cancelaran su reserva. Esa es una forma de evitar las penalidades.

Para María Mercedes Maldonado esto revive la necesidad de hablar de regulaciones, “como ya se regulan las cláusulas de los tiquetes aéreos, el precio de la gasolina, la ubicación de las bombas de gasolina”. Esto afecta a los consumidores y al mercado: “como consumidora yo no voy a correr el riesgo de comprar tiquetes y armar paseo si la aerolínea me puede cancelar con 8 días de anticipación”. 

El juego de cancelar las reservas es un tiro en el pie para la industria del turismo porque termina desincentivando a los turistas. “Fue mi primer viaje a Medellín y la experiencia fue bastante traumática, triste, decepcionante”, afirma Alexandra, una de las afectadas. 


‘Quieren el barrio mío’: una plataforma en guerra contra la regulación

 
Hay una necesidad de regular este mercado. Para José Fernando Valencia “podría pasar lo mismo que con las boletas de fútbol. Se crean una especie de mafias que compran y revenden”.

Ya existe en el Congreso un proyecto de ley, el PL 190 de 2025, que busca regular a los alojamientos de estadía corta (como Airbnb, Booking, Agoda, etc). 

El proyecto exige que los prestadores entreguen información veraz y oportuna a los consumidores, por lo cual este tipo de cancelaciones, con justificaciones dudosas e inoportunas, deberían ser sancionadas.

“Han dilatado la discusión en el Congreso, contrataron 36 abogados que han saboteado el Proyecto de Ley. Incluso han dicho que esto es una guerra, así lo dicen, que nosotros somos los enemigos número uno”, dice Camilo Quintero Giraldo, candidato a la Cámara por Antioquia, y que ha participado en la construcción del Proyecto de ley. Se refiere a Airbnb y la Asociación Colombiana de Prestadores de Servicios Turísticos por Medio de Plataformas Digitales (Asohost)*.

La falta de regulación deja a las personas en ascuas. “Mi plan es salir del concierto, en la madrugada, e ir al aeropuerto a esperar el vuelo de vuelta. Porque no hay otra opción», nos decía María Fernanda, una de las afectadas, poco antes del concierto. 


***
De aquí nadie me saca, de aquí yo no me muevo 
Dile que esta es mi casa, donde nació mi abuelo

Esta fue una de las tantas canciones –Mudanza– que retumbó en el Atanasio Girardot durante las tres fechas de Bad Bunny. Después de los conciertos contactamos a los afectados. ¿Cómo habían solucionado su estadía después de las cancelaciones? Familiares, conocidos, incluso un hotel apenas en construcción, los recibieron. Por poco o ningún costo. 

*Al momento de la publicación de este reportaje no habíamos recibido respuesta de Asohost.

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