Hamnet y Sentimental Value: Cuando el arte llega a donde la vida no pudo
Una reseña doble para dos historias muy distintas, que ocurren en momentos y con tonos diferentes, pero que comparten una misma convicción: El arte sana y salva.
por
Álvaro Serje
crítico de cine y TV
12.02.2026
Portada: Isabella Londoño
Avanza la temporada de premios en Hollywood, se acercan los premios Oscar, máximo galardón de la industria y, como suele pasar, no hay muchas sorpresas reales.
Aunque algunas categorías se ven bastante competidas, en otros casos hay ganadores más o menos definidos o, incluso, inevitables. Nombres como Paul Thomas Anderson en la categoría de dirección y Jessie Buckley como mejor actriz se han ido perfilando como amplios favoritos. Mientras que Sinners, a pesar de sus históricas 16 nominaciones, podría ser una de las grandes decepciones pues todo parece indicar que podría llevarse apenas una o dos estatuillas. En medio del ruido de las campañas, las apuestas y los escándalos que nunca faltan, se destacan dos películas que han ido encontrando sus audiencias y cosechando premios y buenas críticas por igual. Cintas que han brillado, no por su ambición ni por sus estrategias de marketing o sus rutilantes estrellas, sino porque comparten algo mucho más sencillo, pero difícil de alcanzar y es recordarnos por qué el arte importa. Hamnet, de Chloé Zhao, y Sentimental Value, de Joachim Trier abordan, desde lugares distintos, una misma certeza: el arte puede ser una forma de salvación y aquello que no pudo resolverse en la vida puede, tal vez, encontrar una forma en el arte.
Una batalla tras otra: ¡Viva la revolución!
La película de Paul Thomas Anderson revive el espíritu incendiario de los setenta y se pregunta qué significa hoy luchar contra el poder.
Las dos películas giran en torno a creadores atormentados y sus familias. En ambos relatos, los padres han estado lejos, dedicados a forjar sus carreras, mientras que las familias han tenido que crecer por su cuenta. Un vacío que ha dejado traumas, dudas y heridas que no desaparecen con el tiempo. En Sentimental Value, Trier retrata a un director de cine interpretado por Stellan Skarsgård, un padre emocionalmente distante que intenta, un poco tarde, reconectar con sus hijas a través de una película que ha escrito, específicamente, para que una de ellas sea la protagonista. En Hamnet, por su parte, Chloé Zhao se remonta al siglo XVI para contar la historia de Agnes, esposa de William Shakespeare, y hablar del impacto devastador que la muerte de su hijo tuvo para ella, para el autor y su obra. De hecho, como se muestra en el relato, se cree que esta muerte fue una inspiración directa para Hamlet, una de las piezas teatrales más reconocidas, no sólo del autor inglés, sino del teatro en general.
Sin embargo, Hamnet, basada en la novela homónima de Maggie O’Farrell, se centra muy poco en la vida artística de Shakespeare y más en Agnes, brillantemente interpretada por Jessie Buckley. Ella es la protagonista del relato, mientras la acompañamos en su duelo silencioso, su maternidad atravesada por la pérdida y en la soledad de una mujer que debe procesar la tragedia, mientras su esposo decide hacerse a un lado. Zhao construye la película desde una sensibilidad contenida, pausada, donde el tiempo, la naturaleza y los silencios pesan tanto como las palabras. Buckley sostiene la película con una actuación conmovedora, a veces hay en ella un dolor profundamente desgarrador, pero también una serenidad extraña, honesta, bellamente humana. Emily Watson, como la madre de Shakespeare, y Paul Mescal, como el autor, completan un elenco que encaja con precisión en ese tono mesurado, melancólico y naturalista que caracteriza la obra de Zhao.
Hamnet, la más reciente película de Chloé Zhao.
Por otro lado, Sentimental Value se mueve en un contexto y con un tono mucho más contemporáneo. Es también la historia de una familia atravesada por el dolor y la rabia, por la ausencia del padre y por duelos no resueltos. En este caso, la cinta está protagonizada por las hermanas Nora y Agnes (otra Agnes), interpretadas por Renate Reinsve e Inga Ibsdotter respectivamente, ambas son hijas de un reconocido director de cine que siempre tuvo su carrera como una prioridad y que prefirió ser un gran artista en lugar de un padre, al menos, presente. Los dolores y traumas de la niñez y la adolescencia retornan cuando el patriarca reaparece con la idea de hacer una película con ellas, una historia de redención con la que trata de compensar un poco su ausencia y de expresar, a su manera, que empieza a comprender las consecuencias de sus errores.
Al igual que en Hamnet, la película descansa en buena medida en la solidez de su casting y la química entre sus actores, con un Stellan Skarsgard maduro, nostálgico, un guerrero al que ya le pesan los años y que ha perdido el camino de regreso a casa; Elle Fanning, como una prestigiosa actriz que queda, sin darse cuenta, en la mitad de este drama familiar; y, por supuesto, las hermanas, que encarnan el corazón de la historia y que le dan a la audiencia algunos de los momentos más conmovedores del relato. Sentimental Value es una cinta de una hermosa honestidad y sencillez, en la que Trier abraza con cariño los defectos y errores de sus personajes y nos lleva a preguntarnos lo que pasa cuando se dejan abiertas las heridas del pasado y nos acostumbramos al peso de los traumas no resueltos.
Sentimental Value, la película de Joachim Trier.
Aunque sus estilos son muy distintos, ambas películas convergen en espíritu, de hecho, sus secuencias finales tienen varios puntos de encuentro: un escenario, una interpretación reveladora y un silencio necesario. En ambos casos, no hay un final feliz al estilo hollywoodense, ni cierres absolutos, pero dejan al espectador con una sensación de calma, como si de repente las cargas fueran más ligeras y el arte nos ofreciera un poco de esperanza ante la crudeza de la vida. El arte aparece allí, no como solución mágica, sino como un espacio donde el dolor puede transformarse, compartirse y volverse un poco más llevadero.
Al final, poco importa lo que ocurra en la temporada de premios o quién termine levantando una estatuilla. Hamnet y Sentimental Value nos hablan, precisamente, de la creación más allá de los premios, las cifras o las ceremonias. Son películas que hablan del cine, y del arte en general, como un espacio de cuidado, de transformación, de sanación. Un lugar seguro para lidiar con aquello que en la vida no siempre podemos enfrentar, o mejor, un lenguaje seguro para explorar aquello que no podemos ni nombrar. En el fondo, ambas historias proponen algo muy simple y a la vez muy poderoso y es que a veces, sólo hay que dejar que el arte haga su trabajo, que ilumine el camino y nos muestre una manera de seguir adelante, después de eso: “Todo lo demás es silencio”.