“La minería es una ilusión para la recuperación económica”

Actualmente, el mundo está empezando a hacerle frente a la profunda crisis económica causada por la pandemia del COVID-19. En Colombia, la apuesta fuerte se está encaminando hacia la minería. Cerosetenta habló con Manuel Rodríguez, ex-ministro de medio ambiente, quien considera que existen mejores alternativas para la reactivación, con resultados más inmediatos.

María Fernanda Fitzgerald

08.09.2020

Con el fin de la cuarentena y el retorno a la progresiva reactivación económica, el mundo está empezando a hacerle frente a la profunda crisis económica causada por la pandemia del COVID-19. En Colombia, la apuesta fuerte de la reactivación económica se está encaminando hacia la minería. 

Cinco proyectos de megaminería se han planteado en todo el territorio nacional para la reactivación, dentro de los que se incluyen Santurbán, la Quebradona y Buriticá; sin embargo, en todo el país, estos megaproyectos han causado controversia. El impacto ambiental y las malas experiencias con proyectos anteriores, como se ha denunciado en casos como los de Cerrejón, Cerromatoso, AngloGold Ashanti y la Drummond, han sido algunos de los argumentos de la oposición. A esta perspectiva se suma Manuel Rodríguez, exministro de medio ambiente y actual director del Foro Nacional Ambiental quien, además, asegura que la reactivación económica a través de la megaminería es una ilusión. Hablamos con él para comprender cuáles son las implicaciones sociales y ambientales que acarrean estos proyectos y cuáles serían alternativas menos perjudiciales para la reactivación. 

Se habla de reactivar la economía después de la crisis causada por la pandemia. ¿Cuál cree usted que es el panorama que enfrenta Colombia? 

Manuel Rodríguez: Yo creo que aún el gobierno de Colombia no ha formulado una política ambiciosa de recuperación económica como lo han hecho otros gobiernos. Hay que reconocer que, quizás en la historia reciente del país, no ha habido  ningún gobierno que enfrente una crisis económica y social de estas proporciones, y eso es un fenómeno muy similar en toda América Latina. El descenso de la desigualdad que logró América Latina en la primera década del siglo, entre otras cosas por los dividendos de la bonanza minera y petrolera, se pueden perder con la crisis de la pandemia, o ya parece que se han perdido. Eso es muy grave. 

En eso está Colombia y claramente hay otros problemas que se suman, como el aumento tremendo de la violencia. Mi interpretación tiene que ver con que infortunadamente, durante el proceso de paz, se incrementaron de forma fenomenal los cultivos ilícitos a 200 mil hectáreas. Entonces hay una guerra enorme por los dividendos de la coca. También hay una guerra, que creo que se va a intensificar, con el tema del oro porque con la crisis de la pandemia, el precio del oro ha subido de forma extraordinaria.En ese sentido creo que la minería ilegal va a aumentar en Colombia y eso está muy conectado con el tema del narcotráfico. Entonces las violencias que nos esperan son muy complicadas y al lado de eso está la crisis económica. 

En los discursos de recuperación económica, el gobierno ha presentado los proyectos de megaminería, puntualmente cinco de ellos, como una posibilidad para la recuperación. Se refieren incluso a que podrían atraer hasta 4.500 billones de dólares de inversión al país y 11 mil trabajos, ¿usted qué opina sobre esta posibilidad? 

Lo de la minería yo creo que es una ilusión para la recuperación económica. Más bien lo que creo que hay ahí es un oportunismo de los sectores mineros. ¿Por qué? Porque si se aprobaran pronto unas licencias ambientales de proyectos mineros, la inversión extranjera directa necesaria para el proceso toma tiempo. En particular con la gran minería, el proceso puede tomar cinco, seis años mientras se monta una mina. No se trataría de una inversión inmediata. 

Y por otro lado, aproximadamente el 70% de la denominada inversión directa extranjera no mejora la balanza comercial, porque es un dinero destinado a la compra de maquinaria en el exterior. Si se está hablando de que con esos cinco megaproyectos se reactiva la economía, eso es falso. La inversión de capital en Colombia, en el momento en el que se hace el proyecto, es muy baja. Después, cuando el proyecto se pone a funcionar, produce unas regalías, pero mientras se construye el proyecto se hacen  enormes inversiones en maquinaria, que ninguna se produce en Colombia. Entonces dicen: “no, es que van a traer no sé cuántos millones de dólares”, no, esos millones de dólares van a venir  en maquinaria. De lo que el país se beneficia después es de los ingresos que producen esas minas cuando pongan toda esa maquinaria a funcionar, pero eso es a cuatro o siete años, no es ya. Además, cuando se pone a funcionar el proyecto, la intensidad de mano de obra es mínima.

Se crea entonces una ilusión de que estos proyectos aumentan los bienes de capital en Colombia, pero no es así. Es una ilusión decir que esto ayuda a la recuperación económica de los próximos cuatro o cinco años. Y de todas maneras hay que recordar que los proyectos mineros que el gobierno está proponiendo en este momento son materia de una gran controversia en la que hay falta de consenso, lo  que a su vez puede llevar a nuevos conflictos sociales. 

Uno no puede olvidar que el proyecto de Santurbán es materia de un enorme conflicto y de un enorme desacuerdo, lo mismo está ocurriendo con el proyecto de Quebradona. Por eso dudo de que sea una estrategia de recuperación económica. 

Si este es el panorama, ¿por qué tanta insistencia del gobierno en el extractivismo? 

Yo creo que el interés es que es el único ingreso importante que tiene el gobierno colombiano, sea este o el anterior, en términos fiscales. Por nocivo que sea, es el ingreso que más se ha trabajado en el país. Estamos atrapados en la minería, por eso es necesario diversificar la economía. 

¿Qué tipo de apuesta se podría hacer para no depender de la minería? 

Nosotros, desde el Foro Nacional Ambiental, le propusimos al gobierno durante una conversación que tomara el campo de los bosques como una posibilidad de recuperación económica. Eso no nos lo inventamos nosotros, lo probó el presidente Roosevelt en los años 30 en Estados Unidos en el New Deal, después la caída de la Bolsa de  Nueva York, que fue la más profunda crisis económica  del siglo XX. Y una de las políticas de Roosevelt fue la reforestación: en buena parte, la restauración de áreas muy degradadas que habían estado sumidas, suelos que estaban totalmente descubiertos, en procesos de erosión. Se empezó a reforestar, con 3.000 millones de árboles y a generar unos 250.000 empleos permanentes y 3 millones de trabajos temporales. 

Nosotros hemos propuesto esto en Colombia. Este es un país que tiene el 45% de cobertura forestal, hay que detener la deforestación, sin duda, pero hay una gran agenda para la restauración de bosques con otros objetivos muy claros; uno de ellos es impedir que se sigan  erosionando los suelos deforestados en la Región Andina, por ejemplo. Adicionalmente, estaría  la captura de carbono y otros bienes que proveen los bosques a las comunidades. 

Hay también un gran programa de reforestación comercial que se requiere en Colombia, otro de transformación ganadera vía la siembra de árboles y arbustos, y otro de gestión ambiental de los bosques. Esas son posibilidades claras y necesarias que generarían muy rápidamente ocupación y, naturalmente, riqueza. 

¿Qué recepción ha tenido esta propuesta por parte del gobierno? 

El gobierno ha dicho que sí, que lo haría, y esperamos que lo haga porque además existen los recursos económicos para hacerlo: está el impuesto del carbono, las compensaciones ambientales, los recursos de regalías para el sector ambiental. Si al menos una parte substantiva de eso se orientara en los próximos 10 años a ese propósito, ese sería un campo de recuperación económica. 

Hay otro campo de recuperación económica que tiene que ver con fomentar el agro en Colombia, fomentar la agricultura agro-industrial, pero también la agricultura campesina. Así Colombia podría transitar de una economía profundamente extractivista a una economía de valor agregado. La idea sería que fuera una industria de alimentos y no solamente de producción de materias primas, eso es algo que se requiere también en el país. 

Pero aún estamos muy lejos de generar una nueva agenda para alejarnos de una economía extractivista. Las finanzas del gobierno dependen fuertemente hoy en día del carbón, del oro, del petróleo, ese es un tipo de economía que en el mundo se sabe que no genera bienestar a la población. Los países más exitosos económicamente son aquellos que agregan valor y no aquellos que están explotando las materias primas y exportándolas directamente. 

Ahora, esto no implica de ninguna manera que no se haga minería ni explotación petrolera. Obviamente se requiere la minería y el petróleo, pero no todo yacimiento minero hay que explotarlo. Hay consideraciones económicas y sociales que muchas veces indican la inconveniencia de explotar ese tipo de yacimientos. Eso podría generar conflictos completamente innecesarios en Colombia y daños ambientales mayores. 

Repito: no estoy diciendo no a la minería, no al petróleo, no considero que esa sea una posición racional. Lo que sí estoy diciendo es que Colombia tiene que alejarse de ser extractivista. 

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