Are you a boy or a girl?

No es un solo momento de decisión. El transito de una persona transgénero es una suma de pequeños logros, de muchos cambios. Adrian encontró en la poesía y en la universidad un círculo de apoyo y un espacio para ser él mismo.

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Andréa Sánchez

14.12.2017

– ¿Eres un chico o una chica?

– ¡No sé! ¿Por qué esa necesidad de saber si tengo un pene o una vagina? Porque sé que a eso se reduce tu pregunta. Porque para ti el género se reduce a saber con quién tengo sexo.

Así comienza el poema Are you a boy or a Girl? de Adrian Muller, un estudiante de Literatura que en 2015 decidió que no quería ser más Adriana sino Adrian.  

Adrian ingresó al programa de Literatura de la Universidad de los Andes como Adriana en 2014, pero un año después, le pidió a sus amigos y profesores que empezaran a dirigirse a él con adjetivos y artículos masculinos.

“Por un tiempo me gusto jugar con eso: obligar a la gente a repensar un poco qué debía ser una mujer y qué un hombre”, dice Adrian.  También sentía que su contacto con los demás era una oportunidad para reflexionar sobre el lenguaje y enseñarles a desautomatizarlo. En ese momento Adrian, dice, se sentía cómodo despertando confusión en los demás sobre si era hombre o mujer.

Foto: Sergio Ribero.

La decisión

Existen opiniones diversas sobre la edad en la que una persona toma consciencia sobre su identidad sexual y de género, y aún más diversas sobre la toma de consciencia de la transexualidad. Varios expertos aseguran que en general “no hay una edad concreta”. Pero un estudio publicado en la página de la ONG Colombia Diversa afirma que trae más beneficios iniciar el proceso de cambio de género durante la infancia. Pero según el  boletín estadístico No. 25 de la Alcaldía Mayor de Bogotá, que dedicó ese número a la población LGBTI, concluyó que las personas en la ciudad toman esta decisión, sobre todo, entre los 26 y los 36 años de edad.

Adrian tenía 21 años.

Su proceso no fue sencillo, porque después de un tiempo empezó a sentirse mal con las apelaciones femeninas: “Quería que me reconocieran como hombre. Lo que necesitaba para estar tranquilo era la testosterona”. Hace siete meses, a comienzos de 2017 y después de un proceso médico y psicológico, empezó a inyectarse la dosis estándar de 250 mg cada dos semanas. Los cambios fueron inmediatos y evidentes.

De allí en adelante, su relación con los hombres y con las mujeres ha cambiado radicalmente. Empezó a explorar espacios masculinos que antes no conocía y eso enriqueció su lenguaje verbal y corporal como hombre. Perdió también algunos espacios femeninos: “Con las mujeres hay una cierta distancia que antes no había”.

Simbología binaria

Ahora que se siente cómodo con su cuerpo y sus transformaciones, Adrián no tiene una lucha consigo mismo, sino con la exterioridad que aún no asimila esa manera ‘diferente’ de tener y llevar un cuerpo. Específicamente en la universidad, donde pasa la mayor parte del tiempo, hay espacios donde son más evidentes las dificultades de género y él, a diferencia de cualquier otro estudiante de su comunidad, las percibe en carne propia.

El gimnasio es un buen ejemplo, pues una parte muy importante de su transformación ha sido adquirir una rutina constante y exigente de entrenamiento físico. Va cuatro veces por semana a ejercitarse guiado por un programa para personas trans que encontró en internet. La percepción del mundo de Adrián le ha permitido notar que esta zona de la universidad está cargada de simbología binaria (masculino/femenino). La simbología del Centro Deportivo incluye a poblaciones como discapacitados y adultos mayores, pero aún no existe un lenguaje visual que permita incluir a miembros de la comunidad LGBT.

Adrián se siente más seguro en el baño de hombres, pues no hay una preocupación verdadera por el cuerpo del otro. En cambio en el baño de mujeres hay una vigilancia permanente entre ellas mismas. A pesar de que siente que la universidad es un lugar seguro, todavía siente miedo de incomodar a alguien con su cuerpo, puesto que no se ha sometido a una cirugía de cambio de sexo y aún conserva sus órganos reproductivos biológicos. La gente siente miedo e incomodidad frente a otras formas del cuerpo y esa es una de las razones por las cuales Adrián no se siente libre de usar instalaciones que otros estudiantes usan sin temor como la piscina.

Adrián aún aparece registrado en el Sistema de Registro de la universidad como Adriana Mullen, lo que ha creado algunas situaciones donde las cuestiones de género aparecen en momentos de la vida cotidiana. La biblioteca o los puestos de alquiler son espacios particulares para esas situaciones, pues el que la identidad de su carné estudiantil no concuerde con su apariencia física es motivo de confusión momentánea para las personas que trabajan en los puntos de atención.

"Pude pasar por ese proceso abiertamente sin estar con el miedo constante de que me fueran a matar"

Aún así, cree que su estancia en la Universidad de los Andes ha contribuido de manera muy positiva a la definición de su identidad y a la toma de decisiones de género: “A pesar de que en esta universidad no son muy comunes ese tipo de temas, la gente en general es muy abierta”.

Pero Adrián es un caso feliz dentro de la población trans, la más discriminada de la comunidad LGBT con un 99,7 % de vulneración a derechos fundamentales y las mayores barreras de acceso a la escolaridad. “Mi grupo de amigos ha sido muy positivo por el de apoyo que he recibido de ellos y porque pude pasar por ese proceso abiertamente sin estar con el miedo constante de que me fueran a matar”. Y es que la vulneración de sus derechos está relacionada con el nivel de escolaridad y la edad, pues el mayor nivel de aceptación y tolerancia hacia las personas trans y en general hacia la diversidad sexual e identitaria está entre los jóvenes de 18 a 26 años con nivel de educación alto.

Dentro de la universidad Adrian ha encontrado espacios de expresión pública como los micrófonos abiertos que se celebran anualmente y el círculo de participación de poesía, en los cuales ha hecho denuncias sobre el machismo, el sexismo, la discriminación y el sistema binario en el que vivimos. Esto, en consecuencia, le ha abierto la posibilidad de llegar a muchas personas de la comunidad uniandina sean o no LGBT.

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*Andrea Sánchez es estudiante de Literatura. Esta nota fue realizada en el marco de la clase Sala de redacción e la Opción en periodismo del Ceper. 

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