Las deudas del FITB

El pasado 28 de agosto se hizo el lanzamiento de la edición XVI del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Después de dos años de incertidumbre en los que se reestructuró su junta y se sembraron dudas sobre su futuro, el festival sigue remendando los estragos de las interminables deudas y la crisis mediática.

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Las deudas del FITB

Es 27 de marzo de 2016. Iván Ospina, dueño del restaurante El Barrio en La Soledad, está ayudando a organizar los últimos despachos de comida para la edición XV del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB). Después de más de dos semanas de trabajo de catering, hoy puede descansar sabiendo que ha cerrado uno de los mejores negocios de su restaurante. El servicio consiste en proveer los alimentos para los grupos invitados y para el público durante los eventos y por esto el FITB ya le ha pagado 80 millones de pesos de los 220 acordados en el negocio. Paola León, representante del FITB y encargada de verificar los gastos y manejos de alimentación, revisa el último pedido y aprueba la deuda que se le debe pagar a Ospina por sus servicios. Pero 17 meses después, el 11 de septiembre de 2017, el FITB no le ha pagado a Ospina por sus servicios y las cuentas que endeudó para este contrato son embargadas por la DIAN.   

¿Cómo entender que el FITB no le ha pagado esta y otras deudas a sus proveedores y artistas? Para comprender esto es importante entender cómo ha funcionado el FITB, uno de los festivales de teatro más importantes de Latinoamérica.

Mesa de trabajo 1

 

 

 

 

 

 

 
Inauguración del FITB 2014. Foto: Ministerio da Cultura Brasil @ Flickr

El ataque de las deudas (2008-2016)

Después de la muerte de Fanny Mikey, el Festival tomó un rumbo de crecimiento inesperado. Su reconocimiento internacional crecía y su menú teatral se enriquecía. Sin embargo, este crecimiento excesivo terminó en deudas que el festival no ha podido pagar. Aquí, cuatro puntos claves para entender cómo se pasó de la muerte de Fanny en el 2008 al casi entierro del festival en el 2016.

1.

El 16 de agosto de 2008 muere Fanny Mikey, la junta directiva no se decide por un reemplazo hasta el 2009. En ese momento asume la dirección del FITB Anamarta de Pizarro. Ella acompañó a Fanny durante 15 años y fue su mano derecha en la curaduría de las obras de teatro y las negociaciones con patrocinadores.

2.

El propósito de la edición número XII del FITB en el 2010 era honrar el legado de Fanny. Era el primer festival sin su dirección. Se aumentó la programación en un 40 % y se dejó una deuda de 7.500 millones de pesos, que todavía no han podido pagar. Según Jaime Ruiz, experto en gestión cultural de la Universidad de los Andes, el FITB siempre había dejado un déficit. Sin embargo, esta vez, dos cosas fueron diferentes: primero, la deuda nunca había sido tan alta y, segundo, se incrementó por una dificultad en la tasa de cambio. Los contratos se hicieron cuando el dólar estaba más barato y el incremento hizo que generara un sobrecosto de 2.000 millones de pesos.

3.

Según Ruiz,  las siguientes ediciones (2012, 2014 y 2016) debieron ser para gestionar las deudas que se tenían, pero el objetivo también era seguir creciendo. La deuda del 2010 seguía sin pagarse. Se generaron costos acumulados de 107 mil millones de pesos. Dentro de estos costos, a pesar de que el FITB recibió un reconocimiento del Estado en el 2013 y fue nombrado patrimonio cultural de la nación, el aporte del Ministerio de Cultura solo fue de 13 mil millones (12 % del total). Según Ruiz, el problema radica en que los festivales de teatro internacionales de otros países reciben un apoyo mucho de sus respectivos gobiernos.

4.

Llegó la edición xv en el 2016. Fue el de más larga duración (17 días), tuvo un récord de asistencia del 80 % de boletería vendida y contó con un presupuesto de gastos de 30.000 millones de pesos. El aporte del Ministerio de Cultura fue de 2.300 millones. La deuda de 7.500 millones de pesos pasó a ser de 4.000. Según Ruiz, en esta edición explotó el modelo financiero que funcionaba a partir de Fanny Mikey. Después, se destaparon  problemas y empezó una guerra en los medios.

 

 

 

 

 

 

 
Carillon –Il volo del tempo- de la compañía italiana Kitonb. Foto: Flickr

El despertar del FITB

El lanzamiento de la edición XVI del FITB dejó dos preguntas: ¿en manos de quién está el festival? ¿Cómo y cuándo se pagarán las deudas? La respuesta a la primera pregunta es en varias manos. El Festival necesitaba una reestructuración económica porque –según Ruiz– el anterior modelo no era sostenible. Por ello, a finales del 2016, después de la  guerra mediática que ocurrió a mitad de año, la corporación del FITB se acercó a la Banca de inversión Konfigura Capital. El objetivo era claro: reestructurar y revitalizar el festival.

Lia Heenan, socia de la Konfigura Capital, explica que la prioridad es “empezar de cero el control financiero para poder recuperar la credibilidad del FITB”. Este nuevo comienzo pretende mantener su calidad, pero de manera sostenible. Lograr que el festival crezca, pero sin caer en errores de endeudamiento.

El primer obstáculo en este plan es el pago a los acreedores con los que tiene deudas el FITB, como es el caso de Iván Ospina, por ejemplo. Ospina fue el proveedor de alimentos del FITB en el 2016. Lo contactaron porque el servicio de alimentación que tenía el festival pidió un pago por adelantado y ellos no tenían ese dinero. Para Ospina eso no fue un problema, era uno de los mejores negocios para su restaurante. Aceptó, hizo la sabana de planeación, se aprobaron los cambios a los presupuestos y el costo de los alimentos ascendió a 220 millones de pesos. Todo fue verificado junto con los gastos y el manejo de la alimentación por Paola León, una de las representantes del festival. Aunque se le efectuaron dos pagos que sumaban ochenta millones de pesos, el resto del dinero nunca llegó. El Festival nunca negó la deuda, Ospina siempre recibió respuesta por parte del presidente de la junta William Cruz o algún otro miembro, pero las respuestas no traían soluciones concretas. Ya en el 2017, lo llamaron de la DIAN y le dijeron que iban a empezar un proceso de cobro coactivo, es decir, un grave problema financiero. Pidió ayuda al festival, alegó que él había sido flexible con los pagos y por lo tanto ellos tenía cierta obligación con él. No quiso tomar una acción legal porque, dice, esa era una pelea perdida. Hoy, cuando le preguntan por qué cree que él es uno de los proveedores a los que no se les ha pagado asegura que casos como el suyo “no causa un ruido mediático que perjudique la imagen del Festival”.

Contrario al caso de Ospina, la Asociación colombiana de actores (ACA) sí generó bastante ruido mediático para pedirle explicaciones a Anamarta de Pizarro antes del lanzamiento de la edición del 2018. A través de una carta pública que apareció en redes sociales, ACA le exigió a Anamarta que cumpliera con los acuerdos pactados en reuniones previas. Según la carta se había acordado que el FITB pagaría las deudas a las compañías de actores que participaron en la edición 2016 antes que se realizara el lanzamiento de la versión 2018 y hasta agosto de 2017 esto no había ocurrido. La presión mediática que le generó esta carta al FITB terminó en que el festival comenzó a pagar parte de sus deudas. Según Lia Heenan, “están en un proceso de negociación, en el que le piden a un buen número de acreedores que se acojan a al proceso de pagos que llegará con los ingresos de la próxima edición”.

Por ahora Ospina sigue con su cuenta personal y la del restaurante embargada.

 

 

 

 

 

 

 

 
Foto: Cesar León

El segundo obstáculo es recuperar la credibilidad del festival luego del caos mediático del 2016. Limpiar su imagen frente al Estado y frente a los clientes. Heenan cree que un año en el que se pasa de una de las ediciones más exitosas a la incertidumbre de que ocurra una siguiente edición, es un daño muy grave que tienen que arreglar. Por otro lado, también llegan a un modelo económico que depende demasiado de unos patrocinadores inciertos y que tiene poco apoyo del Estado. En otros países que tienen festivales de este tipo, dice, el Estado cubre hasta tres cuartos de lo que puede costar. Cree que aquí es distinto por dos razones. Primero, porque hay recortes nacionales en cuanto al apoyo de la cultura. Es decir, hay una falta de apoyo generalizada. Segundo, por el enfrentamiento mediático entre Anamarta de Pizarro y la ministra Mariana Garcés. Para ella, si no hay una relación transparente y en buenos términos entre el festival y el Estado, no puede haber una mejora en el apoyo.

¿En manos de quién queda todo? Las decisiones sobre el FITB ahora serán tomadas por una junta directiva conformada por un representante de Páramo Presenta (empresa productora de eventos como de Estéreo Picnic y Sónar Bogotá), un representante de Tu Boleta y un representante de Konfigura Capital (que será el vocero del FITB). Aunque hay unos subcomités que trabajarán temas de curaduría, mercadeo y financiación, las decisiones más importantes se tomarán dentro de esta junta. Según Heenan, la prioridad será siempre el futuro financiero sostenible del festival, pero no pretenderán afectar su calidad artística. A la fecha, se están vendiendo los abonos de la edición del 2018. Se espera que este dinero que entra, sea usado para poner  fin a la polémica con los acreedores que no reciben pagos desde el 2010.

El FITB está en un proceso de reestructuración, pero, según Heenan, “es posible que un solo Festival no sirva para arreglar todo”. Aunque los pagos se están efectuando, no se puede negar que entraron a remontar un partido de fútbol al minuto noventa.